Los puertorriqueños tienen una diversidad de planes para esta Semana Santa, pero en la lista de varios entrevistados por este medio en el Viejo San Juan no está incluida una visita a la iglesia.

Los esposos Ramón Ortiz y Carmen Alemañy, vecinos de Bayamón, explicaron que ambos trabajarán hasta el miércoles y el jueves aprovecharán para preparar las temidas planillas de contribución sobre ingresos. Para el resto de los días, aún no tienen planes concretos.

“Usualmente, la pasamos familiar en la casa de la mamá de Raymond, pero este año ella está en Estados Unidos”, señaló Alemañy.

Aunque reconoce que no es un católico practicante, Ortiz describió la Semana Mayor como “un detente en el trajín diario”. “Uno se detiene y reflexiona en cierto grado sobre lo que representan estos días. Esta semana representa nuestra fe”, sostuvo.

A juicio de ambos, con el pasar del tiempo, ha habido un enfriamiento en el fervor religioso de los puertorriqueños y en la solemnidad ofrecida a estas fechas.

“(Lo atribuyo) a la decadencia de la sociedad. El ejemplo lo tenemos en el crimen. Se han perdido los valores. Eso amarrado al consumismo”, opinó el hombre.

Asimismo, Yanitza Nieves, residente en San Juan, explicó que durante esta semana trabajará.

“Ya la gente no creen en nada. Se van para la playa. Antes nos encerraban toda la semana y a comer pescado”, dijo la joven, quien estaba acompañada por su madre, Idalia Ruiz.

“Es la crianza. Ahora cogen el fin de semana como si fueran vacaciones”, agregó.

Por su parte, Nydia Toro, de 83 años y vecina de San Juan, dijo que aprovechará esta semana para visitar una iglesia católica en Cabo Rojo, de donde es oriunda.

Según la mujer, la merma en la participación de las personas en las actividades religiosas de la Semana Mayor responde, en parte, a que los puertorriqueños prefieren quedarse en sus hogares para evitar se víctimas del crimen.

“Yo he hablado con mucha gente que dicen que no van (a los eventos religiosos) porque tienen miedo”, sostuvo.