La  patóloga  del  habla  Nellie  Torres   de  Carella se levanta  todos  los  días  con    una  misma  satisfacción:   escuchar  la  primera palabra  de  un niño o  niña. 

No importa  si produce  en los  primeros meses de  vida  o  en la  adolescencia. El tiempo  es lo  de menos. Vivir  ese   logro  al   lado  de un padre   y  una madre   que  añora tener  un  hijo  con un desarrollo  saludable   es para Torres de   Carella  la  fortuna  de  su  vocación. 

La profesional no  duda  ni  un segundo  en reconocer que  su  trabajo  es  su    terapia   y que  no  existe   mayor gratitud  que  aportar al  desarrollo de  un menor.

“Vivo satisfacciones diarias. Me levanto como todo el mundo con dificultades y problemas que son parte de la vida diaria,  pero cuando llego aquí y soy  testigo de  cada logro de estos niños... es mi mejor  medicina y  terapia. Doy terapia y recibo terapia. Cuando veo cada logro que quizás para otra persona es poco perceptible no tengo manera de describir la  satisfacción  que  siento  al escuchar un niño hablar por primera vez y escuchar que por fin se le entiende, no tiene precio”,  indica  la directora   del Instituto Fonemi de Puerto Rico.

La  profesional  lleva  35 años trabajando con la niñez y adultez con algún desorden de comunicación, que  incluye no  hablar,  escribir o no leer  en la Isla. 

Se adentró  a  este campo  tras   experimentar  de cerca  el trastorno del  habla  en su  sobrino, hoy  un adulto con hijos. 

“Fue curioso  porque    yo  había  sido  aceptada  para  estudiar en el Escuela Graduada de  Sicología de la Universidad de Puerto Rico, pero  mi  sobrino  mayor  comenzó a   tener  problemas  de articulación y  ahí  me   entero  que  había  esa profesión,  terapia  del habla y  patología del lenguaje,  que  en  ese   momento se ofrecía  en el  Recinto Ciencias  Médicas y  cuando mi  hermana me  explica   lo de mi sobrino. En ese momento  me  decidí”,  detalla  la  patóloga quien recalca que un niño con problemas del habla difícilmente será  un adulto funcional  en la   sociedad.

A  través  de  su práctica,  ha  atendido múltiples   condiciones  y diagnósticos en la niñez aquí.   No  obstante,  decidió  hace   15  años emprender  una investigación sobre   la apraxia del habla infantil. Esta condición es un trastorno adquirido de origen neurológico que  afecta la articulación y los  movimientos oro-faciales necesarios para producir los sonidos del habla.

La   profesional  se dio a   la tarea  de  crear   el protocolo de apraxia,  un programa  único  en la Isla  que  trabaja  con la integración    de  diversas   terapias y  áreas. Además  estableció  la única Clínica de Apraxia del Habla Infantil en Puerto Rico.

“A  los niños  con apraxia  les  cuesta  comunicarse  y  se  comunican con palabras  aisladas  o  jeringonza. Nosotros  trabajamos  con la  compresión de  lectura, desarrollo oro-motor, desarrollo de  alimentación si  es necesario.  Trabajamos   también con que el niño  pueda  decir  palabras   y  sonidos  que  se entiendan, con la lectura  y escritura. Ha sido tan exitoso  que  al año se pueden ver resultados positivos  en  niños”, precisa  con júbilo  la licenciada en patología.

Comentó que   vivió  en julio una  de las experiencia  enriquecedoras de su  profesión al ser  seleccionada  como la  primera conferenciante hispana  en    la Convención Nacional de Apraxia del Habla Infantil  en  Chicago.

Por primera vez  una profesional latina  dictó    una  de  las   conferencias en la convención  a la  que  asistieron profesionales y padres de  los Estados Unidos, India  y  México, entre  otros países.

“Presenté  cómo   trabajar  con niños  de habla  hispana que  tienen apraxia  de  habla  infantil, ya  que  me  encontré  con muchos  niños que  son atendidos  por  patólogos  del habla  inglesa que  no  dominan  el  español.  En un niño  que tiene  apraxia no  se  puede trabajar la  mismas   terapias  en inglés  y  en español. Son  idiomas muy  distintos”, explica  la patóloga quien  tuvo  una  buena  recepción positiva  de parte  de colegas     y  de padres. 

Destacó que   muchos  de los  profesionales en este campo en  EE.UU. le  dejaron  saber  que   tras conocer   su método de  trabajo  “se  sienten seguros y  con mayor  claridad  de lo que  tienen  que  enfrentar   con los   niños”. 

Torres de Carella confía   que  luego  de esta  experiencia se mire al País  desde una perspectiva educativa y  salubrista.