Antonio Cabán Vale “El Topo” canta con el corazón

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 16 años.
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No se canta sólo por cantar. El arte de cantar envuelve sacrificio, entrega, hay que sentir lo que se dice y decir lo que se siente.
Antonio Cabán Vale “El Topo” vive la música con sentimiento, con respeto, con sinceridad, por eso la escogió como oficio cuando creía que no servía para nada.
Mi oficio es, justamente, el título de su disco número 30 y también de la letra del trovador Edgardo Villanueva, cuyos versos definen lo que es un verdadero cantor.
“El ser cantor en sí mismo es una cosa que es parte de tu naturaleza, del equipo natural con el que uno viene...”, detalla el mocano de 67 años.
“El beneficio es expresar los sentimientos humanos, las condiciones de vida de un pueblo... en el canto mismo está la satisfacción”.
En sus 40 años de quehacer cultural, El Topo confiesa que ha vivido momentos felices y tristes, pero siempre prevalece la satisfacción de estar activo en lo que quiso ser.
“Es difícil, porque tiene unas circunstancias de un trabajo que es íntimo, es un espacio de soledad contigo mismo, de reflexiones, y tienes que ser una persona de valentía, porque tienes que decir las cosas como son, no puedes taparte, tienes que ser sincero con tu gente y contigo mismo”, afirma con la sabiduría que le dan las canas que enmarcan su rostro.
El Topo, mote que le puso el poeta José Manuel Torres, ha ido pintando su poesía musical según “el devenir del tiempo” sin sacrificar el sentido sociopolítico que da forma a sus composiciones.
“Yo buscaba hacer una producción que tuviera variedad musical, que sonara diferente, que cada canción fuera en sí misma un objeto particular”, detalla.
Su repertorio lo adornó con el acompañamiento de colegas amigos como Domingo Quiñones, Humberto Ramírez, Roy Brown, Tito Auger y las agrupaciones Conjunto Típico Boricua y Plena Libre.
“(El disco) dice lo que hay que decir; tiene lo que es más difícil, que es la sencillez con profundidad, con sentido”, anota.
Seguir creando parece ser la medicina que lo mantiene activo, a pesar de la diabetes y su lucha “dolorosa” con el alcohol.
“Me siento bastante bien... yo soy diabético y he tenido que lidiar también con las circunstancias personales de la vida, el alcohol es una de las cosas que ya la tengo bastante con un dominio, pero eso está ahí siempre, hay que estar pendiente de las recaídas, es todo un esfuerzo, un trabajo personal”.
Verse arrastrado por la bebida es un temor latente.
“La vida siempre tiene un factor de riesgo y de temeridad, y ésos son los asuntos que nos toca a toda persona que esté viva y que esté activa y viviendo la vida a plenitud”, sostiene.
El Topo sabe que este año celebrará en un recital sus cuatro décadas artísticas y casi la misma edad del clásico Verde luz.
¿Cuántos más después de los 40? Nadie lo sabe.
“Yo creo que una de las realidades que tiene este oficio es que tú no te puedes quitar de él, porque es consecuencia de la conciencia y de la expresión del sentimiento y de lo que tú sientes y crees”.
“Solamente cuando uno se despida de la vida, esto se acaba, pero otro tomará el batón y seguirá”, concluye.

