A pensar las cosas dos veces para no terminar en prisión
El programa Abrazando la libertad podría ser efectivo si se combina con prevención, deportes y comunicación.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 14 años.
PUBLICIDAD
El programa Abrazando la libertad es un buen intento para evitar que jóvenes se conviertan en delincuentes en el futuro, pero hace falta más.
Así opinó el sociólogo José Rodríguez, quien indicó que estudios demuestran que programas de exposición a afectos adversos como éste, “no son muy efectivos que digamos”.
“Aunque para algunos individuos pudiese ser como un inhibidor de ciertas conductas, para otros, no”, destacó Rodríguez.
Señaló que podría ser muy efectivo si se combina con programas de prevención, como de deportes, comunicación, valores y cívicos.
“Es como cuando llevas a un joven a ver una autopsia de un pulmón de un individuo que falleció por cáncer de pulmón para tratar de evitar que fume. Para algunos, eso puede ser lo único que necesite para influir que no fume, pero la realidad social es más compleja. Un solo elemento no explica todo lo que puede pasar”, manifestó el sociólogo.
Se mostró satisfecho con el programa, pero recalcó que para medir su efectividad, hay que esperar a mediano y largo plazo, pero que la literatura refleja que el término de efectividad “es reservado”.
“Algunos podrán decir: ‘No voy a hacer tal cosa porque sino, mira lo que me puede pasar’. Pero a otros, por sus condiciones de vida, puede ser que no les importe mucho”, agregó Rodríguez.
Por su parte, el psicólogo Carlos Andújar dio la bienvenida al programa porque “creo que puede sensibilizar a los estudiantes de cuál es la realidad de la cárcel”.
Expresó que debe estudiarse si se ha hecho en otros lugares y si ha sido efectivo.
“Les están dando una muestra de lo que vas a encontrar cuando te procesan y te ingresan en una institución carcelaria. Puede ser útil si es una muestra lo más realista posible y no un ejercicio de relaciones públicas”, opinó Andújar.
“Esto los hará pensar las cosas dos veces, especialmente a jóvenes que están en áreas propensas a la criminalidad. Muchos que salen de la cárcel lo cuentan, pero verlo y vivirlo es otra cosa. Ahora pueden decir: 'Qué chévere es la libertad'”, expresó el psicólogo.
Los propios confinados que dieron las charlas a los participantes opinaron que es un buen programa.
“Hace falta esto y muchas cosas más. Los jóvenes tienen que estar dispuestos a cambiar su manera de pensar. Que sigan adelante y no pasen por lo que nosotros hemos tenido que pasar. La educación te hace libre y el conocimiento es algo que nadie te puede quitar”, expresó Alexander Nieves, quien cumple una pena de 99 años por asesinato en primer grado cometido en 1992.
A sus 37 años, Nieves se rehabilitó y da charlas para compartir su experiencia.
Reconoció que si hubiese recibido la experiencia del programa Abrazando la libertad cuando era joven, “a lo mejor no estaría aquí”.
“Hubiese pensado mejor las cosas. El problema no era en mi casa. Fueron las presiones de grupos. Saber cómo se vive aquí de antemano, siendo un alma libre atada a cuatro paredes, afecta”, recalcó Nieves.
En un principio, Alexis Martínez, de 35 años, confesó que si hubiese vivido esa experiencia a los 16 o 17 años, “no me hubiese importado” por el estado de rebeldía en el que estaba.
Pero luego dijo que posiblemente “me hubiese detenido a pensar”.
“Me hubiese gustado mucho recibir la impresión que se están llevando. De ese portón para acá es una subcultura. Aquí vienen los inocentes, los guapos, los agresivos, los humildes, y hay que subsistir con esas presiones”, indicó Martínez, quien cumple 99 años por un asesinato cometido en 1994.
Ambos destacaron que, si pudiesen volver para atrás en el tiempo, no hubiesen dejado la escuela.

