Río Grande. Dos familias ayer seguían tratando de lidiar con sus sentimientos de rabia, frustración y dolor ante la muerte de sus respectivos adolescentes en medio de un choque, que a su vez fue parte de la torcida secuela de eventos relacionados con el caso de violencia doméstica en Fajardo.

Albert J. Parrilla Rosario, de 16 años, quien aspiraba a convertirse en boxeador y solía levantarse a las 5:00 de la mañana para correr, y Edward J. Caraballo Alvira, de 17 años, árbitro de ligas menores de voleibol y estudiante de mecánica de botes, esperaban en un auto Mazda en la luz de la PR-3 a eso de las 3:00 de la madrugada del sábado. Cuando el semáforo les cambió a verde, una guagua Cherokee, que iba a exceso de velocidad y con las luces apagadas, los impactó con tal fuerza que ambos salieron expulsados.

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El cuerpo de Caraballo Alvira cayó en una zona oscura de la carretera tras el impacto y al menos cuatro vehículos le pasaron por encima. Ninguno se detuvo. Así lo denunció su padrastro, quien habló con la condición de que no se le identificara.

Su familia estaba dispuesta a donar los órganos del menor, pero les informaron que estaban demasiado afectados por el peso de los carros.

El hombre aseguró que dos varones acompañaban a una mujer en la Cherokee –quien resultó ser la hija de la víctima de violencia doméstica– y huyeron realizando un carjacking, aunque la Policía dijo no tener ninguna querella de ese tipo.

Asimismo, mientras las autoridades custodiaban la escena, otro automovilista impactó una de las patrullas causándole heridas leves a uno de los agentes.

“Ese es el Puerto Rico en el que estamos hoy en día. La gente no tiene conciencia. Yo digo que le deben dar 100 años (de cárcel) al que choca y se va a la fuga, por negligente”, dijo el padrastro.

“Edward era superbondadoso, de hablar con él le cogías cariño. Si te veía lavando el carro, iba y te ayudaba sin pedirte nada a cambio. Siempre tenía una sonrisa. Era excelente. Yo estoy muy dolido. Esto ni lo puedo creer”, agregó.

El hombre aseguró que está buscando información sobre los dos individuos, a quienes tildó de “canallas” y que ya descartó que fueran de Río Grande. No obstante, aseguró que su interés no es tomar la justicia en sus manos, si no que la Policía vaya tras ellos y los encierre, “porque derramando más sangre yo no los revivo”.

La hermana de Edward, Taismer Balestier, indicó que al joven le gustaba cantar y hasta le decían “Romeo” como el cantante de bachata.

“Yo necesito que a mi hermano se le haga justicia”, indicó sin poder aguantar las lágrimas.

Mientras una vecina de Albert, Lisa Reyes, lo describió como un chico calladito, bien bueno, que hacía ejercicios y que nunca lo escuchó hacer escándalos.

“Yo nunca lo oí ni decir malas palabras. Ellos, los dos, eran la alegría de por aquí”, afirmó.

Los restos de ambos chicos serán expuestos en la funeraria Frankie Memorial, en Río Grande.