Duplicity, protagonizada por Julia Roberts y Clive Owen, se ha quedado lejos de las expectativas despertadas.

Tras su más que interesante debut con Michael Clayton, teniendo a Julia Roberts en su primer papel protagónico desde hace cinco años y repitiendo con Clive Owen tras Closer , las expectativas alrededor de Duplicity eran altas y difíciles de cumplir, y eso es lo que ha pasado.

Aunque el filme tiene puntos muy interesantes, como un planteamiento, música y montaje multipantalla muy de los años setenta, unos actores sólidos -mas los secundarios, Tom Wilkinson y Paul Giamatti- y algunos diálogos brillantes, el resultado no pasa de entretenido.

En las dos primeras secuencias de la película, Gilroy muestra claramente sus cartas. Por un lado, la historia de amor de dos espías, interpretados con la ambigüedad necesaria por Julia Roberts y Clive Owen. Y por otro, la rivalidad encarnizada de dos empresarios, a los que dan cara con su acierto habitual Tom Wilkinson y Paul Giamatti.

A partir de ahí, las cartas se van barajando en interminables ocasiones y cada vez dan un resultado ligeramente diferente al anterior, de forma que el espectador se entretiene en saber cuál es la verdadera relación entre los personajes.

Lo hace con un uso excesivo de flashbacks y con demasiados giros en la historia, apoyado totalmente en la pareja protagonista y dejando poco espacio a la fantástica historia que hubiera supuesto la relación entre los secundarios.

Todo ello aderezado con dosis de glamur y de una pretensión claramente internacional, con escenarios repartidos por Dubai, Roma, Nueva York, Zúrich o Miami.

El resultado es una película que entretiene, aunque deja un cierto sabor de que podía haber sido más de lo que nos ofrece.