Benito Román: vencedor sobre el mal de las drogas
Por años, fue preso del uso de drogas, pero el béisbol siempre fue una luz de disciplina que le mantuvo viva la esperanza de ser libre.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 14 años.
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Como cientos de miles de personas en Puerto Rico, cuando niño, en las décadas del 1970 y 1980, Benito Román soñó con ser un pelotero de las Grandes Ligas. Su talento para el juego era increíble. Su conocimiento y las destrezas que exhibía desde una temprana edad llamaban la atención de quienes lo veían jugar.
Tan bueno era en el deporte que, desde adolescente, no solo era un peloterito, sino también un dirigente en otras categorías, dedicándose a esa labor alterna como piloto del equipo de su hermano menor, Melvin Román, hoy en día agente de peloteros de las Grandes Ligas tales como Yadier Molina y Pedro Feliciano, entre otros.
Pero Benito Román no era muy disciplinado en otras áreas de la vida en aquellos tiempos. Según él mismo lo recuerda, “era desorganizado en los estudios” y no atrajo interesados en firmarlo como profesional por indisciplinado.
Aun así, en la década del 1980 recibió un ofrecimiento para irse a estudiar en Arizona Western College. Ello pudo ser una puerta a su camino ideal y a una posible carrera como jugador profesional.
“Pero no me quise ir. En la mente se me metió la idea de que no sabía inglés y no tenía hábito de estudios. Me decía constantemente: ‘Vas a fracasar porque le temes al inglés’”, recordó Román.
El cotizado campocorto optó por jugar en la pelota Doble A local, donde fue utilizado mayormente como lanzador. Los escuchas dejaron de verlo como un prospecto en el cuadro interior, y desapareció del radar que lo pudo llevar a su meta.
Eran ya los principios de la década del 1990. Román se matriculó en American University para estudiar un bachillerato en Gerencia Recreativa con una concentración en Educación Física. Por años ya había reconocido que enseñar béisbol era una vocación.
Pero con el pase a la vida universitaria llegaron otras cosas que por años fueron destructivas para Román y su familia.
“Muchas personas dicen que la presión de grupo no existe, pero yo digo que es todo lo contrario. Por mi inmadurez y querer ser del grupito del pariseo en la universidad, caí. Comencé a estar en el entra y sale del vicio. Fue bien difícil salir”, indicó Román, quien estuvo preso del vicio de diferentes sustancias controladas por más de 10 años.
Con el proceso llegaron muchos fantasmas que le afectaron grandemente. Su madre, Iris V. Cruz, murió en el 2003 sin ver a su hijo libre de las drogas. Su deceso, a la larga, pasó a convertirse en su principal motivación para brincar el obstáculo de la drogadicción.
“Sin la ayuda de mi familia no lo hubiese logrado. Me hubiese gustado que mi mamá viera mi recuperación, pero no sucedió”, dijo antes de hacer una pausa cuando un taco le detuvo su capacidad de expresarse mientras sus ojos se llenaron de lágrimas.
Ese camino Román lo inició al ingresar al programa de Hogares Crea. Fue allí, contando nuevamente con el apoyo de su hermano y de su esposa Nancy Ivette, que Román logró superar al monstruo que casi destruía su vida.
Y el béisbol también estaba presente.
“Por años, en mi entra y sale, yo seguía entrenando muchachos. Por mis experiencias anteriores sabía que el béisbol era una de las cosas que me iban a ayudar a fortalecer cuando decidiera identificar que tenía un problema. En mi inmadurez, yo veía el béisbol como un juego. Pero ahora no es así. Sé que esto es algo más, es una terapia... una relación familiar… es disciplina. Esto es mucho más que batear y fildear”, destacó Román.
Esa relación con la pelota ya tiene más de 30 años y cientos de peloteros profesionales y colegiales han pasado por sus manos.
Y es que Román tiene un talento natural para enseñar el deporte. La fama de eso es harto conocida en el área de Bayamón, Levittown y áreas limítrofes. Equipos de muchos pueblos le han pagado por años para que vaya a impartir instrucciones y entrenar sus novenas. También son múltiples los padres que lo contratan como entrenador personal de jóvenes con aspiraciones a firmar como profesionales o ser becados por colegiales. Algunos de sus productos son los ex grandes ligas José “Cheo” Rosado y Ramón Vázquez, entre muchos otros.
“Soy una carta abierta. Los padres de los chicos que entreno saben lo que he vivido y de dónde vengo”, dijo Román.
Ese pasado es hoy una virtud. En su trayectoria como entrenador, Román se ha visto reflejado en muchos niños que muestran actitudes parecidas a las que él tuvo cuando desvió su camino. En cambio, ahora él ayuda a otros a no seguir sus viejos pasos.
“Les digo: ‘Yo también hacía todas esas cosas cuando joven y ese tipo de cosas me trajo problemas’. Les recuerdo que, cuando yo jugaba, era peor que ellos. No tenía ninguna disciplina y caí en lo bajo. Les hablo de mi recuperación y que me di cuenta que esa actitud no va para ningún lado. No quiero que ellos pasen por donde yo pasé. Yo fallé, pero ellos no tienen por qué hacerlo”, agregó.
Román, quien incluso llegó a ser director del centro Hogar Crea de Río Plantation, en Toa Baja, hoy vive feliz luego de salir del infierno de las drogas que por tantos años lo mantuvo preso. Y, sobre todo, está contento de poner su granito de arena para levantar buenos ciudadanos.
“Eso es algo brutal, ver cómo muchachos que se dejaron llevar por mí me traen a sus hijos para que yo también los entrene. Ver cómo se acuerdan de mí a pesar de que me desaparecí. Me quedo sin palabras al sentir que, a pesar de todo, aún confían en mí” , dijo Román.
“Esos niños yo los veo como cuando vi a mi hermano crecer. Lo que quiero es llevarlos por el buen camino. Que ellos se sientan orgullosos de lo que hacen y logran. No pienso en que todos sean grandesligas, sólo que se conviertan en ciudadanos de provecho para mejorar la calidad de vida del país”, agregó Román, quien entrena atletas mediante el B.R.C. Baseball en el parque Calcaño Alicea de Bayamón.
Para Román, la principal lección a enseñarle a sus atletas es que la vida misma es un juego en el que se puede perder y ganar.
“Ganar y perder no es lo primordial en el deporte. Esto (ser atleta) es una oportunidad de crecer como ser humano, extender la familia, cosechar amistades, tener disciplina y demostrar todos esos valores que dicen que la juventud ha perdido”.
Por muchos años, él perdió, pero hoy, Benito Román es un ganador.

