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Por Jay Fonseca

Esto tiene salvación

En nombre de “Mongo” acabemos la guerra

08/26/2013

En mi barrio Jagual de San Lorenzo hay una historia, no sé si leyenda, de un hombre con una severa adicción. Le llaman “Mongo” y su problema de uso de drogas lo llevó de ser un excelente mecánico que podía con brutal habilidad desmontar una transmisión y arreglarla a convertirse en un ser disfuncional que tenía problemas con la justicia y que por su adicción no conseguía trabajo. Cuentan que alguna gente que sabía de su situación le daba 20 pesos a cambio de los cuales hacía magia en sus carros. Pero contra Mongo hemos declarado la guerra, lo metemos preso, desprestigiamos y convertimos en un paria, le tumbamos la autoestima y de ser un tipo productivo lo convertimos en un residente de la calle.

Llevamos décadas combatiendo las drogas con “la mano dura” y el “castigo seguro” y “la nueva FURA” que no existe y cada año invertimos casi $600 millones de nuestro presupuesto para repetir lo que ya hemos visto que no funciona y cosechamos los mismos frutos: violencia, familias devastadas por muerte o encarcelamiento y otras que se rompen porque alguno de sus miembros no soporta vivir en un país en guerra y se pinta pa’ Disney permanentemente.

Un importante estudio de un joven puertorriqueño con maestría de UPenn, Juan Nadal Ferreira, publicado en la prestigiosa Revista Jurídica de la UPR, demuestra que nuestro gobierno ha malgastado $5 billones en los pasados 10 años en la guerra contra las drogas. Del IVU y planillas de cada boricua salen $160 anuales para que el gobierno continúe realizando una labor que no redunda en beneficio alguno. Imagínense si en vez de quemar esos $5 billones los hubiéramos invertido en investigación, desarrollo e incubadoras de empresas en la UPR.

Cerca del 75% de todos los crímenes están relacionados a drogas y nuestras cárceles están llenas por ello (igualito que en el 1928 cuando se declaró la guerra contra el alcohol). Este ciclo limita el uso productivo que debemos dar a nuestros fondos que van a parar a la Policía, Corrección, Tribunales, JLBP, OSAJ, Forenses y otras. Al encarcelar a padres/madres el Estado tiene que mantener a las crías, que terminan dando bandazos y eventualmente imitan a sus progenitores y sigue el ciclo.

Esta guerra perdida, que afecta los recaudos al desaprovechar la oportunidad de ponerles impuestos a las drogas, cogió auge en EE.UU. en los 70 y 80. Aquí recordamos las imágenes de Rosselló llegando a los residenciales como si fuera el ejército de Siria, con soldados y policías. Veinte años más tarde hemos visto que el problema está peor.

Esta guerra rompe núcleos familiares y cuesta un fracatán al estar encarcelando gente cuyo problema es una adicción. Cuando salen tienen el récord dañado y no consiguen trabajo y no pueden mantener a sus familias., lo cual los lleva a volver a delinquir y/o aumenta el gasto en ayudas para personas sin empleo.

A esos números se suma otro dato terrible: 15,000 puertorriqueños/as han sido asesinados/as en los últimos 20 años, mientras seguimos respondiendo al problema de la misma manera y esperamos resultados distintos.

Mongo no es un mal tipo, su problema de adicción muchos lo tenemos solo que a drogas legales, carbohidratos, juegos de vídeo, shopping, pornografía y apuestas. Si tratáramos su adicción como tratamos las otras y lo medicamos con la sustancia que lo envicia, como hacen en Suiza, pudiera ser un exitoso empresario con su taller de mecánica. Pero preferimos condenarlo.

Aprovechemos que el Departamento de Justicia federal de Obama ha establecido directrices para evitar que, en algunas circunstancias, se utilicen recursos para perseguir casos en estados donde se permiten algunos usos para la marihuana. Incluso, el juez federal Juan Torruella concluyó en un estudio que la única alternativa realista es experimentar con la legalización de algunas drogas, empezando por la marihuana. Hasta la OEA recomienda la despenalización de las drogas y la prestigiosa Comisión Global Sobre las Drogas igual.

Les llegó el momento, Bhatia y Perelló. Hagan su trabajo. Despenalicemos esto ya. No podemos ser tan imbéciles y repetir las mismas estrategias y esperar resultados distintos. Sueño con ver a Mongo junto a su familia sentado a la mesa y cuando necesite su ‘cura’ se toma la pastilla y luego a producir por los suyos. Hagámoslo posible.