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Bichitos crean al monstruo

10/29/2010 |
O' Connor pinta al Chupacabras tanto como una víctima que como un villano.

Érase una vez un animal chiquitito, casi invisible y llamado ácaro, que atacó a un salvaje coyote provocándole una picosa y horrible sarna que lo convirtió en una especie monstruosa que se devora a los otros animales y que los boricuas llamaron el chupacabras.

Parece el inicio de una historia de fantasías, pero ésta es la seria teoría que tiene el biólogo Bary O'Connor -profesor de la Universidad de Michigan- sobre el origen de la temida bestia legendaria que puso a temblar a muchos cuando hace 15 años se dio a conocer el ataque en la Isla contra bovinos, porcinos y aves que morían a causa de heridas punzantes por las que su devorador drenaba totalmente su sangre, cual si fuera un vampiro.

Desde entonces, comenzaron las especulaciones sobre el extraño ser, animal o criatura alienígena que despertó el interés de muchos científicos alrededor del mundo. De hecho, la conocida cadena televisiva National Geographic realizó un documental relacionado con el tema, así como programas de países tan lejanos como Japón y Nueva Zelanda.

Ahora, el Chupacabras vuelve a la palestra pública a través del estudio de O'Connor, quien dio a conocer detalles de su investigación en la revista cibernética Skeptic mediante un reportaje titulado Hablando de monstruos.

En su emisión, O' Connor pinta al Chupacabras tanto como una víctima que como un villano.

Y es que, según explica, varios científicos que estudiaron algunos cadáveres de chupacabras -no especifica dónde hallaron los cuerpos- llegaron a la conclusión de que el chupacabras era un coyote afectado por Sarcoptes scabiei, el escozor que causa la infección conocida como sarna.

“Cuando los humanos empezaron a domesticar animales, el Sarcoptes scabiei encontró todo un contingente nuevo de víctimas potenciales. Los perros domésticos, al igual que los humanos, han sido anfitriones de los ácaros el tiempo suficiente como para haber desarrollado la capacidad de combatir la sarna, pero cuando la condición se propaga a los miembros salvajes de la familia canina -zorros, lobos y coyotes-, ahí hay que tener gran cuidado”, se destaca en el reportaje, en el que O'Connor, hace hincapié en el mal olor que causa la condición de la piel. Cabe destacar que en Puerto Rico no se ve este tipo de animales salvajes de la familia canina.

¿Que una sarna qué?

Aunque se le cuestionó, O'Connor no pudo precisar si las infecciones con ácaros también alteran el comportamiento de los animales convirtiéndolos en asesinos sedientos de sangre.

De hecho, éste es el primer punto que le hizo soltar una carcajada a dos veterinarios consultados por Primera Hora sobre la teoría del profesor universitario, quien también se desempeña como curador en el Museo de Zoología de la Universidad de Michigan.

Y es que, para empezar, según el ex presidente del Colegio de Médicos Veterinarios, Víctor Oppenheimer, la sarna sarcóptica -muy común en animales realengos- sí puede cambiar drásticamente la apariencia de un animal, pero jamás altera su comportamiento. Y mucho menos lo podría convertir en una especie atroz.

“Nosotros vemos mucha sarna sarcóptica en animalitos de la calle y son bien amistosos. El comportamiento no tiene nada que ver con esta enfermedad que es curable y se trata con insecticidas”, expresó al opinar que, a su entender, el estudio carece de fundamentos y más bien está dirigido a buscar un “fenotipo” del Chupacabras.

Por su parte, el veterinario Carlos Soto, quien fue el encargado de realizar las necropsias a muchos de los animales que fueron hallados muertos en circunstancias extrañas en la década de los 90, descartó por completo la teoría del coyote que, cual si fuera Hulk, se convierte en un monstruo.

En primer lugar, el doctor rechaza que el Chupacabras pueda ser un mamífero o algún animal relacionado con los caninos.

“Según las entrevistas que les hice a algunas personas, el Chupacabras vuela, y ningún canino vuela”, dijo.

El veterinario -quien quedó asombrado con la forma en la que el temido animal se chupa la sangre e, incluso, algunos órganos de sus presas sin destrozarlas, como lo haría un depredador en su hábitat natural-, se inclina a pensar que el horrible monstruo es una especie desconocida.

“No puedo decir que es un animal porque no lo he visto. Pero, definitivamente, es algo que nosotros no conocemos. Puede ser una especie anómala o una mutación”, manifestó Soto al explicar que en sus 22 años de trayectoria profesional “jamás he visto algo parecido a los estragos que causa el Chupacabras”.

“Estamos hablando de animales a los que se les lleva dos terceras partes del volumen de sangre; las heridas son en forma de trípode o triángulo con incisiones de un centímetro de ancho y las víctimas, después de ocho a 10 horas de fallecidas, no llegan al rigor mortis y se mantienen flácidos”, dijo.