Waldemar Quiles exige dieta con cara de lechuga
El representante novoprogresista demandó porque desde marzo no cobra el cheque.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
PUBLICIDAD
Parecía que el asunto de las dietas de los legisladores ya no haría más ruido, por lo menos en este cuatrienio, pero Waldemar Quiles se encargó de recordar que a los honorables del Capitolio les pagaban por su trabajo, más por ir a trabajar.
El representante novoprogresista demandó porque desde marzo no cobra el cheque con el que muy bien se podrían cubrir dos salarios.
Ni él ni ningún otro representante cobra ya las dietas, pero él fue el único en dar un paso al frente y reclamar.
Por lo menos en iniciativa y agallas tiene “A”. Mira que hay que tener cara de lechuga para atreverse a hacer un reclamo así cuando los ciudadanos del montón no saben qué más hacer para cumplir con los compromisos económicos en un país donde todo sube, excepto el optimismo.
La delegación del Partido Popular Democrático en la Cámara decidió en un caucus cancelar las dietas y el presidente, Jaime Perelló, emitió una orden administrativa para que no se pagaran más. Pero, aún no se ha derogado el estatuto que las permite. Y ese es, precisamente, el clavo caliente del que se agarró Quiles.
El legislador admitió que el sueldito de $70,000 es suficiente, pero no para los que vienen de lejos, como él. Así que, si usted trabaja a más de cierta cantidad de millas de su casa, con la logística de Quiles, lo razonable es que su patrono le pague por los gastos del carro entre su hogar y su oficina. Eso incluye gasolina, peajes, cambio de aceite y filtro, rotación de gomas, derrames de refresco y fumigación contra las cucarachas.
Mencionó también que los legisladores no visten como obrero. Nada de mahones gastados y camisetas de promoción. Para que desde afuera se note lo honorable que son, los legisladores tienen que andar de gabán y corbata. Y eso cuesta. Y claro, lo lógico es pagarlo con dietas. Si no, el salario se les achica.
La reacción a la demanda de Quiles en las redes sociales, como es de esperarse, fue de indignación. Fueron muchos los que le recordaron que levantan familias con un salario mínimo y que les pagan por el trabajo, no por ir a trabajar.
Lo tildaron de esmayao y afrentao, dos señalamientos que se reservan para los insaciables, para quienes quieren más de lo que les corresponde. Si no en ley, por lo menos en ética.
Interesante es que, aun en los días en que se cobraban dietas, Quiles no pagaba el CRIM de un apartamento en Carolina. Si los chavos no le daban entonces, cómo se las arreglará ahora.
Dentro de toda las críticas negativas, hay algunos que han sacado la cara por el representante, y es que por lo menos es honesto. Y la honestidad vale. Él quiere su dieta y tiene la cara de lechuga para pedirla.

