San Germán. Unos días antes de su fallecimiento, José “Piculín” Ortiz le comentó a Armandito Torres que sería recluido en el Hospital Ashford, pero que, una vez recibiera el alta médica, lo visitaría en su hogar en San Germán.

Lamentablemente, esa visita nunca ocurrió. Ortiz, considerado el mejor baloncelista puertorriqueño de todos los tiempos, murió en la madrugada del martes a sus 62 años luego de una ardua batalla contra un cáncer colorrectal que le fue diagnosticado a finales de 2023.

Como a muchos en la isla, la noticia le cayó como un balde de agua fría a Torres. De esas que dejan incrédula a la gente. Después de todo, se trataba de aquel joven al que le dio la titularidad en los Atléticos de San Germán en 1983 y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una leyenda del baloncesto puertorriqueño e internacional.

“Estoy devastado… Sabíamos que Piculín cargaba con esa enfermedad, pero él no se detenía. Posiblemente, la etapa más intensa de su vida fue esta en cuanto a participación en actividades. Quizá era por lo que venía, pero todos pensábamos que iba a seguir batallando con esto”, compartió Torres en una entrevista con Primera Hora desde su casa en el barrio Duey Bajo de San Germán.

“Por ejemplo, él me dijo: ‘Voy a estar dos a cuatro días en el hospital, pero después paso por allá por San Germán’. Él me había dicho que había dado negativo a las células malas. Por eso, cuando recibimos la noticia, nos impactó a todos”, abundó.

José "Piculín" Ortiz junto a Armandito Torres.
José "Piculín" Ortiz junto a Armandito Torres. (el nuevo dia)

Ortiz construyó una legendaria carrera histórica, marcada por los ocho campeonatos que conquistó en el Baloncesto Superior Nacional (BSN) y por representar a Puerto Rico en cuatro Juegos Olímpicos y cinco Mundiales.

Sin embargo, esto no era lo que se esperaba de él en su adolescencia, cuando a sus 13 años medía 6’3” de estatura y tenía tan poca coordinación que ni siquiera el dirigente de voleibol de la Escuela Eugenio María de Hostos de Cayey lo quiso para su equipo.

El cayeyano fue un talento que necesitó pasar por las manos de distintos dirigentes para alcanzar su potencial, incluyendo las de Torres. Bajo su dirección, empezó a despuntar en 1983 y promedió 14.1 puntos y 10.3 rebotes, lo que lo llevó a ganar el premio de Jugador de Mayor Progreso.

Dos años más tarde, se consolidó como la figura principal de los Atléticos tras liderarlos a su primer título desde 1950 con una media de 25.5 unidades y 14.4 capturas. También levantó otros dos cetros en la “Cuna del Baloncesto” en 1991 y 1994.

“Piculín nunca fue olvidado en San Germán. Piculín fue como un bebé porque empezó desde bien joven con los Atléticos. Cuando empezó, era un muchacho bien debilucho y flaco, al que todo el mundo le decía: ‘Oye, ¿hace frío allá arriba?’. No jugó en sus primeros dos años, pero a mí alguien me había dicho que en el baloncesto se podía enseñar todo menos crecer y aquí había un muchacho de 6’11’ que lo que necesitaba era peso y entrenamientos individuales con él”, recordó el otrora dirigente y apoderado de San Germán.

“Sencillamente, entendíamos que había que buscar la manera de ponerlo a jugar. Lo pusimos a jugar primero en un equipo de segunda categoría en Sabana Grande y de ahí en adelante fue como mi hijo porque vivió en casa con mis otros hijos. Lo que comía uno, comían todos. Mi esposa le servía igual a todo el mundo y compartíamos todo. El resto lo hizo él”, abundó.

Piculín Ortiz llega a un lugar para festejar con Flor Meléndez y Armandito Torres.
Piculín Ortiz llega a un lugar para festejar con Flor Meléndez y Armandito Torres. (El Nuevo Día)

Después de su diagnóstico de cáncer, Ortiz incursionó en el mundo de los videopódcast con el lanzamiento de “El GOATcast” en agosto de 2024 a través de su canal de YouTube. Con este proyecto, pudo reencontrarse y conversar con viejos amigos con quienes llevaba tiempo sin compartir. Además, aprovechó su tiempo libre para apoyar a la nueva generación de canasteros, asistiendo a partidos tanto del baloncesto masculino como femenino en las ligas locales y de las selecciones nacionales.

En cada juego, recibía una ensordecedora ovación al ser presentado. Para Torres, más allá de los trofeos que conquistó en su carrera, ese cariño que le brindaba el pueblo puertorriqueño en cada cancha que visitaba fue el mayor logro de Ortiz en su vida. Esto luego de una etapa oscura en la que hasta fue sentenciado a seis meses en prisión por el cargo de posesión con intención de distribuir 218 plantas de marihuana.

“Se equivocan los que piensan que la grandeza de Piculín es promediar más de 20 puntos y 10 rebotes por juego. Cayó y solamente el ave fénix es el que toma vuelo otra vez y Piculín logró levantar vuelo de nuevo. No perdió el cariño del pueblo. Todo lo contrario. Yo, personalmente, pienso que Papá Dios le envió dos ángeles: su mamá, Doña Elba; y su esposa, Sylvia. Ellas fueron sus alas”, expresó Torres.

“No había actividad en la que él se presentara y no recibiera la ovación y el cariño del público. Gracias a Dios, pudo vivir eso porque él tuvo momentos de mucha soledad y tormenta. Piculín era un ser humano; no era Superman. Pasó momentos muy difíciles, pero se levantó y eso es milagroso. No hay razones humanas para explicar eso”.

"Cachorro" Santiago luchando por un rebote con "Piculín Ortiz" durante la final del BSN en 1986 entre Aibonito y San Germán.
"Cachorro" Santiago luchando por un rebote con "Piculín Ortiz" durante la final del BSN en 1986 entre Aibonito y San Germán. (el nuevo dia)

La familia del exbaloncelista boricua invitó el miércoles al pueblo a celebrar su vida este viernes en el Coliseo Roberto Clemente, donde brilló con los Cangrejeros de Santurce y el Equipo Nacional. Las puertas abrirán desde las 2:00 p.m., y a las 3:00 p.m. se celebrará una misa presidida por el Monseñor Antonio “Tito” Vázquez, párroco de Stella Maris en Condado.