Lusail, Qatar. Con la zurda providencial de Lionel Messi, Argentina amplió su paternidad sobre México en mundiales y se puso en carrera para los octavos de final.

El capitán, que había estado bien controlado por la defensa mexicana, sacó un latigazo de zurda desde fuera del área a los 64 minutos que abrió el camino de la victoria 2-0 el sábado en el estadio Lusail por el Grupo C y reanimó su propio sueño de levantar el trofeo en su quinta Copa Mundial.

El volante Enzo Fernández le puso moño al triunfo con un exquisito derechazo al ángulo a los 87 minutos.

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Con este resultado, la Albiceleste sumó sus primeros tres puntos en la zona, que lidera Polonia con cuatro unidades tras vencer más temprano 2-0 a Arabia Saudí. Los Halcones Verdes tienen tres, mientras México cierra con un sólo punto.

Para clasificarse a la siguiente instancia, los argentinos necesitan ganarle a Polonia el próximo miércoles en la última fecha de la fase de grupos.

México - que perdió los cuatro duelos que disputó ante Argentina en mundiales - no depende de sí mismo: debe ganarle a Arabia Saudí en la última fecha y esperar a que Argentina no haga lo propio con Polonia.

Tras un primer tiempo errático como todo su equipo y sin imponerse nunca en el mano a mano, Messi apareció con todo esplendor en el momento de mayor confusión de Argentina: Ángel Di María, su socio en el ataque desde hace más de una década, desbordó por derecha y lo asistió. El Diez, extrañamente sin custodia, acomodó la pelota con el muslo y sacó el tiro que entró pegado al palo del arquero Guillermo Ochoa.

Fue el octavo gol del astro en su vigésimo partido en mundiales, todos en la fase de grupos.

Fernández festejó el suyo tras recibir corto un tiro de esquina, eludió a Erick Gutiérrez y clavó el derechazo en el ángulo.

Argentina, campeón en 1978 y 1986, venía de sufrir una de sus derrotas más humillantes en mundiales 2-1 ante Arabia Saudí en el debut, que puso fin al récord nacional de 36 partidos invicto y complicó los planes de los dirigidos por Lionel Scaloni, considerados a priori uno de los grandes favoritos a quedarse con el certamen.

Con la soga el cuello, el estratega cambió medio equipo para el duelo ante los mexicanos, que habían empatado sin goles ante los europeos en la primera jornada. El zaguero Cristian Romero, los laterales Nahuel Molina y Nicolás Tagliafico y los mediocampistas Leandro Paredes y Alejandro Gómez salieron por Lisandro Martínez, Gonzalo Montiel, Marcos Acuña, Guido Rodríguez — único jugador argentino del plantel que jugó en el fútbol mexicano — y Alexis Mac Allister, respectivamente.

El Tri, por su parte, cargaba sobre sus espaldas con un historial desfavorable en mundiales (0-3) contra los sudamericanos, responsables de obstruirle en dos ocasiones (2006 y 2010) el pase a los cuartos de final que se le niega desde 1986.

El técnico argentino Gerardo Martino sorprendió en México con una línea de cinco defensores y con Hirving Lozano como falso 9, en un esquema que incluyó tres cambios de nombres respecto al debut, con los ingresos de Kevin Álvarez, Néstor Araujo y Andrés Guardado por Jorge Sánchez, Edson Álvarez y Henry Martín, respectivamente.

A la cancha, salieron tres jugadores con cinco mundiales: Messi por Argentina, Ochoa y el capitán Guardado por el Tri. Este último apenas jugó 40 minutos y fue sustituido por Gutiérrez a causa de una molestia en el muslo derecho.

México en bloque cortó astutamente el circuito de juego de Argentina y tuvo las ocasiones más claras de la primera parte cuando tras un tiro libre de Guardado desde la izquierda, el balón merodeó peligrosamente el área albiceleste, pero ningún mexicano llegó empujarla a los 10 minutos.

Por la misma vía, Alexis Vega ejecutó una falta fuera del área que tenía destino de red, pero fue controlado por el arquero argentino Emiliano Martínez a los 43.

Sin profundidad ofensiva, la Albiceleste sólo inquietó con un tiro libre de Messi cercano al tiro de esquina que fue directo al arco y el arquero “Memo” Ochoa despejó con los puños.

El pecado de México en la segunda parte fue retrasarse para defender un empate que no le disgustaba. Y otro más: descuidar a Messi.

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