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Por Jay Fonseca

Esto tiene salvación

Rivera Marín y su nuevo sueldo de $14,474 al mes

02/10/2019
(xavier.araujo@gfrmedia.com)
([email protected])
Los gobernantes alegan que esto se hace porque representa un ahorro porque se consolidan puestos.

Lo que antes era una excepción se ha convertido en la regla dentro de la administración de Ricardo Rosselló, particularmente, su círculo cercano.

En la campaña censuraron el sueldo de Melba Acosta alegando que era irracional que se le pagara a la presidenta del Banco Gubernamental de Fomento y principal asesora financiera $180,000 al año.

También se cuestionó que le costearan gastos y beneficios a Héctor Pesquera que elevaron dramáticamente su sueldo.

Sin embargo, a lo que antes eran casos contados, en el presente gobierno se le ha inyectado esteroides. 

No estoy hablando de Higgins y sus $900,000 o los $750,000 a Díaz Granados (que terminamos con el hombre que más hace cantar el gallo, José Ortiz, y un cuarto de millón de dólares). Tampoco estoy hablando de los $250,000 de Keleher o los $240,000 de la UPR a Haddock, o la misma cantidad de Héctor Pesquera en su comeback. Esos ya los sabemos bien y pudiera haber una que otra excepción justificable. 

El asunto es que, por lo visto, el banco de talento se ha quedado tan cojo que al parecer para lograr que personas acepten puestos y mantener a los amigos cercanos contentos se le ha aumentado las compensaciones a la gente, en particular, a la más cercana de Rosselló. Por ejemplo, cuando Rosselló nombró a su primer secretario de la Gobernación, William Villafañe, le dio a él un diferencial de $168,000 anuales. Para justificarlo, el gobernador dijo que Villafañe iba a hacer también el “principal oficial de administración y operaciones del Estado, whatever that means”. 

Llegó Raúl Maldonado y cobraba $158,000 como “principal oficial financiero” y secretario de la Gobernación (sabrá Dios ahora en OGP). De hecho, el jefe de AAFAF, quien sustituyó al BGF cobra $180,000, lo mismo que cobraba Melba Acosta por la misma posición. Pero él no se quedó solito. Trajo a 33 empleados a quienes les pagó en promedio entre $115,000 y $180,000, cuando por los mismos puestos en el BGF pagaban entre $60,000 y $90,000.

Anthony Maceira ahora cobra $142,000 por ser jefe de Puertos y secretario de Asuntos Públicos. A su vez Phillip Mesa Pabón cobra $138,000 por hacer el trabajo que antes hacía Ramón Rosario por $132,000 (Rosario también recibió un aumento de $20,000 al año en comparación con el anterior). O sea, ahora costarán $280,000 lo que antes costaba $132,000.

Ricky Llerandi cobra $160,000 por ser jefe de Comercio, administrador de La Fortaleza y a la vez subsecretario de la Gobernación (no sé cuánto cobra ahora como secretario). Cuando Itza García fue nombrada a ser secretaria asociada también le aumentaron el sueldo en casi $3,000 mensuales más que el anterior en su puesto; Denise Pérez, nueva jefa de Prensa, se le aumentó el sueldo de $98,000 a $118,000; Jaime López cobrará entre beneficios y sueldo cerca de $225,000 como sub de la AEE, que combinados con los $250,000 de José Ortiz suman más que el sueldo sin bono de Higgins. Esto sin contar todos los contratos a esposas e hijos directos e indirectos que aumentan sueldos por el lado también. 

Los gobernantes alegan que esto se hace porque representa un ahorro porque se consolidan puestos. Sin embargo, ¿qué calidad de trabajo pueden hacer velando tres agencias o qué sincronía hay en ser jefe de Corrección y subsecretario de la Gobernación? 

Hay muchos más diferenciales para los cercanos, pero el más reciente me dejó bobo. Resulta que el asesor de Asuntos Económicos no es Sobrino (quien también tiene su buen sueldo como jefe de AAFAF y asesor financiero). Tras la aprobación del contrato 2019-000055 le dieron $40,000 más como nuevo asesor de Desarrollo Económico al flamante secretario de Estado, Luis G. Rivera Marín, quien parece que no le daban los $125,000 que se gana en ese puesto constitucional. 

A todas estas, uno esperaría que por estos sueldos el trabajo se viera de lejos y los resultados de buen gobierno fueran obvios. Pero, parece que los resultados están en el avión, el avióooooooooooon.