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Por Jay Fonseca

Esto tiene salvación

Mata la serpiente del Edén

11/06/2019
No puede existir impunidad, tienen que ver con sus ojos el daño causado. (Archivo)
No puede existir impunidad, tienen que ver con sus ojos el daño causado. (Archivo)
Nuestros padres electos han destruido nuestro paraíso. Han contratado a sus hijas o dado contratos a los cuates para que contraten a sus hijas y así esconder su pecado.

Cuando salió a relucir el asunto de las hijas de la gobernadora y las denuncias sobre Jerón Muñiz junto a la secretaria de Recursos Naturales, Tania Vázquez, el presidente del Senado dijo que él no había visto nada ilegal y que si alguien tenía evidencia de alguna ilegalidad solo tenía que ir a las autoridades y demostrar con evidencia si había ocurrido algo ilegal o antiético. 

Con eso se despacha como estiércol la controversia y pasada la página, venga el próximo empleado fantasma en los arrestos del Senado recientes por Abel Nazario y su estela corrupta. Así es que estos funcionarios se despachan del asunto. El presidente de la Cámara al terminar su ayuno y oración tan consagrado, defiende el nombramiento y la permanencia de Jerón en su puesto. Obviamente, que la palabra del Padre nos enseña que en los puestos de poder somos: “Carta al mundo, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres”. O sea, en Corintios la propia Biblia manda a que no solo seamos creyentes y seguidores de Cristo, sino que parezcamos al Maestro, que seamos iguales al Maestro. Pero parece que al momento de la invocación legislativa esa parte de la palabra se da como un apéndice y no como el centro de la  escritura. 

Y es que, como dijo el Señor en Filipenses 2 verso 8, cuando el maestro Jesús siendo Dios se hizo “hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Sin embargo, no pareciera ser que dichas palabras calan lo suficiente ni hemos leído la palabra que tanto alegamos seguir. Por eso es que yo me llamo creyente y no cristiano. Porque cristianos eran los que se parecían a Jesús, no los que alegaban creer en él. 

Si algo nos muestra la palabra, es que tiene que haber consecuencias sobre el pecado. Quien hace mal no debería tener impunidad. Imaginemos el escenario de la creación. El propio Dios padre hablaba con sus criaturas. Allí en el Edén todo era paz, armonía. De repente, se da la espalda al Creador y comienza la tribulación. No fue la muerte inmediata, pero sin duda en el momento de pecar cayó una hoja y una flor empezó cual otoño a desvanecer. En ese momento los padres de nuestra simiente observaron por sí y por 965 años según la Biblia, la destrucción de lo que había sido el paraíso. 

Nuestros padres electos han destruido nuestro paraíso. Han contratado a sus hijas o dado contratos a los cuates para que contraten a sus hijas y así esconder su pecado. Han dilapidado los recursos naturales y permitido la destrucción de las costas. El joven que se viste de corbata con diploma en mano regresa cual bagazo de la entrevista de trabajo, al percatarse que estaba la hija del político que ni fila tuvo que hacer para el puesto. Hasta para conseguir trabajo de verano en Educación hay que pagarle a la campaña de la senadora del oeste. 

No hay recursos para investigar los médicos que cercenan y mutilan irresponsablemente sus pacientes, pero hay dinero para contratar a la recaudadora de fondos Kathy Erazo, suegra de Elías Sánchez por miles y miles. Su virtud para el puesto, pues era la que contaba el billete cash de Ricky en la pasada campaña. 

En fin, tiene que haber consecuencias para nuestros padres como Adán y Eva. No puede existir impunidad, tienen que ver con sus ojos el daño causado. Por tanto, como único se logrará ver que paguen es con un secretario/a de Justicia que sea electo por el pueblo en elecciones especiales fuera de las elecciones generales. El pueblo necesita y quiere fiscalización. El ejemplo está en que el PIP para la gobernación sacaba 80 mil votos, pero para fiscalizar desde la Legislatura obtenía sobre 200 mil votos. 

Mero estiércol es tener leyes que no se implementan y mera mierda es hablar de ética gubernamental, mientras quienes imponen el orden responden al amiguismo del gobierno de turno. 

Si queremos un nuevo paraíso, tenemos que empezar por sacar a la serpiente.


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corrupción