Placeholder

Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

No

04/24/2013
NO.- Dirigida por Pablo Larraín. Protagonizada por Gael García Bernal, Alfredo Castro y Antonia Zegers. Clasificada R. Duración: 117 minutos.
NO.- Dirigida por Pablo Larraín. Protagonizada por Gael García Bernal, Alfredo Castro y Antonia Zegers. Clasificada R. Duración: 117 minutos.
El director chileno Pablo Larraín completa su trilogía basada en la dictadura de Augusto Pinochet con la mejor película de las tres.

Chile, 1988. Tras quince años bajo la dictadura de Augusto Pinochet, su gobierno cedió ante las presiones internacionales y realizó un referéndum en el que los ciudadanos eligieron si Pinochet permanecería ocho años más en el poder, o no. El resultado de ese proceso democrático ahora es parte de la historia, pero lo que muy pocos conocían, -fuera de quienes lo vivieron-, fue la revolucionaria campaña publicitaria detrás de él. 

La misma es capturada en uno de los mejores largometrajes del 2012: No, del director chileno Pablo Larraín, quien comenzó su trilogía cinematográfica de la dictadura en el 2008, con Tony Manero, continuó en la excelente Post Mortem dos años después, y concluye ahora en este, su mejor capítulo. Basado en la obra El plebiscito, de Antonio Skármeta, el filme transcurre en un periodo de poco más de los 27 días  en los que tanto el gobierno como la oposición tuvieron 15 minutos diarios en televisión para presentar sus argumentos a favor y en contra de la permanencia de Pinochet. 

El mexicano Gael García Bernal interpreta a “René Saavedra”, en una callada pero efectiva actuación, como un publicista que es contratado por los partidos de oposición para idear la campaña del “No”. Los políticos ven esto como la oportunidad para exponer en pantalla los inhumanos abusos que han sufrido durante años, pero para “René” no es más que un producto, uno que no se puede vender con miedo ni mostrando atrocidades, sino con algo “más ligero, simpático”, como él lo describe. “Vender” es la palabra clave, porque de eso se trata la política desde que existe la televisión: de vender una imagen.

Los aliados del “Sí” sabían esto, pero se fueron por lo obvio, por destacar los logros de Pinochet y mostrarlo recibiendo y dándoles besos a mujeres y niños. “Hay que vestirlo de civil, sacarle partido a los ojos azules, a la sonrisa”, comenta uno de los miembros de su gabinete en uno de los momentos satíricos que Larraín inserta en su cautivante narrativa que se balancea entre el documental y la ficción, apuntando sus cañones a la ilusión de la democracia y la manipulación mediática, a veces dejándonos confundidos si la reacción correcta es  reír o llorar. 

“René”, por el contrario, es moderno y, mejor aun, apolítico. Está al día con lo más reciente en la publicidad que llega de Estados Unidos y presenta la opción del “No” como si se tratase de un anuncio de Coca Cola. En una escena Larraín encuadra al personaje acostado en el piso con un tren de juguete que -como las ideas- parece entrar y salir de su cabeza mientras se ingenia cómo unir a los seguidores de 17 partidos políticos además de los indecisos. Su campaña apunta a un ideal contra el que el gobierno no posee ningún arma: la alegría, y su colega, “Luis” (Alfredo Castro), quien trabaja para el “Sí”, sabe que está en aprietos cuando un día escucha a un barrendero silbando el jingle del “No”. 

Larraín borra la división entre la realidad y la ficción grabando la película en vídeo con viejas cámaras de televisión de los años 80 en formato 1.33:1. Es una película estéticamente fea, pero apta e intencionalmente así. No fueron lindos años aquellos. De esta forma es prácticamente imposible discernir entre el material ficticio y el histórico. La campaña que vemos, los discursos, los anuncios, las personas que los protagonizan, son las mismas que los chilenos vieron hace 25 años en televisión. A través de esta estupenda fusión entre el drama y el documental, el director nos transporta en tiempo y espacio a ese hito en la historia de Chile como sólo el cine lo puede hacer. 

*La película estrena mañana exclusivamente en las salas de Fine Arts Cafe.