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Accidente le sirvió de lección al Procurador de las Personas con Impedimentos

03/24/2012 |
Aunque anhela caminar y bailar, le gusta ayudar a los que están peor que él.

“Buenos días. Mi nombre es Iván Díaz Carrasquillo. Tengo 40 años y llevo 18 años y 10 meses en silla de ruedas por un accidente”.

Así fue como el procurador de las Personas con Impedimentos comenzó a dialogar con Primera Hora.

Y es que el accidente que tuvo cuando tenía 21 años lo marcó y cambió su vida.

El hijo de Efraín Díaz y María Magdalena Carrasquillo nació y se crió en Trujillo Alto. Dijo que tuvo una niñez “normal”.

Estudió publicidad comercial en el Colegio Regional de Carolina pero confiesa que “entré a la universidad, pero la universidad no entró en mí”.

“Me dio mucho trabajo hasta que tuve mi accidente. A partir de ahí, cambió la perspectiva de qué iba a hacer, cómo iba a estudiar nuevamente. Fue un choque de emociones”, manifestó Díaz.

Fue el 23 de mayo de 1993 cuando su vida dio un giro de 180 grados.

Díaz compartía con unas amistades en una piscina en Trujillo Alto.

¿Qué pasó?

Sencillamente, me tiré de cabeza en la piscina. Era la última vez que me iba a tirar por ese día y ocurrió lo que no queríamos que ocurriera. Me fracturé la cervical número 5 e inmediatamente ocurrió la lesión en el sistema nervioso central.

¿Qué sintió en ese momento?

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Cuando me tiro de cabeza en la piscina, lo que sentí fue un corrientazo de electricidad de la cabeza hasta los pies. Inmediatamente perdí todo movimiento del cuerpo. Pensé que, al no poder mover los brazos, lo lógico era botar el aire e impulsarme con los pies del fondo de la piscina. Cuando boté el aire y llegué al fondo, tampoco podía mover mis pies. La única opción que me quedó fue pedirle a Dios que no me ahogara y empezar a tragar agua, que es un reflejo normal del cuerpo al querer respirar. Lo que hacía era tragar agua, hasta que dos muchachos me sacaron.

¿Qué pasó por su mente cuandoel médico le habló?

Hasta antes de que el médico me dijera de la lesión, entendía que con un yeso, no sé dónde, resolveríamos el problema. Pero después de operado, pude comprender la magnitud de la lesión. Me dijeron que quedaría en estado vegetal porque lo único que podía hacer era hablar y mover la cabeza.

¿Qué pensó?

Le dije al médico que me dejara solo. De más está decir que lloré lo suficiente.

Su diagnóstico es cuadriplejia incompleta. Después de seis meses hospitalizado y dos años de tratamientos y terapias en la Isla, Cuba y Nueva York, puede mover los brazos y puede hacer ciertos movimientos de sus muñecas, pero no puede mover sus dedos.

“Estuve seis meses en el Hospital Industrial del Centro Médico. Fue una época difícil emocionalmente. Ciertamente fue un proceso en el que aprendí muchísimo, pero una experiencia que podemos decir fue traumática. El encontrarse con uno mismo y aceptar lo que es la nueva realidad de uno”, reflexionó Díaz, a quien los médicos en Nueva York le dieron de alta al entender que, dentro de su condición, estaba rehabilitado.

Allá tomó clases de guiar utilizando sólo las manos. Regresó y completó un bachillerato en administración comercial con concentración en finanzas y luego estudió derecho. Espera en algún momento tomar la reválida.

El juez retirado Manuel Soto Cabán le sirvió de inspiración y fue quien lo motivó a estudiar derecho.

“En el hospital recibimos talleres de otras personas con impedimentos y nos visitó el hoy juez retirado Soto Cabán, que fue policía y en la década de 1970, desmantelando una bomba, le explotó y perdió ambos brazos y la visión parcialmente”, relató Díaz.

¿Qué les dijo?

Qué no nos dijo. Que el mundo no se acababa, que teníamos que seguir hacia adelante. Que a pesar de que uno tiene una limitación o una condición o impedimento, todavía tenemos mucho que ofrecer. Que no le cogiéramos cariño a la cama, que teníamos que salir de ella y que nos enfrentáramos al mundo, que iba a ser cruel, pero no imposible.

¿Y así ha sido?

Sí, así ha sido.

La experiencia vivida le hizo comprender “la fragilidad humana” y es lo que lo motivó a ser procurador, nombramiento que obtuvo el 15 de noviembre pasado.

“El motivo es el deseo de servir y ayudar a otras personas que han sido menos afortunados, porque a pesar de que tengo mi impedimento y es una condición limitante para muchas actividades, sigo siendo afortunado. Tengo salud, tengo trabajo, tengo independencia dentro de lo que es mi impedimento y me da la oportunidad de seguir hacia adelante”, señaló Díaz, que vive con su madre, quien le ayuda, pero dice, “una vez estoy en la silla de ruedas, soy independiente”.

Además de querer algún día tomar la reválida, también tiene pendiente tener una familia.

“Eso eventualmente llegará. He tenido novias, pero yo sé que no es fácil, lo reconozco, compartir con una persona con impedimentos. No es fácil”, confesó Díaz.

¿Qué es lo que más extraña hacer?

Caminar. Por lo que implica tener uno la autosuficiencia e independencia. También bailar. Y en esa época (antes del accidente) lo más que me gustaba era correr bicicleta. Y ser salvavidas. Fui salvavidas desde los 14 años.

Si pudiera dar marcha atrás al tiempo, ¿qué hubiese hecho distinto?

No romper las reglas.

¿Qué le hizo tirarse?

Inmadurez.

¿Qué aprendió? ¿Cuál fue su lección de vida?

Que estamos prestados en el mundo. Que lo único seguro que tenemos es la muerte y que, gracias a Dios, a mí me dieron una segunda oportunidad.

¿Pensó alguna vez que iba a fallecer?

Sí, cuando estaba en la piscina, que ya había botado todo el aire y lo único que me quedaba era pensar y rogar por no ahogarme. Una reacción normal fue respirar y empecé a tragar agua y pensé que no lo iba a poder contar.

¿Pensó alguna vez que prefería morir?

Sí, definitivo. Fue un proceso de rebeldía constante donde uno se cuestionaba por qué a mí, y sí llegué a pensar en muchos momentos que era preferible estar muerto que estar en esta situación.

¿Cuándo dejó de pensar así?

Hay momentos en que uno se mira al espejo y se le sale una lágrima y uno sabe que ese día no va a ser el mejor día de uno. Pero te puedo decir que ese sentimiento de rebeldía se me fue como a los dos o tres meses cuando dentro del mismo Centro Médico fui a la Unidad de Quemados. Esa experiencia me hizo pensar que no era tan difícil lo que a mí me había tocado versus a otros que dentro de su condición... dejaban de ser ellos mismos.

“Si uno mira hacia atrás, siempre hay alguien que está peor que uno”, reflexionó.