Comunidad ponceña lamenta asesinato de sacerdote
“Mirar la parroquia, mirar cada esquina, mirar el altar, mirar donde está el Altísimo, es verlo a él”, dijo una feligrés.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 7 años.
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“Mirar la parroquia, mirar cada esquina, mirar el altar, mirar donde está el Altísimo, es verlo a él”.
Eso confesó la ponceña Joseline Medina Font al tratar de explicar el vacío que ocasionó la muerte del sacerdote polaco Stanislaw Szczepanik entre los feligreses de la parroquia La Milagrosa de Ponce.
Sobre todo, al enterarse que el fallecimiento del cura fue resultado de un “severo trauma corporal” propinado por alguien que lo atacó el viernes, 16 de agosto cuando corría bicicleta por el Paseo Lineal que conecta con la iglesia ubicada en la calle Guadalupe; según reveló la autopsia divulgada el pasado viernes.
Pero Medina Font jamás pensó que las fotografías que le tomó al padre Szczepanik el día antes del desgraciado incidente, eran las que usarían para notificar su desaparición.
“Fue bien impactante, ese día que desapareció yo estaba en la parroquia, fui parte de los que iniciamos la búsqueda, pero no lo encontramos. Fui parte de los que ayudaron a identificarlo, porque las fotos que subieron a Facebook las había tomado yo el día antes en la coronación de la Virgen y para nuestra familia fue bien impactante saber lo que le había pasado”, manifestó Medina quien es ministro de la Eucaristía en esa parroquia.
“Siempre tuvimos la sospecha de que había sido atacado, pues por el área, porque nosotros somos de esta área, pero cuando sale oficialmente, obviamente no fue más que comprobar lo que ya pensábamos. Pero la pérdida es irreparable, no tengo palabras para describir a ese padre como amigo, como ser humano, de verdad que es una pérdida irreparable”, agregó la mujer que conoció al padre Stanislaw desde que llegó a su parroquia hace unos tres años.
Medina resaltó la espiritualidad del párroco asesinado, ya que su estrecha relación se alimentó al asistir diariamente a la iglesia católica de donde también es vecina.
“La noticia consternó a todos; él era muy querido por toda la parroquia, desde niños hasta jóvenes en los grupos parroquiales, las personas de la parroquia y los que venían de visita que lo conocieron. Siempre tenían algo positivo que hablar de él”, aseguró Medina, cuyo esposo también es servidor del altar.
“Hablabas con él y sentías paz, te confesabas con él y salías en las nubes; como persona él era muy buen amigo, jocoso en el sentido de que le gustaba hablar de su país, de lo que él hacía allá, lo que hacía acá, cómo le gustaba la carpintería, él hablaba de todo. También nos enseñaba porque le gustaba enseñar, al igual que padre Sócrates, pero al ser un poco mayor, pues el contacto con él fue diferente, bien espiritual”, reafirmó.
De acuerdo con Medina Font, el sacerdote no acostumbraba a tomar la ruta a donde se registró el ataque.
“Él siempre salía, usualmente no cogía esa ruta, a veces cogía para el pueblo, pero ese día le dio con coger esa ruta. Él era una persona tan humilde que de mirarlo sabías que no tenía nada encima y no te podría dar una opinión sobre eso, porque, ¿robarle la bicicleta? No, porque tampoco era una bicicleta cara, era una bicicleta para él distraerse”, señaló.
“Ahora su ausencia es bien fuerte. Mirar al altar es verlo a él, se siente su paz, porque todo eso él lo restauró y nosotros estábamos cuando él estaba restaurando”, expresó la fémina al pedir “a la ciudadanía que ayude a esclarecer, porque algo así no puede quedar impune y a orar por el padre Sócrates para que Dios le brinde paz, se quedó solo”.
En tanto, Rebeca Alvarado quien también acude a esa parroquia, lamentó la muerte del sacerdote “y más al saber que lo mataron a golpes”.
“Esto para nosotros es algo bien grande y bien doloroso, porque desde un principio dijeron que había sido una caída y ahora, al salir esa información de la autopsia ha sido algo bien doloroso. El padre era un excelente ser humano, bien bueno, una persona bien humilde y no se merecía morir así”, sostuvo Alvarado, vecina del sector que colinda con la iglesia.
“Todavía estamos en un periodo de aceptación; yo no he tenido el valor de regresar a la parroquia y me ha impactado tanto su muerte que ni al sepelio pude ir. ¡Es sorprendente que la criminalidad haya llegado hasta ese extremo, era un sacerdote!”, lamentó la ponceña de 61 años.
De otra parte, Alvarado aseguró que, como vecinos del sector Betances, temen por su seguridad.
“Imagínate, no nos sentimos seguros ya que esta área de Betances, lo que viene siendo el área donde está La Milagrosa (iglesia) en la Guadalupe, toda esta área se ha convertido en una comunidad de la tercera edad, casi no se ven niños ni jóvenes y entonces, uno sale con temor”, argumentó.
“Durante el día, si tu vienes, las calles están desoladas, igual que en las noches, este barrio parece un cementerio porque todo el mundo se recoge temprano y nos quedamos encerrados. No hay seguridad, ni la Policía da rondas ni nada”, denunció.
El sacerdote polaco quien pertenecía a la orden de los Padres Paules falleció el sábado, 17 de agosto en la institución hospitalaria donde permanecía recluido debido a los múltiples traumas en su cuerpo ocasionados por una persona que todavía no ha sido identificada.


