Steven se sentó en el sofá de la salita de “Noticentro al Amanecer” para conversar con Mónika Candelaria. Estaba tranquilito, con la carita asomada por la capucha de un hoodie de esos que ahora usan tanto los muchachos. A su lado estaba mamá, una mujer joven que irradiaba orgullo, amor y satisfacción, una mezcla de emociones bonitas que sacude el corazón en premio por la misión cumplida.

Creo que Steven es tímido, a juzgar por las pocas palabras que emitía durante la entrevista, en un volumen de voz agradable, bajito. Hablaba pausado, de a poquito, pero cada palabra que salía de su boca era un flechazo impactante que se recibía al otro lado de la pantalla del televisor.

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Contó su historia, conmovedora, una hazaña que debe haber dejado con la boca abierta a más de una persona, se los aseguro.

Resulta que Steven le pidió a Santa Claus que le trajera de regalo una compra de víveres. Sí, así como lo lee, una compra de los productos necesarios para preparar comida para las personas que aún en este siglo, que debería ser tan evolucionado y avanzado, pasan hambre. ¡Y Santa le cumplió! No sé si pidió sólo eso, pero si hubiera pedido, además, una larga lista de juguetes, se los merecía todos.

Entonces, y sospecho que con la colaboración de todos los que le quieren, preparó almuerzos sabrosos y calentitos que sirvieron en esos empaques de foam cuadrados y blancos que tanto se utilizan para llevar. Junto a su mamá se trasladó a un área en Trujillo Alto, un puente en el que según contó hay muchas personas sin techo y con hambre. Y así, como en un cuento de hadas envuelto en una neblina de magia y fantasía, Steven cumplió su deseo de repartir comida entre quienes lo necesitan. ¿No les parece una maravilla?

Pero la hazaña sigue, porque contó que le ha pedido lo mismo, o sea, otra compra, a los Reyes Magos, pero esta vez para preparar obsequiar desayunos. ¡Grande, Steven, grande!

A mí se me saltaron las lágrimas de emoción. Un niño con un nivel de conciencia tan alto, con un corazón rechoncho de generosidad y con espíritu de solidaridad. De hecho, aunque no se hace público, muchos niños y adolescentes puertorriqueños invierten energía, amor y tiempo tomando acción para aliviar la necesidad de muchos. Una pena que no se sepa. Una pena que no se llame a Steven y a todos los demás, para honrarlos con un evento de reconocimiento que sea de inspiración para otros, especialmente para los adultos. Bastante tiempo y dinero se gasta en ñoñetas que no sirven para nada.

Espero que esos minutos televisivos hayan sido vistos por muchos, especialmente por aquellos que, supuestamente, llevan las riendas del país en todos los renglones del diario vivir, y a quienes se les olvida -no hablo en general, porque algunos buenos hay- la carencia y la necesidad de los demás. Tomar acción no conlleva levantar montañas y hacer esfuerzos estratosféricos, con llevar a la realidad los deseos del alma basta. Por pequeña o simple que sea, una acción puede hacer la diferencia.

Puerto Rico necesita muchos Steven, mucha gente buena, con empatía, corazón de oro y valor. Ojalá que aparezcan en este año 2024, que surjan por todos lados, que los conozcamos y reconozcamos.