Muy feliz. Así describió Lydia Echevarría su estado de ánimo tras finalizar un servicio religioso en memoria de su hija, Glendaly Vigoreaux, quien se suicidó el martes según informes policiacos de Glendale, Arizona, donde residía.

“Venimos de la casa mortuoria. Ella estaba preciosa. Yo estoy feliz, fue un momento mágico porque ella cargaba con un dolor. Tengo un gozo espiritual”, confesó a este diario la actriz puertorriqueña desde la ciudad de Phoenix, donde se despidió de su hija.


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Aún en la capilla donde se celebró la ceremonia, Lydia Echevarría dijo que todavía no se había decidido si los restos de Glendaly, a quien procreó con el fallecido animador Luis Vigoreaux, serían cremados o enterrados.

“Ésa será una decisión de su esposo (Paul Hacker) y sus hermanos (Luis Alberto Cruz Echevarría y Vanessa Vigoreaux Echevarría). Todavía no se sabe qué haremos”, detalló.

“Eso sí, yo exigí firmemente que me dejaran verla antes de embalsamarla. Yo misma escogí el traje y se veía hermosa, preciosa, divina. Lo único que le faltaba era su sonrisa”, contó serena.

Según Lydia, la salud de Glendaly empezó a afectarse “por tantas pastillas que empezaron a darle los médicos. Ella era naturista y estaba manteniendo su salud, pero ella no quiso angustiar más a su gente y nadie de allá (Puerto Rico) tiene que pasar juicio sobre eso”, concluyó.

La artista dijo que permanecería estas semanas junto a Vanessa y Luis Alberto. Aseguró que mantiene una buena relación con Paul Hacker, una persona “muy sensible, muy sentimental, que amó a Glenda muchísimo, que la adoró”.