La necesidad de promover y ampliar los programas para adultos mayores en las universidades, y al mismo tiempo conseguir un cambio de mentalidad entre la población, para que acepten, aprovechen y disfruten esa mayor participación, fueron algunos de los aspectos más relevantes que salieron a relucir en la vista pública que celebró la Comisión de Adultos Mayores y Bienestar Social de la Cámara de Representantes en torno a la Resolución de la Cámara 373.

Esa medida busca ordenar la investigación sobre la disponibilidad, accesibilidad, alcance y efectividad del modelo educativo conocido como “lifelong learning”, o aprendizaje a lo largo de la vida, así como su implementación en Puerto Rico, sobre todo ante el cambio demográfico que viene experimentando la Isla, donde los adultos mayores constituyen ya una tercera parte de la población.

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El grupo de deponentes coincidió tanto en su respaldo a la medida como en la necesidad de que se haga un mayor esfuerzo en difundir los programas existentes para los adultos mayores y acercar a esa población a los centros y universidades que los ofrecen, como parte de una política pública dirigida a fomentar el concepto de “lifelong learning”, o aprendizaje a lo largo de la vida, que está cobrando auge en otras naciones.

José Acarón Rodríguez, director estatal de la organización AARP, entidad que promueve el bienestar de los adultos mayores, repasó varios de los programas que existen dirigidos a los adultos, como el Programa de Adultos del Departamento de Educación, el programa Avance de la Universidad Interamericana, el programa Sagrado Global del Universidad del Sagrado Corazón, el programa educación continua para adultos (PECA) y la división de educación continua y estudios profesionales (DECEP) de la Universidad de Puerto Rico, entre otros.

Sin embargo, resaltó que la cultura de aprendizaje continuo no está plenamente integrada en todos los sectores, sino más bien suele limitarse a algunas profesiones que requieren educación continua por obligación reglamentaria.

Agregó que la adopción de este concepto podría abrir nuevas oportunidades a las universidades, así como otros centros educativos y empleadores, para crear nuevas carreras, microcredenciales y especializaciones a diversos niveles, a través de programas flexibles, accesibles y pertinentes.

En otras palabras, subrayó Acarón, diversificar la matrícula no solo sería un esfuerzo de reclutamiento, sino también “una estrategia institucional que fortalece la sostenibilidad financiera, mejora la calidad académica y cumple con la misión pública de democratizar el conocimiento”.

En diciembre pasdado, Mariela Quintero compartió con Primera Hora que se preparaba para licenciarse en masaje terapéutico clínico.
En diciembre pasdado, Mariela Quintero compartió con Primera Hora que se preparaba para licenciarse en masaje terapéutico clínico. (Suministrada)

El profesor Carlos Rom Goris, director de la facultad de empresas del Recinto Metropolitano de la Universidad Interamericana, explicó que la educación a lo largo de la vida puede verse en dos vertientes, una dirigida a personas en edad laboral que desean adquirir nuevas competencias, actualizar destrezas o acceder a nuevas oportunidades de empleo; y la otra orientada a personas adultas mayores, incluyendo jubilados, que desean continuar aprendiendo por motivaciones personales, culturales, sociales o cognitivas, y que no necesariamente persiguen credenciales ni inserción laboral inmediata, sino fortalecer su bienestar integral y tener una participación social más activa y estimulación intelectual.

Sostuvo que la Inter cuenta con “experiencias concretas y sostenidas que evidencian la viabilidad y el impacto positivo del aprendizaje a lo largo de la vida” para ambos grupos, tales como el proyecto Universidad Sin Grado, un programa no conducente a grado que va ya por 11 ediciones y está dirigido principalmente a adultos mayores interesados en temas de humanidades, cultura, historia, filosofía, literatura y pensamiento crítico.

También destacó el programa AVANCE, dirigido a personas que no completaron estudios universitarios o nunca iniciaron una carrera formal.

Resaltó que “el ‘lifelong learning’ no solo beneficia a los adultos mayores o la fuerza laboral madura, sino que fortalece el capital humano del País, promueve el envejecimiento activo, reduce la exclusión social y contribuye a una cultura de aprendizaje permanente que trasciende los límites tradicionales de la educación formal”.

De manera similar, la doctora Gloria M. Viscasillas, directora ejecutiva de la Alianza Multisectorial Echar Pa’lante, resaltó el valor de la educación a lo largo de la vida.

Enfatizó en el tema de desarrollo de la tecnología y la inteligencia artificial y su impacto en todos los aspectos de la vida, en particular la vida de los adultos mayores, y la necesidad de capacitarlos adecuadamente con destrezas que les permitan valerse por sí mismos.

También la doctora Zobeida González Raimundí, profesora universitaria y estudiosa del tema de adultos mayores, que acudió en su carácter personal, se unió a las expresiones de respaldo a la medida y sus objetivos, citando expresiones de adultos mayores participantes de programas universitarios y resaltando lo incomparable de “las caras de felicidad de esos compañeros que alcanza un grado universitario después de los 50 años”.

No obstante, los panelistas coincidieron en la necesidad de informar a la población sobre estos programas y las ayudas económicas disponibles para acceder a ellos, así como las diferentes modalidades disponibles.

“Tiene que haber un cambio cultural y estructural en el sistema en Puerto Rico. Si hablas con las universidades, te dicen, ‘sí, la gente puede venir’. Pero todas sus promociones son para muchachitos de 17 y 19 años. Los programas (para adultos) no se promocionan. Las universidades se perciben como un espacio inclusivo para gente joven. Y creo que es importante que aquí tiene que involucrarse también la industria privada para promover que la gente continúe estudiando y preparándose”, comentó Acarón.

“Tenemos que cambiar lo que siempre hemos pensado, que la gente se gradúa de universidad y (piensa) ya terminé de estudiar. Tú tienes que continuar estudiando y creciendo, tanto personal como profesionalmente”.

Mariela Quintero es estudiante universitaria y sus profesores son su hija, Edna Rocío Velázquez, y su nieto, Luis Flores.

El profesor Rom Goris abundó que actualmente muchas universidades ofrecen programas de educación a distancia de los que pueden beneficiarse aquellas personas que viven en lugares más distantes o que tienen alguna dificultad de movilidad.

“Se ha desarrollado una educación híbrida que es a distancia, pero es presencial”, indicó, comentando que esa misma noche tenía una clase que ofrece a través de la plataforma Teams, en la que participan estudiantes en Puerto Rico, Florida y uno que está en Dakota del Norte.

Explicó que, en el caso del programa AVANCE, “reconoce las necesidades y las limitaciones de ese adulto en un momento dado” y sus clases son “complementarias entre presencial y clases a través de métodos asincrónicos”.

Agregó que las Inter y otras universidades, desde hace años, “reconocen las experiencias laborales de las personas y las certificamos y acreditamos como créditos académicos”.

La doctora Viscasillas insistió en que, con todos los cambios tecnológicos que se avecinan, va a cambiar drásticamente el mundo laboral, y la educación en general tiene que cambiar a un enfoque de “preparar a la gente para que esté ocupada”.

“Lo peor que le puede pasar a un ser humano es estar desocupado. Eso en lo que va a resultar es en problemas de salud mental. Y no queremos tener un porciento amplio de la población, mayor al que ya tenemos, con problemas de salud mental”, sostuvo, llamando a “estudiar los retos y posibilidades que tenemos y diseñar unos programas nuevos”.

La doctora González, que hizo su último grado universitario siendo adulta mayor, calificó de “extraordinariamente importantes” los programas dirigidos a la enseñanza a lo largo de la vida, y comentando sobre experiencias de la sorpresa de adultos mayores al hablarle de las oportunidades que existen y las ayudas económicas disponibles, exhortó a que se hicieran mayores esfuerzos para dar a conocer esas oportunidades de “lifelong learning”, de manera que “todos los ciudadanos sepamos que tenemos la misma oportunidad de acercarnos a ese recinto, que ahora lo tenemos mucho más cercano a la casa, y entrar en este mundo tan maravilloso”.

“Tenemos unas ideas que hemos venido elaborando hace algún tiempo, pero en primer lugar debe darse a conocer que esto existe, que la gente de cualquier punto de la isla pueda conocerlo, que esa persona que tiene ese deseo de ir a la universidad, pero no se atreve, ‘yo creo que voy a ser la más adulta allí, no sé si tengo derecho, no sé a dónde ir, a quién preguntar’, pues que se conozca esto, que a través de acuerdos colaborativos entre las instituciones universitarias, los gobiernos, tanto municipal como estatal, y la empresa privada den a conocer estas oportunidades que están disponibles para todas las personas y particularmente para el adulto mayor”, exhortó la profesora, llamando también a que “se incentive económicamente” para que la persona de escasos recursos pueda también acercarse a la universidad sin el temor de que no pueda sufragar los gastos que conlleva.

El profesor Rom Goris, sin embargo, subrayó que, además de esa promoción, “también tiene que haber receptividad de que la otra parte reconozca que esto es algo que le va a convenir”.

Comoquiera, insistió en que “las universidades tenemos que movernos de ser simplemente una etapa en la juventud a un socio intelectual para toda la vida, y ese es rol que nosotros estamos buscando, y es la visión que estamos buscando”.

Además del presidente de la Comisión de Adultos Mayores y Bienestar Social, Ricardo Ocasio Ramos, también participaron de la vista los representantes Luis Pérez Ocasio, Nelie Lebrón Robles y Sergio E. Estévez Vélez y Lisie J. Burgos Muñiz.