Nota de archivo: publicada hace más de 90 días

¿Y qué pasó en Villas del Sol?

Por Libni Sanjurjo / [email protected] 01/21/2014 |
La pareja Cynthia Caldero y Obdulio Cordero construyeron esta casa con madera donada. ([email protected])  
Siete familias estaban sin hogar a espera del permiso de construcción.

Toa Baja. El tiempo ha seguido corriendo sin que el proyecto de la nueva comunidad de Villas del Sol pase de la noche al día.

Las manecillas del reloj ya marcan el paso de poco más de cuatro años desde que la amenaza de desalojo por parte del Gobierno ocupó la atención del país por el drama social que 211 familias protagonizaban al vivir sin agua, luz ni calles en terrenos “invadidos” en Toa Baja.

En medio de la vorágine que provocó la resistencia al desalojo mandado por el Gobierno para evitar el desembolso de $13.5 millones a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, una solución inesperada descendió hacia la comunidad cuando el doctor Eduardo Ibarra donó terrenos aledaños para instalar la comunidad, esta vez, en terrenos propios. Pero no todo salió como esperado. ¿Dónde están hoy? Algunos pagan alquiler, otros están en casas familiares y, unos pocos, en los nuevos terrenos.

Desde afuera, unas modestas casas de construcción informal anticipan parte de la historia de siete de las 160 familias. Para llegar a estas, el visitante tiene que pasar por un camino de fango que inicia en una entrada marcada con un letrero, clavado en un árbol, con las palabras : “Propiedad privada”. Mientras se avanza hacia la casa de Cynthia Caldero y Obdulio Cordero, se va dejando atrás las otras seis de madera y zinc, excepto la de cemento de Nelly Mosquea. La mujer de 63 años solía pagar renta con su sueldo de empleada doméstica hasta que problemas de salud le impidieron seguir generando ingresos y sus hijos no le pudieron ayudar más. “¡Ay mija! Tú sabes lo que es estar pagando renta y no tener de dónde (pagar)”, comentó. Para construirla poco a poco, Nelly se valió de donaciones y materiales a precios rebajados; el agua la obtiene de una cisterna y la luz de un inversor. “Me mudé aquí sin ventanas... sin piso sin empañetar... Aprendí a hacer mocheta (ríe)”, añadió.

 
Villas del Sol a cuatro años de la amenaza del desalojo

Villas del Sol a cuatro años de la amenaza del desalojo


Varios pasos más adelante está la casa de Cynthia de techo a dos aguas, un cuarto, donde está el baño, y una sala al lado de la cocina. “Aquí yo me siento feliz aunque hayan mosquitos, aunque uno tenga que ir a buscar las pipas de agua”, mencionó.

¿No es volver a las condiciones de antes?

Sí es lo mismo... (Pero) ni me estoy robando un terreno ni estamos invadiendo... No tenía dónde vivir.

La presidenta de la Junta de la Cooperativa de Vivienda de Autoconstrucción y Ayuda Mutua Villas del Sol, Laura Motta, admitió que estas familias “han hecho lo que no se tenía que hacer” pero que esa fue su alternativa ante la necesidad de un techo.

Según el ingeniero Víctor Santana, del grupo técnico de la cooperativa, la construcción no ha iniciado porque están a la espera de la “parte final” del permiso de construcción que depende de la instalación de una línea de alcantarillado, obra valorada en $2.8 millones.

Una vez se supere este obstáculo, Ibarra dijo a Primera Hora que no optarán por la alternativa inicial de un préstamo sino por la entrega de planos y búsqueda de materiales baratos para que ellos mismos la hagan ya que muchos son constructores. “Conseguir dinero en el mundo actual para personas que no tienen nada es prácticamente imposible”, dijo Ibarra.

Falta esperar por que las gestiones con el Gobierno empujen la llegada del sol, es decir, de un techo seguro, meta que muchos boricuas también persiguen.