“Te necesito como el aire que respiro”. Esta frase -en apariencia, romántica por demás- bien podría interpretarse como la más fogosa y sincera declaración de amor. Sin embargo, dentro de otro contexto, esas mismas palabras pueden significar una obsesión desmedida o una dependencia malsana. De hecho, la misma oración puede ser el fruto de una relación dominante que le haga creer al enamorado o a la enamorada que su existencia depende única y exclusivamente de que su amor sea reciprocado.

En ambos escenarios -según nos explicara la Dra. Carmen María Márquez Pérez, psicóloga clínica- es preciso que exista “un trastorno de personalidad dependiente emocional” para que una de las partes desarrolle una dependencia desmedida de la otra.

Dos caras del mal amor

Huelga decir que el amor romántico tiene posibilidades y manifestaciones infinitas. Pero, las dos expresiones que nos ocupan hoy son, en palabras de la propia Dra. Márquez Pérez, “más comunes de lo que uno se imagina”.
Se trata de la persona que se las ingenia -convence, trabaja, manipula- para que uno dependa de él o ella casi en su totalidad; para que uno no imagine su vida sin él o ella. La doctora lo define como “el conquistador”.

En el otro extremo del espectro -pero, exhibiendo igual grado de dependencia- está aquel o aquella que sin uno provocarle de manera consciente, se aferra a uno como a un salvavidas. A éste lo podríamos identificar como el “trastorno de personalidad histriónica”.  Cabe señalar que, en su caso, la situación se complica más todavía porque depende del objeto de su amor, independientemente de si sus sentimientos son o no correspondidos .

Veamos, pues, cómo se ilustra cada uno de los escenarios.
  
 El síndrome del amante conquistador

“La dependencia emocional es una necesidad afectiva extrema que una persona tiene hacia otra”, establece Márquez Pérez. Dicha necesidad afectiva es, a su vez, producto de las destrezas emocionales que uno acarrea durante su vida.

“La autoestima tiene mucho que ver”, abundó la doctora, “para que uno permita o no que alguien ‘trabaje’ para que uno sea dependiente de él o ella. Esa persona sabe identificar esas señales de fragilidad en ti; conoce qué necesidades afectivas tú tienes y (deduce) cuál es tu rollo emocional. Desde ahí empieza a conquistarte”.

Su modus operandi

La persona que trabaja conscientemente para que uno dependa  de él o ella, suele recurrir a  estratagemas:

Magnifica sus gestiones: “Mira lo mucho que yo te quiero, mira lo mucho que hago por ti”.

Busca las formas de que tú te sientas indispensable en su vida.

Te limita, te ocupa todo el tiempo.

Trata de apartarte de tu entorno.   “Al conquistador(a) no le gusta relacionarse mucho socialmente”, dice Márquez Pérez.
 
¿Quiénes están más susceptibles?

“En mi experiencia profesional y personal”, relató la doctora, “hay generaciones que son más susceptibles. Ello se debe a que, culturalmente, uno aprende unos esquemas y unas formas de actuar. Por ejemplo, aquellos que hoy tienen alrededor de 60 años -la generación de los baby boomers, tienden a ser personas más conservadoras, machistas y dominantes. (O sea), más dadas a procurar un dominio sobre una persona sumisa. No descarto que en esta generación joven haya personas (que actúen del mismo modo) porque esto es algo aprendido”.

¿Cómo superarlo?

Tanto para el dominador como para el sometido, es crítico que, además de aceptar su comportamiento, que actúe para buscarle remedio. Pero, advierte Márquez Pérez, si un maltratante o un maltratado no acepta lo que es, podríamos pensar que el primero carece de empatía y el segundo carece de introspección, que podría ser señal de “una disfunción más grande, una sociopatía”, señala Márquez Pérez.

El síndrome del  amante histriónico

Este tipo de dinámica puede presentarse de la manera más normal. Por ejemplo, nuestra pareja hace todo lo posible por llevarse bien y caerles bien a nuestros allegados, pero la diferencia estribará en  la insistencia con que lo haga.

Poco a poco, se hará evidente que el propósito de sus acciones es demostrarnos -de manera exageradamente seductora, pero evidentemente manipuladora- que su amor es eterno e incondicional. Con el tiempo, nos daremos cuenta de que lo hace constantemente y de manera acaparadora.

Su modus operandi

Ese continuo despliegue de “pruebas de amor” inevitablemente le llevará a  manifestar de lleno su dependencia y   poco a poco se hará evidente que su vida gira única y exclusivamente  en torno a la nuestra. Por eso,  no sería raro que:

Nos hiciera regalos sin ton ni son, incluso costosos o innecesarios.

Nos llamara todo el tiempo para saber “si necesitamos algo”, “si estamos bien” o “por dónde vamos”, y persis-
tiera en hacerlo aunque le pidiéramos que desistiera.

Se las ingeniara para  presentarse “de casualidad” en los sitios a los que  vamos o hasta en nuestro trabajo o en una cita médica, con excusas fatulas.

Hiciera lo posible por aprenderse  nuestro itinerario, de manera que luego pudiera “interrogarnos” al respecto, aunque siempre jurara que ésa no era su intención.

¿Quiénes están más susceptibles?

Según Márquez Pérez, una de las primeras señales  de este tipo de comportamiento serían “los cambios (bruscos) de estados de ánimo”. Por ejemplo,  que pasa  de un estado de casi total desinterés (depresión) a un estado de euforia constante (manía) podría ser candidato o candidata a desarrollar un fatal attraction hacia nosotros.

¿Cómo superarlo?

Si nuestra pareja exhibe este tipo de comportamientos y ello nos toma “por sorpresa”, puede que hayamos ignorado las “señales de bandera roja” que podían habernos advertido que tenía todas las características de que se aferraría a nosotros más de la cuenta.  Por eso, “hay que hacerle caso a nuestra intuición”, advirtió Márquez Pérez, y atajar las cosas a tiempo. 

Más consejos

Alimenta tu salud emocional. “Esto es como el arroz y habichuelas de todos los días; la salud emocional es tan frágil... ”.

Conoce los trastornos de personalidad. “Si no conocemos estas condiciones [...] podemos caer en una situación de violencia doméstica”.

Cuídate de los patrones de abuso. ”Hay tanta inversión emocional social, familiar, financiera, de intimidad, etc. que cuando caes en una relación abusiva (uno tiende a continuarla) para evitar la vergüenza social” de un fracaso público.

*** La Dra. Carmen Márquez Pérez  es coautora -junto con Héctor Gil de Lamadrid Orlando-  del libro “Golpes silenciosos: ¿Y él te pegó?”. Para más información, llama al 787-289-8686, 787-922-0858 o visita www.golpessilenciosos.com.