Querer es poder.

Un grupo de mujeres es ejemplo concreto de esta frase que día a día superan cualquier obstáculo para seguir adelante.

Y es que la fundación Forjando un Nuevo Comienzo lleva 12 años ayudando específicamente a mujeres y madres solteras con sus hijos y que necesitan ayuda para conseguir trabajo.

Su directora, Moraima Oyola, es el vivo ejemplo de que no importa qué, hay que seguir adelante y ayudar a los demás.

Cuando tenía 10 años, su padre quemó la casa con ella y sus tres hermanos adentro. Gracias a Dios, sobrevivieron.

“Nos criamos en un ambiente de dolor y maltrato por 16 años. Me di cuenta de que si algo va a ocurrir, depende de mí”, expresó la también conferenciante de motivación.

Recordó que cuando tenía 10 años, su padre le reventó una botella de cristal en los pies. Mientras bajaba la sangre, “él me decía que recordara que soy una basura y que no iba a ser nadie en la vida”.

Ese pensamiento la marcó y hasta trabajó en un vertedero a los 13 años.

Hasta que un día, con la ayuda de sus hermanos Ariel y Amaury, decidieron convertir su experiencia negativa en una positiva y de ayuda a los demás.

Fue entonces que surgió la organización que pretende darle adiestramientos y ayuda para conseguir empleo a madres solteras, además de ofrecer tutorías a sus hijos, ayuda psicológica y charlas de cómo ser mejores madres.

La fundación tiene acuerdos con 12 empresas para colocar allí a las mujeres que trabajan cuatro horas diarias, pagadas por la organización.

“La idea es que al año sean contratadas por la empresa. Sino, seguimos buscándole alternativas”, indicó Oyola.

Hasta el momento, han ayudado a más de 200 mujeres.

Recientemente 40 de ellas se convirtieron en handywomen cuando recibieron adiestramientos de electricidad, plomería, mecánica y otros, y al final recibieron una caja de herramientas entregada por la primera dama, Lucé Vela.

“La mejor caja de herramientas en la Fortaleza la tengo yo. El conocimiento es la mejor caja de herramientas que pueden tener”, les dijo Vela a las participantes, y dijo que le gusta arreglar las cosas en su hogar, por lo que a veces le regalan tarjetas de regalo de ferreterías.

Cuando llegó, estaban montando receptáculos de luz y Vela preguntó: “¿Tumbaron el breaker?”, y le aseguraron que sí.

“Yo hago plomería, macillar, pero electricidad, tengo que decir que le tengo un poco de respeto”, manifestó la Primera Dama.

El propósito de los talleres es que las participantes no tengan que depender de otros para hacer arreglos alrededor del hogar, además de que muchas veces no lo pueden pagar. Oyola indicó que, además, de esta iniciativa podría salir una microempresa.

“Cuidado a los handyman por ahí que cobran $80, que ellas podrían hacerlo por $40”, expresó Oyola ante las participantes, que gritaron “sí”.

Una de las participantes, Ivette Báez, llegó a la fundación a los 17 años con un bebé. Era desertora escolar y no sabía a dónde acudir.

“Me ayudaron a terminar mi cuarto año y a conseguir trabajo. Ahora trabajo en el Municipio de Guaynabo como ama de llaves de personas encamadas. Si no fuera por la fundación, uno no sabe qué sería de uno. Me ayudan en todo. Es una familia para mí”, expresó Báez, quien ahora tiene 28 años.

Destacó que tiene dos hijos, de 13 y 9 años, y que el mayor estuvo un año en probatoria por una falta cometida, y en la fundación los ayudaron en el proceso y “me han ayudado a ser mejor madre”.

La vecina del barrio Mamey II, en Guaynabo, destacó que tomó los talleres de electricidad, plomería y mecánica “para saber de todo”.

Marielí Caraballo tuvo problemas con dos de sus tres hijos por mala conducta y malas notas, y uno estuvo en probatoria por un altercado con otro estudiante.

Llegó a la fundación el año pasado y ahora sus tres hijos de 17, 14 y 13 años “no han mejorado del todo, pero sí han mejorado un montón” recibiendo ayuda y tutorías en la fundación.

“A mí me han ayudado a bregar mejor con ellos (específicamente con los varones de 14 y 13 años). En vez de gritar, dialogar con ellos, ser más conversadora. Aquí nos hemos reido y llorado un montón”, reflexionó la técnica de uñas.

Las tutorías se ofrecieron en coordinación con el programa Nido del Departamento de la Familia, que ayuda a alumnos con rezago académico y ayuda social.

Muchos de los talleres y ayudantes de la fundación son ex confinados y deambulantes rehabilitados, como José Luis Guzmán, quien llegó hace seis meses al Hogar Amparo y ahora ayuda con la organización.

“Soy participante estrella del Hogar Amparo”, dijo con orgullo el joven de 30 años.

Relató que perdió a su madre por un tumor y a su padre por el vicio de las drogas cuando tenía nueve años. Creció en hogares sustitutos, hasta que a los 12 años se fue a deambular porque “no me gustaba cómo me trataban”.

No quiso entrar en detalles de todos los años que estuvo en la calle, pero ahora celebra que “me levanté y ahora soy líder en el hogar”.

Agregó que comenzará a estudiar artes culinarias y recalcó que está “muy agradecido” con el giro que ha tomado su vida.

La fundación recibe fondos de la Administración de Desarrollo Socioeconómico de la Familia (Adsef), cuyo administrador, Esteban Pérez, también participó de la actividad.

Detalló que este proyecto para la agencia es de prevención y que la agencia aporta entre $650 mil y $700 mil.

“Proyectos como este ayudan a rehabilitar a las familias y tiene un efecto multiplicador”, manifestó Pérez.