Más nenes que nenas parece ser la norma en la escena musical boricua, al menos cuando se trata de talentos nuevos.

Cuando Christian Pagán ganó la competencia vocal Idol Puerto Rico (Wapa) el año pasado en un cuadro de finalistas compuesto sólo por hombres, confirmó lo que parece ser una tendencia fija: el público apoya más a los cantantes varones que a las féminas.

En 2011, ningún tema de alguna puertorriqueña sonó con frecuencia alta en la radio local, y en las más recientes ceremonias de entrega de los premios Grammy Latino, Juventud, Billboard y Lo Nuestro han predominado las presentaciones musicales de ellos, con poca o ninguna presencia de ellas. En cuanto a conciertos, Yolandita Monge y Ednita Nazario, dos artistas con más de tres décadas de trayectoria, han sido las únicas boricuas en realizar funciones en el Coliseo de Puerto Rico, en Hato Rey. Sólo Kany García, un producto de la década del 2000, logró un concierto en ese recinto.

Y en contraste con el éxito de cantautores como Pedro Capó y Christian Daniel, Ambar pisa y no arranca en su regreso a la palestra musical, a pesar de sus sofisticados billboards.

¿Por qué? Los empresarios de la música entrevistados por Primera Hora coinciden en que el público femenino seguidor de cantantes masculinos es superior en número y entrega.

“Se puede establecer que un 70% de la audiencia que consume música es femenina. Por lo tanto, a un artista varón le es más efectivo hacerse de una carrera”, resumió la directora de medios de Universal Music en Puerto Rico, Uka Green.

Para el productor Carlos “Topy” Mamery, la “efectividad” se debe a que el marketing y la producción de un hombre son más baratos. Aunque lamenta esta realidad, el miembro del jurado de Idol Puerto Rico recalca que, en un varón, la inversión es mucho menor, cuantitativa como cualitativamente.

“El hombre, si tiene buena pinta, enamora a las chicas del público, le gritan y lo corean. Con salir en camiseta y ponerles el micrófono, puede resolver una canción en un concierto y no se le ve nada de malo. Si desafina, a veces ni se dan cuenta”, anota Topy Mamery.

“Ahora bien, para una mujer con micrófono en mano hay que tener una producción impresionante, luces, vestuario, bailarines... Eso cuesta muchísimo. En términos vocales, no le perdonan ni una, aunque sea pequeño, y le caen encima”, añade el padre del cantante Imanol.

Ni machismo ni misoginia

Es decir, de algún modo subyace una doble vara al momento de exigir calidad musical, admite el también experto en radio. ¿Es que a las mujeres se les exige más que a los hombres? Al parecer, sí.

Mientras Uka Green opina que este desbalance no implica ni machismo ni misoginia, Mamery observa que estas actitudes están tan asimiladas que ya son parte del comportamiento de los fanáticos.

“No es intencional, es algo que se da. En Estados Unidos, en Europa, factores como la edad, la apariencia y el género son menos importantes. Acá somos inmaduros para eso y es una actitud limitante”, establece el esposo de Monge.

Acota, también, que la gente tiende a ser más severa con las mujeres artistas si éstas cometen lo que entienden que son fallos en su vida personal.

“Es algo histórico. De las mujeres latinas con éxito internacional, Shakira sería la más reciente. Y digo internacional de verdad, no de las películas que montan algunas, de que hicimos tal gira y cuentos por el estilo”, añade Mamery.

Otra opinión en la que coinciden estos ejecutivos es en que la escasez de cantantes femeninas es una de las múltiples repercusiones que ha tenido la transición del disco físico al digital.

“Las mujeres han mantenido el amor por el álbum material y los hombres tienden a estar más al día en la tecnología y optar por comprar, quizás, sencillos que les gustan, y no necesariamente discos completos”, sintetiza Uka Green.

“Cantante plus”

Estas opiniones contrastan con la de Maricarmen “Tuti” Bou, presidenta de Sony Puerto Rico. La ejecutiva dice que no existe tal desequilibrio por parte de la audiencia. Simplemente, ahora el público es más exigente con hombres y mujeres, prefieriendo cantautores. A este factor adjudica el creciente auge de Christian Daniel y Pedro Capó, en diálogo con la estabilidad de Kany García e Idalé.

“Casi todos los cantantes no son sólo intérpretes. Escriben sus canciones, incluso los de reguetón. Con Kany pasa lo que pasó con Shakira. Es una cantautora, y sobresale como sobresalen los cantautores varones en comparación con los intérpretes”, afirma.

El género musical es otro aspecto que destacan Bou y Green. Mientras las mujeres apoyan más a los cantantes hombres en la balada, los hombres apoyan a otros hombres que les ofrecen salsa, rock y reguetón. Además, merma la producción de discos y la difusión radial del merengue, un género “muy inclusivo” cuyo auge ocurrió en la década del 90.

Así las cosas, para que una cantante de balada y pop consiga fanáticas fieles, “tiene que tener un mensaje bien al día”, indica Uka Green poniendo como ejemplo de chicas que cumplen con este requisito a Kany, Gisselle y Ana Isabelle.

“Kany tiene esa chispa como algo orgánico, aparte de que toca varios instrumentos, y es versátil”, agrega Tuti Bou.

Topy Mamery, asimismo, identifica a Monge y Nazario como poseedoras de una “capacidad para conquistar a las mujeres, y eso es difícil”.

“De todos modos, la desventaja de la mujer va a seguir existiendo. La clave es seguir insistiendo”, enfatiza.