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Papo Christian es cafre, ¿y qué?”

07/23/2011 |
Se ha destacado como líder comunitario. (Ve vídeo)

No tiene pelos en la lengua. Y si ser cafre es actuar y hablar con honradez, él se declara “cafre, ¿y qué?”.

Y es que Roberto Pérez Santoni, conocido en la calle y por su gente como “Papo Christian”, es de esos tipos a los que no les gusta andar vendiendo imitaciones. Al contrario, su sinceridad y singular forma de expresar lo que siente -cargado de mucho dramatismo y, en ocasiones, de palabras soeces- podrían ser una de las características que lo han destacado como líder comunitario en su adorado caserío Manuel A. Pérez, en San Juan. Y es que Papo es como es y, al que no le guste, pues que se vaya pa'l... bueno, mejor, dejémoslo ahí y que sea él mismo el que nos relate cómo logró desarrollarse en su comunidad, los sinsabores que le ha deparado la vida, las manías que no puede abandonar y, por qué no, el lado sensible y espiritual que muy pocos conocen.

Nuestro encuentro ocurrió el mismo día en que arrestaron al canastero boricua José “Piculín” Ortiz por supuestamente poseer una siembra de marihuana en su hogar, en Cayey.

“Chacha, qué terrible lo de Piculín... eso es para que veas cómo la droga nos está acabando. Espero que pueda levantarse de esta situación”, dijo quien conoce de primera mano los estragos que las drogas pueden causar en un ser humano, pues su único hermano, Christian, sucumbió en ese mundo desde temprana edad. De hecho, pasó mucho tiempo de su vida en la cárcel y falleció de sida hace unos años.

Desde entonces, Papo guarda luto vistiendo siempre de negro. Lo hace por Christian y por los compañeros gatunos que lo han acompañado durante sus 60 años de vida y que también han muerto.

“No he podido dejar el luto, primero, por mi hermano... y también lo hago por los gatos que se me han muerto. Pero un día de éstos voy a dar el golpe de estado afeitándome la cabeza y vistiendo de blanco”, aseguró quien durante años ha lucido su pelo largo y amarrado en un moñito.

Devoto de la virgen

Papo confesó que una de las vías que ha utilizado para sobreponerse a esas súbitas pérdidas ha sido su fe cristiana y su devoción a la Virgen de la Providencia.

Es por eso que, cuando se siente abatido por alguna situación, acude a la catedral de el Viejo San Juan. Allí deja a un lado el alboroto para convertirse en Papo, el meditador.

“Vengo a la catedral a desconectarme, a recargarme de energías. Llego allí, a donde está ella (la Virgen) y le digo: 'Chica, abrázame'”, expresó quien ha encontrado en la espiritualidad las herramientas para saber perdonar a aquellos que lo han herido.

Entre esas personas que le han causado dolor se encuentra su papá, con quien tiene muy poca comunicación. Papo fue criado por su abuelo materno, pues sus padres -en aquel entonces adolescentes- no se sentían preparados para enfrentar su crianza.

“A mami le hablo... pero con mi papá perdí comunicación. Admito que fue doloroso, en especial porque era un viejo criando a un niño”, dijo quien alega haber sido maltratado por su abuelo.

A Papo le cuesta hablar un poco sobre aquella época en la que su abuelo le pegaba. Se le aguan los ojos. Su forma de desahogar la pena es escribiendo las memorias de aquellos instantes.

“El abuelo le siguió golpeando y gritando... lo estaban martirizando, lo estaban lastimando. El dolor de la correa cada vez que tocaba su piel, las uñas del abuelo enterradas en su cara”, dice uno de los párrafos de la lectura que tituló Pensamientos sobre la libertad de conciencia, el cual destaca una escena en la que fue golpeado cuando apenas tenía siete años.

“Pero eso no es na. Ya yo superé eso. Ésas son las cosas que me han hecho fuerte”, dijo un poco más animado quien desde entonces se propuso involucrarse en actividades donde pudiera ayudar a otros.

Recuerda que su primer gesto como líder comunitario fue en plena adolescencia, allá para el 1967, cuando organizó a través de un club escolar un recogido de alimentos para enviarlo a las víctimas de la lucha de Biafra, en África.

“Luego de eso surgió el grupo Jóvenes y Adultos Unidos por Manuel A. Pérez”, recuerda.

Desde entonces, su vida ha sido un trajín y cuando se trata de defender a su gente -de la que dice que ha sido marginada por razones de pobreza durante años- saca las garras y hay que dejarle el canto.

“Por ahí dicen que soy cafre... y si ser cafre es actuar y hablar con honradez, soy cafre, ¿y qué?”, dijo en su particular tono gritón.

Y con la misma honestidad le gusta que lo traten. “Yo soy de los que prefiere que le griten las verdades en la cara y que no me susurren hipocresías al oído”, dice.

A pesar de su carácter, Papo asegura que es un hombre sensible. De hecho, tan sensible que ha sufrido mucho por amor.

“He amado mucho y odiado también... es que el amor es como una hoguera en la que uno se puede quemar”, dijo.

Y, ¿entonces?, le preguntamos. “Pues, mija, que el amor me pateó... ahora estoy en pausa”, aseguró.

“Es que, cuando entras en estas luchas comunitarias, hasta los amores se espantan”, reprochó quien dijo estar viviendo una etapa de abstinencia.

¿En serio?, cuestionamos. “Sí, me abstengo como esas campañas hipócritas que hay por ahí... o tengo sueños eróticos y riiiicos o si no me masturbo, tan sencillo como eso. Y, ¿qué pasa?”, dijo quien se zumbó par de palabras malas para defender su argumento.

Tranquilo, Papo. Al final tú mismo te respondiste. “El amor me recuerda a Isadora Duncan, y por eso debemos amar con intensidad, sin conceptos morales y sociales... y si te quieres acostar con 40 mil personas, hazlo. ¿Qué puñe.. pasa? La sociedad te va a juzgar, pero estás regalando amor”.