Ya muchos saben de los jugadores de ascendencia puertorriqueña que han saltado al éxito en la NFL en años recientes, incluyendo dos que disputarán el Super Bowl el próximo domingo: Víctor Cruz (Giants de Nueva York) y Aaron Hernández (Patriots de Nueva Inglaterra).

Pero, sepa que hay otro talentoso jugador de sangre boricua que podría unírseles este verano a través del sorteo de la NFL o vía agencia libre: Josué Ortiz Santana, un destacado jugador de padres puertorriqueños que nació en una base militar en Virginia y se crió gran parte de su vida en Avon Park, Florida, pero vivió su niñez en Fajardo.

La gran diferencia es que mientras Cruz y Hernández cautivan la imaginación de la fanaticada por sus jugadas excitantes en ofensiva y su carácter carismático, Ortiz lo hará por su ferocidad en defensa y sus impresionantes capacidades atléticas e intelectuales.

Estamos hablando de un jugador de 22 años casi esculpido en granito con 260 libras de masa muscular en sus 6,4” de estatura, que puede levantar 400 libras en bench press o correr el sprint de 40 yardas por debajo de 4.6 segundos –algo sorprendente para un defensive end–.

Esas capacidades de velocidad y fuerza lo ayudaron a convertirse en el líder en sacks del Ivy League (conferencia atlética de la NCAA que agrupa a las máximas instituciones de educación superior en Estados Unidos), así como ser escogido en el 2011 como Jugador Defensivo del Año y Jugador Más Valioso de la prestigiosa Universidad de Harvard, lo que llevó al título de su liga.

De hecho, su dirigente, Tim Murphy, lo describe como un atleta que se desplaza como un jugador de 200 libras, pero que tiene la fortaleza para lidiar con mastodontes de 350 libras.

Parte de ello se debe a las destrezas que Ortiz aprendió como luchador olímpico.

“Esa experiencia me sirve para sacarle provecho a mi estatura, mi velocidad, mi desplazamiento de pies, mis cambios de dirección y la coordinación ojo-mano para sacar del medio a los offensive tackles y atacar al quarterback”, reveló Ortiz en entrevista telefónica con Primera Hora.

“Creo que es una destreza que podré traducir con éxito al profesionalismo”.

Juego de Estrellas

Sin embargo, a pesar de sus increíbles dotes como atleta, Ortiz no aparece clasificado entre los principales prospectos defensive ends para el sorteo de la NFL en abril. Pero eso no le preocupa.

“No estoy muy pendiente a esas listas en Internet. Creo que soy tan buen atleta como cualquiera de los mejores clasificados, sólo que vengo de una liga que la competencia no es del mismo nivel y siempre cuestionan eso”, sostuvo Ortiz, quien sí fue invitado a jugar el 4 de febrero en el Juego de Estrellas de la NCAA en Little Rock, Arkansas, y ya comenzó a trabajar individualmente para asistir a campamentos presorteo de la NFL.

“Ese juego (de Estrellas) es una oportunidad de poder impresionar a los escuchas de la NFL. Allí estaré en igualdad de condiciones y verán que estoy a ese nivel”, indicó.

Educación primero

Quizás Ortiz estaría mejor clasificado hoy día si hubiese asistido a alguna universidad con un programa de fútbol americano de mayor prestigio, pero lo primordial para él y para su familia era la educación.

“Cuando salí de escuela superior, tuve ofertas para ir a escuelas de alto pedigrí en football (powerhouses, como se les conoce en inglés) y de buena exposición, como Florida State, Miami y Clemson, pero para mí lo más importante es la educación y estoy contento con la elección que hice de ir a Harvard”, sostuvo Ortiz, quien está próximo a graduarse con bachillerato en economía de Harvard y tiene planes futuros de estudiar derecho.

“Mi meta es jugar profesional en la NFL, pero mientras esté en temporada muerta, puedo estudiar derecho en el semestre de enero a junio y terminar en seis años. Hay que pensar en lo que viene después, que la vida atlética se termina y en Harvard pude hacer muchas conexiones que me servirán en el futuro”, apuntó.