Más que un homenaje a su persona, el expelotero puertorriqueño Luis Rodríguez Olmo considera un viaje a través del tiempo el libro que le dedicó el profesor Harold Acevedo Márquez, que recoge su larga trayectoria en el deporte del diamante.

“Me trae gratos recuerdos”, expresó el llamado Jíbaro, de 94 años, al hablar de la publicación titulada Luis Rodríguez Olmo: El Pelotero de América, que fue presentada ayer en el salón de actos de la Universidad del Este (UNE) en Carolina.

Con su acostumbrada sonrisa de medio lado y tenue tono de voz, Olmo se mostró honrado de ver su carrera plasmada en una publicación, pero sobretodo, de que no lo hayan olvidado.

“El libro es muy bueno. Estoy contento. Siempre es bueno saber que hay gente que me quiere mucho”, manifestó, mientras firmaba los libros a admiradores de su trayectoria, aficionados al béisbol y estudiantes que se dieron cita al salón a la actividad.

Fue un diálogo a nueve entradas, como indicó Luis Mayo Santana, decano de la Escuela de Ciencias Sociales y Humanas de la UNE, al presentar al panel compuesto por el escritor e historiador de béisbol Edwin Fernández Cruz, el profesor Luis R. Reeves, y el corrector del texto, Francisco Torres Ferrer.

 Ante un Rodríguez Olmo que asentía con su cabeza, el trío coincidió en que la obra de Acevedo Márquez va más allá de recoger la historia del reconocido pelotero arecibeño.

“También el libro menciona cómo era Puerto Rico en ese tiempo. Uno ve cuán humilde era su casa, su familia y cómo él pasó muchas vicisitudes para poder ir progresando. Para que tengan una idea, su padre llegó a trabajar como maestro carpintero y un día tuvo la necesidad de mudarse del lugar donde estaba y como maestro carpintero al fin, el papá de don Luis simplemente, se buscó una carreta de bueyes, montó la casa y la mudó para el otro lado donde iba a vivir”, comentó Torres Ferrer, quien subrayó que, aunque podía haber carencias materiales, los valores estaban muy presentes en su hogar.

 “En el libro se recopilan muchas hazañas, no solo de Luis, sino de también de tantos peloteros, cientos de peloteros, que jugaron con él y en contra de él”, agregó Torres Ferrer.

 Mientras, Fernández Cruz catalogó el trabajo del profesor Acevedo Márquez como “un legado a esta generación y a las generaciones por venir de un compatriota nuestro, del que se necesitaba que alguien recogiera su historia, no solo en el béisbol, sino también en la vida, donde ha sido un ejemplo don Luis Rodríguez Olmo”.

 Luis Rodríguez Olmo nació el 11 de agosto de 1919 en Arecibo. A los 23 años, el 23 de julio de 1942, debutó en las Grandes Ligas con uniforme de los Dodgers de Brooklyn y fue el primer boricua en jugar en una Serie Mundial, en 1949.

Pero además, el Jíbaro jugó en las principales ligas de béisbol de América, como México, República Dominicana, Venezuela y por supuesto, Puerto Rico. Su carrera, sin embargo, no estuvo exenta de controversias. En 1946, bajo la primera de mejores salarios, decidió probar suerte en la liga de México y fue suspendido por el comisionado de las Grandes Ligas. Dos años después fue reinstalado en las Mayores.

 Fernández Cruz indicó que la obra recoge la trayectoria de Rodríguez Olmo dentro del contexto histórico del país y del béisbol, desde el aspecto biográfico.

“Aquí se narran eventos históricos del béisbol y de la vida en Puerto Rico. Se presenta la vida de don Luis y además, se incluyen fotos bien interesantes que nosotros, los que hemos estudiado el béisbol, no habíamos visto nunca”, resaltó.

Por su parte, el autor detalló que hablar del afamado exdeportista es, a la vez, hablar de la historia de la pelota profesional en Puerto Rico. Destacó que Rodríguez Olmo es el único pelotero que sigue vivo de la primera temporada de béisbol semiprofesional que se celebró en la Isla.

“Precisamente, hoy se cumplen 75 años de su debut como jugador y de haber iniciado, en aquel entonces, el primer torneo de béisbol semiprofesional”, recordó al señalar que le tomó cuatro años la recopilación de información y el proceso de redacción del libro, cuya portada es una fotografía del pelotero joven y en uniforme.

Al concluir la presentación, un parco, pero emocionado Rodríguez Olmo agradeció al panel por sus palabras y al profesor por tomarse el tiempo para documentar su historia.

 “Yo no sé hablar mucho. Si yo supiera, hablaría más, pero no”, dijo con humildad al final arrancando carcajadas entre los presentes.