En el baloncesto, la fogosidad, velocidad y el espectáculo muchas veces ocultan la realidad del alto riesgo de lesiones.

Para el veterano preparador físico de los Indios de Mayagüez en el Baloncesto Superior Nacional (BSN), Juan “Jarrito” González, las lesiones más comunes en este deporte responden directamente a la naturaleza del juego.

A diferencia de otras disciplinas más repetitivas, el baloncesto exige ejecutar movimientos impredecibles en fracciones de segundo con poco margen para anticipar.

Así las cosas, para González las lesiones más frecuentes son el esguince de tobillo, tendón de Aquiles, el ligamento cruzado anterior de la rodilla (ACL, por sus siglas en inglés) y la área lumbar de la espalda.

“Estas lesiones ocurren especialmente por el movimiento que hay en el baloncesto. Si uno corre, lo hace todo el tiempo en una sola dirección, pero en este deporte hay muchos hacia el frente, hacia atrás, paradas y movimientos laterales a izquierda a derecha”, explicó González a Primera Hora a través de una conversación vía telefónica.

“Otra razón por la cual el jugador de baloncesto se lesiona es por el contacto. Son cinco jugadores de cada equipo en un espacio pequeño”, agregó.

Aumento y tradición

Uno de los diagnósticos que más preocupa en la actualidad es la lesión del tendón de Aquiles como la que sufrió el boricua Tremont Waters mientras entrenaba por su cuenta para la tercera ventana clasificatoria al AmeriCup 2025, y que lo mantuvo fuera más de un año.

Según González, han aumentado los casos de esta índole en los últimos años, especialmente en el baloncesto profesional. El desgaste de ese músculo es cada vez más común debido a la sobrecarga. Muchos jugadores, incluyendo canasteros locales, participan en múltiples ligas a lo largo de todo el año sin el descanso adecuado.

“El tendón de Aquiles es un músculo fino y es la base del ser humano. Es lo que te ayuda a brincar y lo que te da balance”, afirmó.

El problema, indicó el entrenador físico con 39 años de experiencia, se agrava cuando los atletas compiten en el extranjero bajo condiciones menos favorables como tabloncillos de cemento o superficies improvisadas.

No obstante, antes de cualquier rotura, el propio cuerpo suele enviar señales claras.

“El área se pone rojiza. Ese es el primer aviso. Si no le haces caso, ahí es que se parte. Es como si el tendón te dijera ‘para ya, no puedo más’”, comentó González.

De acuerdo a González, en la última década, otra lesión recurrente es la del ACL. Esto es uno de los ligamentos clave en el centro de la rodilla que conecta el fémur con la tibia.

“En mis últimos 10 años en el BSN, la más que afecta es la del ACL”, indicó González, quien también ha laborado en el Béisbol Doble A, Voleibol Superior y el Baloncesto Superior Nacional Femenino (BSNF).

“Cuando el jugador gira drásticamente hacia la derecha o izquierda, ese ligamento soporta la carga. Si el movimiento es muy fuerte, la lesión va a venir”, aseguró.

Tratamientos

El manejo de estas lesiones siempre dependerá de su gravedad. González explicó que el proceso comienza con una evaluación física y, de ser necesario, estudios como una imagen de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés).

Estas se clasifican en niveles antes de llegar a una ruptura total. Mientras no haya rotura, el tratamiento no suele ser invasivo.

“Nosotros realizamos unas pruebas de evaluación donde hacemos unas manipulaciones y de acuerdo a la tolerancia, podemos determinar que tipo de nivel de inflamación o lesión tiene esa persona”, manifestó.

“El protocolo es hielo, descanso y aparatología como láser o ultrasonido. Eso se trabaja día a día con el jugador”, dijo.

Posteriormente, se realizan pruebas de fuerza para evaluar cómo el jugador tolera los movimientos. A partir de esa observación, se determina el tiempo de descanso necesario antes de su regreso al tabloncillo.

Sin embargo, cuando hay ruptura de ligamentos o del tendón, la cirugía es casi inevitable. A partir de ahí, el proceso entra en una etapa supervisada por médicos especialistas como fisiatras y ortopedas.

Luego de cualquier lesión leve u operación, la recuperación no termina cuando desaparece el dolor. El regreso al juego debe ser progresivo y evaluado por los profesionales de la salud.

“Vamos de menos a más. Primero ejercicios básicos, luego movimientos, después tiros al canasto y finalmente una práctica completa”, detalló.

El visto bueno final llega solo cuando el jugador demuestra que puede ejecutar sin dolor y con movimientos estructurados, que no pongan el riesgo o en sobrecarga el otro lado del cuerpo que no fue tratado.

Prevención

Más allá de tratamiento, González enfatizó que la prevención es la herramienta más efectiva.

En el caso de sentir cierta dolencia, mencionó el fortalecimiento muscular como el primer paso para reducir el riesgo de lesiones.

“Si identifico que un jugador tiene debilidad en un área, le doy ejercicios específicos para fortalecer todo alrededor de ese músculo para protegerlo de cualquier eventualidad”, explicó.

Rutinas en piscina, ejercicios con bandas elásticas, pesas livianas y trabajo de balance forman parte de ese plan preventivo.