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Muere Ricardo Alegría, el guerrero de la cultura

07/08/2011 |
El antropólogo, arqueólogo e historiador falleció ayer en San Juan a la edad de 90 años.

Se apaga una estrella, mas no su luz, que brillará por siempre en nuestra historia.

Murió don Ricardo Alegría Gallardo, padre de la cultura y celoso guardián de la puertorriqueñidad; para algunos, era como un director de orquesta, que sabía dónde ubicar el mejor instrumento.

El antropólogo, arqueólogo e historiador falleció ayer en San Juan a la edad de 90 años, dejando un enorme legado al dedicar su vida a la promoción cultural de Puerto Rico y del resto de América.

Su vida se apagó a las 6:59 de la mañana en la Unidad de Intensivo Coronario del Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe, donde estaba hospitalizado desde el lunes.

Su hijo, Ricardo Alegría Pons, explicó que su padre salió en junio del hospital, donde le habían practicado un cateterismo y una angioplastia, y pasó dos semanas en su casa, hasta que el domingo pasado le dio un dolor de pecho muy fuerte. Fue reingresado al Cardiovascular, pero no pudieron hacerle otro cateterismo porque estaba muy débil.

El gobernador Luis Fortuño decretó cinco días de duelo y las banderas comenzaron a ondear a media asta.

“Don Ricardo marcó el paso de la preservación de valores históricos y culturales de nuestra isla”, dijo Fortuño al expresar el pésame a nombre suyo y de la primera dama, Lucé Vela.

El cuerpo de don Ricardo estará expuesto desde hoy, a las 11:00 de la mañana, hasta el domingo, en la capilla del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan, que tanto amó y desde donde, con su cabellera blanca y su caminar acompasado, se mantenía al tanto del quehacer intelectual y cultural del país.

Su secretaria, Isabel Pérez Montes, informó que, cumpliendo el deseo de don Ricardo, su familia decidió que el velorio fuera en la institución, ubicada en la calle Cristo 52, donde en tiempos de España se instauró el Seminario Conciliar San Ildefonso, edificación que el antropólogo ayudó a restaurar y que luego convirtió en el Centro de Estudios Avanzados, que dirigió de 1976 al 2001. Todavía mantenía allí una oficina, aunque ya no podía visitarla.

A la una de la tarde del domingo, sus restos serán llevados a la Catedral de San Juan para una misa. Luego, el prócer será sepultado en el cementerio María Magdalena de Pazzis, del casco histórico, que don Ricardo tanto luchó para preservar.

Sin embargo, camino de su última morada, no será llevado al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), el cual fundó, porque “estaba dolido” con las medidas que el Gobierno ha tomado, al recortar el presupuesto a la agencia, cerrar museos y afectar los centros culturales.

“Él pidió que se trajera aquí, y aquí se va a traer. En una ocasión dijo: ‘No quiero que me estén llevando para aquí y para allá’”, sostuvo Pérez Montes, quien fue la mano derecha del antropólogo por los pasados 18 años. La ayudante dijo que, hasta el jueves pasado, don Ricardo se mantuvo pendiente de sus últimos proyectos y le firmó cheques para pagar cuentas y facturas.

“Siempre tenía proyectos”, dijo al agregar que esta semana se proponía conferir dos medallas de la Fundación Alegría en sencillas reuniones, como acostumbraba.

Contó que el miércoles en la noche toda la familia estuvo con él en el hospital. “Yo estaba con ellos y don Ricardo bromeó con sus nietos, diciéndoles: ‘Fueron a saludar a Canela (su perra)’”, dijo.

A don Ricardo le sobreviven su inseparable esposa, doña Carmen “Mela” Pons; su hijo Ricardo y sus nietos, Patricia, Ricardo y Francisco. Su segundo hijo, Francisco Alegría Pons, murió en 1993.

En la entrevista más reciente con Primera Hora, don Ricardo dijo que le gustaría que lo recordaran como un puertorriqueño que dedicó su vida a que sus compatriotas conocieran más y mejor la historia de su país, para que estuvieran orgullosos. “Mi padre me enseñó a conocer la historia de Puerto Rico y mi madre, que era de Loíza, me hablaba de las tradiciones de su pueblo. Por eso, uno de mis primeros estudios fue la fiesta de Santiago Apóstol, en Loíza, donde se unen elementos de la herencia africana con elementos de la cultura española. Con esa tradición que heredé de mis padres, empecé a defender la cultura puertorriqueña”.