Lydia envía carta al pueblo en medio de su dolor

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 18 años.
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Lydia Echevarría sacó unos momentos dentro del dolor que la embarga por la reciente muerte de su hija Glendaly Vigoreaux para enviar una carta al país a través de la prensa.
La actriz expresó el estado de tristeza y dolor en el que se encuentra ella y su familia, pero también afirmó que siente que entra en un estado de serenidad.
Glendaly se privó de la vida la mañana del 15 de julio en su residencia en Arizona haciéndose un disparo en la cabeza con el arma de su ahora viudo Paul Hacker. Tenía 44 años y según informes policíacos, planificó su muerte pues dejó una nota con instrucciones específicas por si sobrevivía.
A continuación se reproduce la misvia tal y como la envió a la redacción de PRIMERA HORA:
UNA PAUSA PARA HABLAR
(de Lydia para Puerto Rico)
Amado Pueblo:
Esta semana ha sido para mi difícil, triste e intensa. No obstante, he querido hacer una pausa en mi angustia de madre, para hacerles saber a todos aquellos que de corazón han expresado una vez más solidaridad para con mi familia, que agradezco infinitamente sus oraciones, su compartir y sus muestras habituales de un cariño inmenso, que como en todos mis momentos difíciles, me mantienen despierta, estoica, con esperanza y fe en la vida.
He sido una mujer acostumbrada a caminar por el sendero de pruebas intensas, momentos conmovedores y dolores significativos. Hoy, transcurrida la semana que marcará el resto de mi vida para siempre, y posiblemente una de las pocas veces que hablaré del tema, quiero expresarles a todos que el camino a la serenidad comienza a develarse en nuestra familia.
Jamás nos preparamos para desprendernos de nuestros retoños. La lógica nos dice que perderemos los abuelos, los padres, los tíos, los hermanos y muchos seres que amamos sin haber nacido de nuestro propio ser. Ahora, confirmo lo que siempre sospeché; no hay dolor más grande que el de una madre cuando se despide de una criatura al que le dio el Ser. Pero, soy de las que siempre ha pensado que la vida es el retrato hablado del libro de nuestra historia. Y esas páginas se escribirán siempre una a una.
Estuve, estoy y estaré siempre orgullosa de mis hijos. Con amor los procreé, los eduqué, y los he visto crecer y convertirse en gente de bien. Si hoy el destino me coloca ante el escenario de un desgarrador momento, es porque sabe que soy como los árboles y al igual que ellos moriré de pie.
Gracias, por permitirme mantener mi fe en Dios, sin importar las circunstancias. Al dejar a un lado a Lydia la actriz, la animadora, la figura pública, simplemente soy una mujer que ha vivido para protejer, amar y respetar todas las decisiones de sus retoños. Algunos llevando mi sangre, otros mi dedicación hasta donde se me permitió.
Los que me conocen y quieren, y aún aquellos que conociéndome no me quieran tanto, nunca podrán discutir ni negar que el papel más importante de mi vida ha sido, es y será el de madre.
Agradezco además, a la prensa responsable, que se limita a informar sin amarillismos desmedidos y sin ánimo de hundir en el abismo de la tristeza a un semejante. A eso le llamo gestión profesional.
A los compañeros del arte cuyos gritos de solidaridad retumban en los rincones de mi alma, mi abrazo fraternal. Y a todas esas madres que constantemente y por diversas razones sufren tan sensible perdida, entiendo y comparto su tristeza.
Y si acaso se ha dicho, se ha hecho o alguno ha pretendido enlodar, realmente para mi no es importante. No doy espacio a rencores, corajes o agravios. Después de todo, ya lo dijo Guillermo Venegas “ El que lanza lodo, lo primero que ensucia son sus manos”.
Mi hija Glenda descansa en paz, y eso para mí es lo único que cuenta. Sólo deseo seguir siendo lo que ella tantas veces me expresó: “The wind beneath her wings”.
Hasta siempre,
Lydia Echevarría

