Fajardo. La realidad supera la ficción con la historia del crimen de una madre y su hijo en medio de un incidente de violencia doméstica, que culminó con el asesinato del sospechoso, un accidente fatal en el que fallecieron dos adolescentes y otra ristra de acontecimientos que parecen el guion de una de las películas de Quentin Tarantino.

El sangriento escenario inició la madrugada del sábado en el residencial Pedro Rosario Nieves, en Fajardo, cuando Janet Quiñones, de 46 años, fue a pedir auxilio adonde su hijo Gabriel Molina Quiñones, de 18, tras haber recibido una paliza por parte de su compañero consensual Miguel Asencio Ayala, de 35 años.

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Tras una discusión entre las partes, Asencio Ayala acribilló a tiros a madre e hijo y se fue a la huida.

En la escena resultó herido de bala en la cabeza Alfredo Cruz Bernabé, de 33 años, quien se alega, fue al caserío a comprar drogas. Malherido, este ciudadano llegó a bordo de una bicicleta a un hospital cercano.

Primera Hora supo que nietos de la fémina fueron testigos del momento en que asesinaron a su abuelita. De hecho, una niña de 11 años ayer les relataba a unos vecinos la pesadilla que vivió y todo lo que hizo para proteger a sus hermanitos pequeños.

Once horas más tarde, Asencio Ayala pagó con su vida su doble crimen cuando unos verdugos lo localizaron en un restaurante de comida rápida. Allí lo golpearon y decidieron tomar la justicia en sus manos abatiéndolo a tiros en el rostro y abandonándolo en el mismo residencial. Estos sujetos son buscados por agentes de la Policía, quienes ayer se encontraban verificando cámaras de seguridad en el restaurante para tratar de identificarlos.

Este acto de venganza fue justificado ayer por vecinos del residencial, quienes opinaron que la muerte de Asencio Ayala fue “consecuencia” de sus actos de maltrato hacia su pareja.

“Yo sé que es difícil, pero él sabía que lo había hecho mal y que tenía que sufrir las consecuencias”, dijo José Otero.

Por su parte, Carmen Rivera, otra vecina, describió a Janet Quiñones como una mujer dedicada al cuido de sus nietos. “Era bien buena... y había sufrido mucho porque otro hijo se le había muerto de cáncer”, expresó.

Esta historia de terror se complica aún más con el hecho de que una hija de la mujer asesinada está involucrada en un accidente fatal en el que murieron dos jovencitos. Aparentemente, Dix Román Quiñones iba camino al caserío cuando rebasó un semáforo rojo e impactó un vehículo en el que viajaban los adolescentes Albert Parrilla y Edward Caraballo, de 16 y 17 años, respectivamente, quienes murieron en el acto.

A este choque, se suma el agravante de que uno de los oficiales que investigaba la escena resultó herido cuando otro conductor impactó su patrulla.