Seis medicamentos de uso diario que podrían ayudarte a reducir el riesgo de demencia
Vacunas y tratamientos para enfermedades crónicas podrían tener un efecto protector sobre la salud cerebral.

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Medicamentos de uso cotidiano podrían tener un efecto inesperado en la salud cerebral. Diversas investigaciones sugieren que algunos fármacos ampliamente utilizados —desde vacunas hasta tratamientos para enfermedades crónicas— estarían asociados con un menor riesgo de desarrollar demencia, una condición que afecta la memoria, el comportamiento y otras funciones cognitivas, y que actualmente no tiene cura.
Uno de los hallazgos más consistentes apunta a la vacuna contra la gripe. Estudios han encontrado que los adultos mayores que se inmunizan regularmente presentan menos probabilidades de desarrollar demencia que quienes no lo hacen. Especialistas advierten, sin embargo, que este efecto también podría estar relacionado con estilos de vida más saludables, como acudir con frecuencia al médico o seguir tratamientos preventivos.
En esa misma línea, la vacuna contra el herpes zóster también ha llamado la atención de la comunidad científica. Investigaciones han estimado que podría reducir el riesgo de demencia entre un 15% y un 20%. Algunos expertos consideran que la evidencia es cada vez más sólida, especialmente tras analizar datos poblacionales tras la introducción de nuevas versiones de la vacuna.
Por otro lado, los medicamentos antiinflamatorios han sido objeto de múltiples estudios debido al papel que juega la inflamación en enfermedades como el Alzheimer. Aunque algunos análisis sugieren que podrían ofrecer cierta protección, los resultados no son concluyentes y varían según el tipo de fármaco y la población estudiada.Los tratamientos para la diabetes tipo 2 también entran en esta lista. Fármacos como la metformina y los inhibidores SGLT2 podrían contribuir a reducir el riesgo de deterioro cognitivo, al ayudar a controlar los niveles de glucosa e insulina, factores clave para la salud cerebral. Además, algunas investigaciones apuntan a que podrían influir en la acumulación de proteínas vinculadas al Alzheimer.
Finalmente, los medicamentos para controlar el colesterol y la presión arterial han mostrado posibles beneficios indirectos. Aunque la evidencia es mixta, varios estudios sugieren que mantener estos factores bajo control podría disminuir el riesgo de demencia a largo plazo.
A pesar de estos hallazgos, los expertos insisten en que no existe una solución única para prevenir la demencia. La combinación de hábitos saludables, control de enfermedades crónicas y seguimiento médico sigue siendo la estrategia más recomendada.


