Los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 son más recordados por las controversias y tragedias que ocurrieron allí y que en nada evoca el lema que se le dio al evento de Los Juegos Felices.

Tras el retiro del aval del equipo olímpico de Rodesia y la masacre provocada por el secuestro de atletas israelíes a manos del grupo terrorista palestino conocido como Septiembre Negro, la XX edición de las Olimpiadas terminó con el clásico –y controvertido– encuentro del baloncesto entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética en el juego por la medalla de oro.

En un día como hoy, hace 40 años, los soviéticos derrotaron a los estadounidenses, 51-50, para agenciarse la presea dorada en lo que fue la primera derrota en Juegos Olímpicos para Estados Unidos. Sin embargo, lo relevante de ese partido no es el triunfo soviético, sino la manera controversial en que finalizó.

Los últimos tres segundos fueron una mar de confusiones que llevaron a los oficiales a reanudar el partido en dos ocasiones por circunstancias irregulares, que terminó con Unión Soviética colgándose la medalla de oro y los jugadores norteamericanos rechazando la medalla de plata, primera vez que una presea olímpica no es reclamada.

“Fue un partido cerradísimo. Pero la página la debieron pasar esa misma noche. Los reglamentos se tenían que seguir, y los seres humanos se equivocan”, señaló el secretario emérito de FIBA Américas, Jenaro “Tuto” Marchand, quien estuvo presente en el partido. “Esa controversia ha durado por los perdedores de ese día”.

Mientras ambos países estaban inmersos en la guerra fría, sus conjuntos cumplieron con los pronósticos y llegaron la final del baloncesto olímpico de manera invicta (8-0). La primera mitad fue dominada por los soviéticos, 26-21, pero los dirigidos por Hank Iba se recuperaron al tomar la delantera con tres segundos por jugar. Pero esos últimos tres segundos se convirtieron en los más controversiales en la historia del baloncesto internacional.

Luego que dos tiros libres de Doug Collins le dieran ventaja a Estados Unidos, 50-49, comenzó la polémica cuando la mesa técnica negó un tiempo al entrenador soviético Vladimir Kondrashin.

Unión Soviética sacó el balón, pero la acción se detuvo con un segundo por jugarse debido a la confusión que provocó el tiempo no concedido. Tras un extenso debate entre oficiales de mesa y árbitros, se decidió seguir con el encuentro y los soviéticos tuvieron que sacar otra vez, con tres segundos por jugar, por orden del secretario general de FIBA, Williams Jones, a pesar de que la autoridad en el partido recaía en los árbitros y los oficiales de mesa.

Entonces, se jugó por segunda ocasión, pero la mesa técnica cometió otro error al no regresar el reloj a los tres segundos mientras los jugadores de Estados Unidos celebraban la victoria.

Sin embargo, se tomó la decisión de volver a jugar esos tres segundos y, en esta ocasión, Ivan Edeshko hizo un largo pase desde la línea de base a Aleksandr Belov, quien burló la defensa de los estadounidenses Kevin Joyce y Jim Forbes para lograr el canasto del triunfo soviético.

“Los árbitros aplicaron el reglamento (de ese entonces) tal y como estaba establecido”, comentó, por su parte, Aníbal García, director deportivo de FIBA Américas, y quien fue árbitro con 20 años de experiencia internacional, y 28 en el baloncesto local.

“Estados Unidos fue víctima de esta situación que me imagino seguirá por el resto de la historia”, agregó.

Los norteamericanos protestaron el resultado, pero el jurado de apelaciones denegó el pedido con votación de 3-2, con los tres votos en contra de Hungría, Polonia y Cuba, países que favorecían el bloque soviético de la época. Los votos a favor vinieron de Italia y de Puerto Rico, representado por Rafael López, entonces presidente de la Federación de Baloncesto local.

Los jugadores de Estados Unidos decidieron en forma unánime no aceptar la medalla de plata y esa decisión aún permanece.

Sin embargo, para Marchand, el capítulo debió haberse cerrado hace mucho tiempo.

“Ellos alegan que ganaron el oro, pero ganó la Unión Soviética, de eso no hay duda”, expresó Marchand.