Ángel “Lito” Román Badillo detalló los gastos, regalos y favores que le hizo al hoy acusado y suspendido juez estatal Manuel Acevedo Hernández a nombre del contador público autorizado Lutgardo Acevedo López, con el fin de sobornarlo para que lo absolviera de un caso criminal.

Además, durante el segundo día de juicio federal, se escucharon conversaciones que grabó el testigo mientras cooperaba con las autoridades federales. Acevedo Hernández está acusado por conspiración y soborno al aceptar dinero en efectivo y regalos por parte de Acevedo López para que lo beneficiara en un caso de homicidio negligente ocurrido el 30 de junio de 2012,

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El testigo, descrito como el intermediario entre el contador público y el acusad, declaró también que cuando la Policía lo detuvo por ir a exceso de velocidad mientras viajaba en el auto con el entonces juez, fue cuando “terminó todo”, en referencia al momento en que comenzó a conocerse el esquema fraudulento en el que están implicados.

Román Badillo, también conocido como “Lito Trampa”, manifestó a preguntas del fiscal Timothy Henwood que los días previos al juicio en contra de Acevedo López por el homicidio negligente del guardia de seguridad Félix Babilonia en medio de un accidente automovilístico en Moca, compartió con el entonces juez que atendería el caso.

De hecho, se escuchó en sala una grabación del 22 de marzo de 2013, tres días antes de que iniciara el juicio en su fondo, en la que Acevedo Hernández le pregunta a Román Badillo si habló con el acusado. “Lito” le dice que sí, “pero está loco”, refiriéndose a que estaba nervioso por el proceso. El suspendido juez contestó: “¿Sí? Está de Imodium”, y ambos se ríen.

En la misma grabación, se escucha al hoy acusado decirle al testigo que: “Si tú le llegas a fallar a ese hombre (Acevedo López), ese hombre te manda a matar a ti”. Román Badillo le responde: “Igual que tú”.

Acevedo Hernández también le menciona que le diga a los abogados del acusado que busquen las listas telefónicas de los celulares de testigos y agentes que estuvieron durante el accidente para ver si estaban “distraídos” y si para el momento de los hechos, los habían llamado “sus chillas, novias, mujeres” y no estaban prestando atención, ya que eso los ayudaría en su defensa en el caso.

El sábado antes del juicio en el Tribunal de Primera Instancia de Aguadilla, Román Badillo llevó a Acevedo Hernández a casa de su tía en Guánica a comprar tres motoras, de las cuales una sería para el juez. Cada una costó $1,200. No obstante, nunca la recibió. Al día siguiente, compartieron en una barbacoa en casa del hoy testigo, y presentaron fotos del entonces magistrado montado en la motora, cocinando, jugando billar y dominó con Román Badillo, con su hermano Saúl Acevedo y su sobrino, Miguel Acevedo.

Durante el caso, Román Badillo relató que Acevedo López le dio un diagrama del lugar del accidente preparado por un perito para que se lo diera el juez, y éste supuestamente dijo que “iban por buen camino” porque le daba fuerza a su defensa el tener un experto que dijera que se trató de un accidente. También le entregaba borradores de mociones a Acevedo Hernández y éste las revisaba.

Román Badillo destacó que los favores y los pagos al entonces juez continuaron aún después de que absolviera a Acevedo López el 27 de marzo de 2013, luego de tres días de juicio que llevó a cabo en Semana Santa a propósito para evitar que tuviese mucha cobertura noticiosa. Después de ese día, Acevedo López le entregó dos cheques al intermediario por $25,000 para reembolsos de gastos del juez.

El sexto testigo de la fiscalía narró que el 5 de abril de 2013, poco después de la absolución, alquiló un carro y buscó al entonces juez bien temprano para llevarlo al Tribunal de Apelaciones para un seminario. En el camino, Román Badillo le decía que se acostumbrara al viaje, dado a que como parte del esquema, buscaban que Acevedo Hernández tuviera una designación como juez de dicho foro.

Román Badillo fue a la tienda Macy’s en Plaza las Américas y le compró dos relojes, yuntas, camisas y corbatas al juez. Lo fue a buscar a eso de las 5:00 p.m. y “paramos a beber” a un negocio cercano. Ya “metidos en palos”, fueron al Rancho de Rafi, en Camuy, donde comieron, bebieron y bailaron, según su testimonio.

Al salir, cuando iban por la carretera #2 en Isabela, la Policía les dio el alto, y el juez botó las bebidas que tenían en el carro por la ventana. El agente Elvis Soto los detuvo y Román Badillo dijo que cuando el policía se dio cuenta que el juez era el pasajero en el auto, le ordenó bajarse por supuestamente notar un “fuerte olor a alcohol” y lo envió más adelante, donde había un bloqueo policiaco.

Al regresar un momento al carro, Román Badillo le dijo a Acevedo Hernández: “Papi, el guardia quiere que me vaya con él”, a lo que el hoy acusado le respondió: “Me ca… en Dios”. Agregó que le dijo que soplara y que estuviera tranquilo.

Cuando llegó al área del bloqueo, habían oficiales que estuvieron en el caso de Acevedo López, lo reconocieron como chofer y empleado del contador público autorizado, y dijeron: “Ahora se sabe lo que pasó en el juicio”, refiriéndose a por qué el juez lo absolvió.

En la prueba de aliento, Román Badillo arrojó .081%. Una capitán de apellido Quintana le dijo al agente Soto que lo dejara ir porque el caso se iba a caer en el tribunal por el margen de error, pero el agente dijo: “Voy a seguir, que se gaste par de chavos en un abogado”.

“Ahí paró todo en ese momento”, relató Román Badillo, refiriéndose al esquema de soborno.

Según su testimonio, en diciembre de 2013, Román Badillo comenzó a cooperar con los agentes del Negociado Federal de Investigaciones (FBI) y grabó una conversación con Acevedo López, en la que le dice que supuestamente había sido contactado por el Internal Revenue Service (IRS). Notó que Acevedo López se puso “paranoico” y le dijo que no le hablara más, que se reunieran en persona.

El 18 de diciembre de 2013, varios meses después sin hablar ni ver al juez, Román Badillo se reunió con Acevedo Hernández y grabó la conversación que sostuvieron en persona, montados en su vehículo. En ella hablaron de varios temas, y se escucha al hoy exjuez decirle que, “el que nos jo… fue el guardia”, refiriéndose a agentes del caso de Acevedo López que lo reconocieron en el incidente del 5 de abril y al agente Soto.

Acevedo Hernández le dijo a Román Badillo que Anaudi Hernández, el recaudador y amigo del Partido Popular Democrático que supuestamente lo ayudaría a “promocionarse” para que lo nombraran como juez del Tribunal de Apelaciones “nunca me llamó, nunca, nunca en la vida”, y que ya en ese momento, si se daba “bien, y sino también, para lo que uno sirve ya”. Agregó en un momento: “Ay mi madre, ese jo… caso”, refiriéndose al caso de Acevedo López. También le dijo a Román Badillo que vendiera la motora.

En enero de 2014, Román Badillo y Acevedo López hicieron un contrato con fecha de un año antes que decía que el contador público estaba invirtiendo en un negocio de barra del primero, que colocó $70,000, pero era para disimular el dinero que le había depositado en sus cuentas con el fin de hacer los pagos de salidas, regalos, remodelación del garaje, entre otros, de Acevedo Hernández.

El abogado Joseph Laws comenzó su contrainterrogatorio a Román Badillo, preguntando sobre casos que ha tenido en tribunales, demandas y quiebras, y sobre los 11 hijos que tiene entre las edades de tres y 19 años de tres mujeres. Su intervención no culminó hoy.

El juicio contra Acevedo Hernández ante un jurado de 10 hombres y seis mujeres –cuatro de estos suplentes- en la sala que preside la jueza presidenta del Tribunal Federal en Puerto Rico, Aida M. Delgado Colón, continúa mañana.