Sao Paulo. El partido del pasado sábado entre Brasil y Chile en Belo Horizonte le puso los nervios de puntas a todos los que lo siguieron por televisión. Así que imagínese la ansiedad que sintieron las más de 57,000 personas en el Estadio Mineirao, la amplia mayoría de ellos brasileños.

Para la cobertura de ese partido, fui colocado en un área de la gradas que los periodistas se entremezclan con aficionados. Yo era el último periodista en la fila, por lo que a mi izquierda lo que habían eran brasileños listos para celebrar su clasificación a cuartos.

Un par de cosas me llamaron la atención de mi experiencia en las gradas del Mineirao. Primero, Neymar es como un dios en Brasil. Cada vez que tomaba la pelota, el público se paraba, a la espera de una genialidad. Además, coreaban su nombre, una y otra vez. Tan solo tiene 22 años, pero Neymar es el ídolo más grande del fútbol brasileño.

También me impactó el sufrimiento que puede causar ver a su equipo pasarla mal. Todos se llevan las manos a la boca, le gritan a sus propios futbolistas cuando cometen errores… Sí, reconozco que estas son conductas que se ven en muchas canchas de nuestro país, y del mundo. 

Pero lo diferente es que en Mineirao no había una sola persona desconectada del partido. Todos sufrían por igual, celebraban por igual, con la misma pasión. Hombres, mujeres, niños, los más mayorcitos, todos se vivieron el partido de la misma manera. 

¿Y qué pasó en el momento del triunfo? Pues imagínese a usted celebrando el momento más grande de su vida sin tapujo alguno. Así estaban las más de 50,000 personas vestidas de amarillo en Mineirao.   

A continuación, un vídeo que tiré con mi celular tan pronto terminó el partido.

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