“La verdad es que no puedo atrasar el reloj para hacer desaparecer lo que yo hice en contra de su escuela pero, he aprendido que puedo aportar mi tiempo educando a los estudiantes acerca de las consecuencias que se pagan en el mundo del crimen”.

Así lee uno de los párrafos de una serie de cartas que el ex capo Alexander Capó Carrillo, alias “Alex Trujillo”, le envío a sus ex maestras y a los jóvenes del residencial Manuel A. Pérez de Hato Rey, comunidad en la que comenzó a dar sus primeros tumbes en el bajo mundo –a los 14 años– cuando se convirtió en un temido gánster que controlaba varios puntos de drogas del área metropolitana. También se le atribuyen –al menos– una docena de asesinatos. Por algo fue por años uno de los criminales más buscados por las autoridades estatales y federales.

Relacionadas

Alex fue sentenciado en el foro federal a 20 años de cárcel por cargos de conspiración para distribuir sustancias controladas utilizando un arma. A nivel estatal, fue condenado a 35 años por un cargo de asesinato que nunca cumplirá en las cárceles de la Isla porque el acuerdo para declararse culpable incluyó que la condena fuera concurrente con la pena federal.

Precisamente, desde la institución en la que está recluido, en Georgia, fue que escribió las cartas en la que celebra haber obtenido el pasado mes de noviembre su diploma de cuarto año.

“Quiero aprovechar este momento para celebrar este nuevo logro, un logro que es sin duda uno de los mejores ejemplos que puedo darles a ustedes...”, escribió un animado Alex que instó a los jóvenes a aprovechar “la fuerza de la juventud para lograr tus metas”.

A modo de testimonio, el convicto de 30 años dejó claro que desea pedir perdón a todos los estudiantes de la escuela Nemesio R. Canales por el daño que les causó al traficar drogas en esa zona.

“El crimen por el cual me hice culpable, se relacionaba directamente con el sector público de ustedes. Fui egoísta porque no pensé en el daño que yo estaba haciendo por medio del tráfico de drogas en la cual yo estaba envuelto. Esa vida que yo vivía estaba destruyendo vidas, almas, familias y comunidades. Nunca pensé en las consecuencias de dónde iba a parar las drogas que yo poseía y vendía. Sin embargo, ahora con una mente clara, me he podido dar cuenta todo el daño que yo causé...”, expresó a modo de desahogo.

Alex, quien durante sus años de encierro ha encontrado paz a través de su conversión al cristianismo y la lectura de la Biblia, aprovechó el momento para recordarles a los jóvenes la importancia de los valores y la moral.

“Las asociaciones con personas negativas nunca pueden hacerte mantener los principios de más alta estima... No tienes que ser millonario para lograr esto. Al contrario, el dinero no es parte de los principios de más alta estima. Más vale un corazón limpio y puro, que todo el dinero del mundo”, expresó quien se destaca como predicador en la cárcel donde cumple su condena.

“Espero que puedan reflejar en este mensaje, que es el código moral por el cual yo vivo diariamente y es por ese código moral de principios que hoy estoy pidiéndoles perdón por mis acciones negativas”, puntualizó en una de las misivas en la que también pidió perdón por su conducta a una de sus maestras de escuela elemental, de apellido Traverzo.

De niño a criminal