La vorágine creativa de Sonia Santiago

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 17 años.
PUBLICIDAD
“Ésta es la realidad detrás del glamour”, dice con un suspiro la diseñadora Sonia Santiago mientras nos da la bienvenida a su taller de costura.
Es lunes al mediodía -faltaban sólo tres días para el estreno de su próxima colección en la pasarela del Puerto Rico High Fashion Week (PRHFW)-, y su atelier refleja en cada rinconcito que ya se acerca la hora cero. Los chifones brocados y los charmeuse de seda, entre otros finos textiles, cubren la larga mesa de trabajo. Las costureras cosen a todo vapor en sus máquinas, como tratando de compensar la ausencia imprevista en ese día de dos de sus compañeras. Y Sonia, a la cabeza de esta importante producción, está pendiente a cada detalle: se echa al suelo -aún con el trajecito blanco que lleva- para marcar el ruedo de uno de los vestidos que viste un maniquí, verifica los e-mails que comienzan a amontonarse en su buzón electrónico y le recuerda a una de sus modistas que urge terminar el pantalón de una de sus clientas.
En un momento, en medio de este ajetreado escenario, Sonia detiene su labor por un instante y, alejándose de una pregunta que le acabo de formular, reconoce lo innegable. “¡Esto es un reguero terrible!”, admite con una risita nerviosa.
Pero dentro del desorden, claro está, hay un orden. La diseñadora sabe perfectamente las piezas que están listas para el desfile de mañana jueves, las que han pasado por el fitting de las modelos y las que le provocan más nervios: los cuatro vestidos de coctel que aún faltan de cortar y coser. “Mañana, llueva, truene o ventee, esos trajes hay que cortarlos y hacerlos”, señala con firmeza, como tratando de convencerse de que la faena –aunque agotadora– es factible.
“Este trabajo es uno de mucha pasión y de un sacrificio inmenso. Aquí no hay el glamour que todo el mundo pinta. Eso es sólo un momento en la pasarela”, explica la diseñadora, sin poder evitar soltar una carcajada. “Realmente, tienes que trabajar tantas horas al día que casi nadie está dispuesto a hacer eso, y el diseñador tiene que hacerlo si quiere mantenerse. Ahora mismo, ésta es la semana de mi presentación, y con todo y ausencia de empleadas, el show must go on”, observa.
Días interminables
En el periodo de confección de su colección primavera-verano 2010, que desfila mañana a las 9:00 p.m. en el Centro de Convenciones, las jornadas laborales de Sonia se extienden por casi 20 horas. Fue en junio pasado cuando esbozó siluetas, seleccionó textiles y estableció la paleta cromática de sus prendas más recientes, todas inspiradas en la elegancia de la célebre muñeca Barbie. La etapa más ardua, sin embargo, vino en los meses de agosto y el corriente septiembre, una fase en donde ha tenido que dividir el tiempo entre su boutique y las propuestas que mostrará en el PRHFW.
“Yo me levanto a empujones a las 6:45 de la mañana, pero la hora de acostarme es incierta. Me estoy quedando aquí (en el taller) usualmente hasta las 3:30 de la madrugada. Este fin de semana hubo una noche en donde vi el sol salir aquí”, revela. “No tengo tiempo para nada. En verdad, es difícil vivir con todos los segundos de tu vida contados y necesitados para algo”.
El sacrificio de estos meses, sin duda, ha valido la pena, y la modista es la primera en reconocerlo. Una treintena de sus diseños noveles verán mañana la luz pública en una colección que, aunque pequeña por la crisis económica, promete traer un aire de romanticismo y sofisticación al evento cumbre de la moda local. ¿Las siluetas protagonistas en su presentación? Las de corte imperio, las que resaltan la cintura y las caderas, los escotes asimétricos y los drapeados en diferentes direcciones.
“Presentar mis diseños en el PRHFW es importante porque te das a conocer y le da prestigio a tu trabajo. Y ese prestigio ayuda a que la gente entienda por qué estas piezas exclusivas cuestan lo que cuestan”, puntualiza la modista, quien lleva más de 30 años en la industria de la aguja.

