El escabroso tema del aborto vuelve a resonar en los pasillos del Capitolio y en el país.

Por segunda vez en este cuatrienio, se trae a la discusión pública un asunto que muchas personas preferirían ni mirar, por lo delicado del tema. Se trata de un asunto que levanta pasiones y que, como vimos esta semana, puede llevar la discusión en rumbos no deseados muy fácilmente.

La discusión se torna personal, pero es que se trata de un asunto demasiado personal. Hay que recordar que el aborto fue colocado por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dentro del Derecho a la Intimidad. Derecho que en nuestra Constitución se recoge directamente en el Derecho a la protección de la vida privada.

Creo que no hay algo más personal e íntimo que lo que le ocurre a una persona en el interior de su cuerpo. Pero el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, revocando a Roe v. Wade, también ya dio luz verde a los estados y territorios para legislar y limitar ese derecho que, como todos los derechos, no es absoluto. Entonces aquí en la isla, vamos de cabeza a la controversia, porque ¿Por qué no?

Nuestro secretario de Justicia, Domingo Emanuelli, compareció ante la Asamblea Legislativa para ofrecer su opinión como funcionario y la del Departamento que dirige, sobre el proyecto que busca prohibir que se realice un aborto a una menor de edad sin el consentimiento de, por lo menos, uno de sus padres. El secretario no lo favorece, pero en su defensa del derecho a la intimidad de las mujeres, en este caso las menores de edad, su alocución se tornó también personal.

¿En qué contexto es apropiado que un funcionario que comparece ante una entidad que le convoca para ofrecer un consejo u opinión en su función pública, se exprese en términos personales? Pues esto ocurre con más frecuencia de lo que imaginamos, lo que pasa es que, usualmente, no se trata un tema tan polarizado como este. Su expresión, como la de cualquier persona, está protegida por otro derecho: la libertad de expresión. Pero la protección de ese otro derecho no implica que lo que se dice no tendrá consecuencias.

Está por verse si el gobernador Pedro Pierluisi resiste la candela que ha generado lo dicho por el secretario de Justicia. Aunque Emanuelli aclaró de inmediato que sus expresiones las hizo en su carácter personal, la realidad es que hizo alusión a elementos de la ideología religiosa con la que se identifican los legisladores del Proyecto Dignidad.

Resulta que Proyecto Dignidad atrae particularmente al electorado que se identifica con el Partido Nuevo Progresista. Por lo menos así lo han catalogado los expertos y analistas, que han ubicado los partidos emergentes como un atractivo para los electores cansados de 70 años de bipartidismo y ubican al Movimiento Victoria Ciudadana como la piedra en el zapato del Partido Popular y a Proyecto Dignidad como el imán para electores tradicionalmente penepé.

Entonces, queda por ver si podrá el gobernador resistir la presión política que van a generar las manifestaciones que hizo el secretario de Justicia en su carácter personal, pero de manera pública en una vista legislativa.

Recuerdo otro buen secretario de Justicia, a quien un asunto que atendió en su carácter personal, como ir a ayudar a un amigo del alma que estaba en problemas, le costó el puesto.

Quizás todo dependa del rumbo que tome la medida legislativa. Como dice mi buen amigo Rafael Bracero, esta historia continuará.