Nota el editor: Esta historia forma parte de la serie Coge Calle por la Isla donde te presentamos los lugares turísticos en Puerto Rico que pocos conocen y que valen la pena ponerlas en calendario para visitarlas en algún momento.

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Barranquitas. Su esplendor inspira la pluma de quienes tienen la dicha de ser testigos de él.

“Gracias a ti, Puerto Rico”, dejó escrito un senderista. “Qué suerte tenemos estar vivos”, grabó otro. “No te rindas, solo respira y continúa”, comentó un tercero.

Y es que desde el mirador que se ubica en el barrio Helechal, en la altura de las montañas barranquiteñas, se impone la Cascada El Ancón, cuya caída de agua supera los 300 pies, haciéndola una de las cascadas más altas en todo Puerto Rico.

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Enclavado entre las formaciones geológicas del Cañón San Cristóbal, esculpido por la fuerza de las aguas del río Usabón, la Cascada cae sobre varias piedras gigantescas, dividiendo a los pueblos de Aibonito y Barranquitas, justo en el corazón de la Cordillera Central.

“El Cañón San Cristóbal es una ventana a la historia geológica abierta por las mismas fuerzas tectónicas que dieron origen a las islas”, describió Para la Naturaleza, organización sin fines de lucro que protege esta reserva natural.

El mirador está rodeado de una baranda de madera donde los visitantes han dejado saber lo paradisíaco de la vista. Desde la altura, de unos 600 pies, se observa una parte del área natural protegida Cañón de San Cristóbal, una formación topográfica compuesta por acantilados que han formado depresiones y valles profundos por la erosión del cuerpo de agua.

Es precisamente el flujo de estas aguas, que desembocan en el río La Plata en Cidra, lo que ha provocado la disolución y desprendimiento de rocas, creando charcas y cascadas.

La roca sedimentaria e ígnea, de 100 millones de años, que dio origen a esta maravilla natural estuvo cubierta bajo agua marina durante la época Cretácico Superior, que duró millones de años.

En la época moderna, la vegetación del Cañón fue afectada por años por agricultura, pastoreo y la tala de árboles. Las tierras se usaron como vertedero por dos décadas hasta que una campaña ciudadana en 1960 promovió su protección y detuvo esta práctica, abriendo camino para que en 1974 el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico manejara más de dos tercios de estos terrenos. Ya para 2016, la Junta de Planificación presentó el plan sectorial para la Reserva Natural Cañón San Cristóbal.

La caída de agua de la Cascada El Ancón supera los 300 pies, haciéndola una de las cascadas más altas en todo Puerto Rico.
La caída de agua de la Cascada El Ancón supera los 300 pies, haciéndola una de las cascadas más altas en todo Puerto Rico. (Stephanie Rojas)

Lo que encontrarás

Afortunado es todo aquel que anda por la vereda para ser testigo de la joya prehistórica que es la Cascada El Ancón. Desde la finca Don Félix, el visitante se encontrará con un portón, con letreros de Para la Naturaleza. Si se camina en un paso ligero, se llegaría en no más de 40 minutos.

El camino, de una elevación de 2,037 pies, es de cuestas y está caracterizado de fango rojizo, grama y raíces de árboles. En algunas áreas, los árboles apaciguan el sol.

En los cielos, aletea el guaraguao colirrojo y la calandria. La mariposa monarca acompaña al caminante en búsqueda de flores por polinizar.

Acurrucados bajo las hojas y en la tierra húmeda, cantan los coquíes comunes y churí aun cuando el sol brilla a todo apogeo.

Las vistas de las montañas a las laderas obligan a que los visitantes fotografíen el paisaje. La paz y tranquilidad es el acompañante constante.

Las vistas de las montañas a las laderas obligan a que los visitantes fotografíen el paisaje. La paz y tranquilidad es el acompañante constante.
Las vistas de las montañas a las laderas obligan a que los visitantes fotografíen el paisaje. La paz y tranquilidad es el acompañante constante. (Stephanie Rojas)

Date la vuelta

Desde el área metro, el viaje puede demorar alrededor de una hora y 20 minutos, trayecto susceptible a las incidencias de la carretera y si el conductor no cae en la tentación de detenerse para consumir de los muchos establecimientos de gastronomía local en el camino.

De todos modos, llegará directamente al área al seguir las indicaciones de la aplicación móvil “Google Maps”. Algunos estacionan sus vehículos a la orilla de la carretera, mientras que otros consumen en los negocios cercanos y dejan sus automóviles allí.

Para la Naturaleza cataloga el trayecto como uno de circuito moderado, por lo que es apropiado para personas mayores de los 6 años en adelante.

Para su mayor disfrute, se recomienda cargar con una botella de agua reutilizable. También, se sugiere vestir con ropa cómoda y fresca, calzado cerrado y adecuado para caminar, utilizar un sombrero o gorra y aplicarse protección solar en la piel. Si lo acompaña su mascota, deberá estar con una correa.

Es menester, para cuidar de esta área, así como todo el medioambiente de nuestra Isla, ser responsable con nuestros desperdicios y no contaminar el área con basura. De consumir algún alimento o llevar pertenencias personales, no las deje en el área.

Más para explorar

Además del sendero que lleva al mirador hacia la Cascada El Ancón, el visitante también puede caminar hacia la vereda de Suñé. El trayecto, descrito como un circuito fácil, atraviesa la cresta de una montaña donde se observan paisajes que se extienden desde Comerío, Naranjito y Cayey y culmina en un espacio de descanso.

Ambas rutas están debidamente rotuladas desde el portón de la Finca Don Félix. Los que caminen hacia el mirador de la Cascada El Ancón deberán seguir los letreros con un círculo morado, y los que lleguen a Suñé deberán localizar los letreros verdes.

Los turistas más atrevidos podrán aventurarse por una vereda áspera. Para esto, deberían pasar los viveros de Para la Naturaleza y andar por cuestas fangosas y resbalosas.