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"Eso era un diablo, no paraba"

Por Ana Giselle Torres Pérez / Para Primera Hora 09/22/2017 |11:11 a.m.
La oscuridad y el zumbido de sus bravas ráfagas metieron miedo y al despertar solo había dejado desolación y tristeza. (NOAA)  
Residentes de Cayey narran cómo fue la experiencia del huracán María.

CAYEY- María desató su furia y de qué manera. El huracán categoría 5, con vientos de 165 millas por hora, dejó a los cayeyanos en penumbra.


La oscuridad y el zumbido de sus bravas ráfagas metieron miedo y al despertar solo había dejado desolación y tristeza.

Algo parecido no sucedía hace alrededor de 80 años con el paso de San Felipe, según cuenta la historia de estos fenómenos atmosféricos.

El techo que con mucho empeño y esfuerzo levantaron muchas familias quedaron devastados,  reduciéndose a pedazos de frágil madera. 

Los árboles tampoco lo aguantaron. El verdor que caracteriza este pueblo de la zona central, literalmente desapareció. 

Sus amenazantes vientos levantaron y arrastraron la más mínima esperanza de mantener en pie la más protegida y hasta la más fuerte de las estructuras. Fue todo un monstruo que no tuvo piedad y llevó al incrédulo a la resignación.

"Yo no pensaba que fuera así", dijo entre lágrimas Radamés Torres, quien vio entre los escombros y el agua de lluvia el hogar que cobijó por los pasados 32 años a su familia en el barrio Rincón.

"Tengo en la cabeza grabados todos esos vientos. Eso era un diablo, no paraba", contó.

Pasada la tempestad, la desesperación de conocer cómo había quedado el hogar lo llevó a asomarse. Ver la realidad de lo temido, lo estremeció. Se vino abajo el trabajo de una vida. 

Voló el techo, camas y enseres estaban bajo agua. La tristeza lo invadió y las lágrimas corrieron. Familiares trataron de dar el difícil consuelo.

"Lo perdimos todo", dijo.

Ese es uno de los tantos casos de los propietarios de casas de madera que se destrozaron con los potentes vientos que trajo el temporal.

La barriada El Polvorín también quedó bajo los escombros. 

"El Polvorín, una comunidad de los años 30, es un desastre. Todas las casas de segunda planta se perdieron. La de primera planta son pocas las que quedan en pie", dijo el alcalde Rolando Ortiz Velázquez a WAPA Radio mientras hacía un recorrido por el pueblo con la defensa civil. 

"Se está viendo otro Cayey porque no hay vegetación", aseguró el primer ejecutivo municipal.

Actualmente brigadas trabajan para abrir los caminos. Según adelantó el alcalde, prácticamente todos los barrios no tiene acceso a las vías principales. 

En un repaso parcial de los daños, indicó que el Estadio de Béisbol Pedro Montañez, así como el hospital municipal sufrieron daños en una de sus extensiones.

El centro del pueblo también tuvo un gran impacto. "La mayoría de los rótulos están en el piso. Es una condición bien difícil. Es una tristeza ver así este pedazo que el Creador nos dio", lamentó Ortiz Velázquez.

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