Ana Guadalupe no se quita de la UPR
El lunes de la semana pasada, Guadalupe fue perseguida por un grupo. (Vídeo)

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 15 años.
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No se quita.
Con la voz entrecortada, la rectora del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Ana Guadalupe, recordó ayer el preciso instante en el que temió por su seguridad, el pasado 7 de marzo, cuando fue agredida por un grupo de manifestantes tras sostener una reunión de facultad en la Escuela de Arquitectura.
Fue justo cuando se acercaba a la salida del edificio que observó cómo un grupo de estudiantes aparentemente la emprendía contra el subdirector de Seguridad, Jorge Rodríguez. Ahí tuvo la certeza de que tenía que abandonar el campus.
“Cuando alcanzo a ver a Jorge, que lo tiran y le caen encima, eso para mí fue un abrir de ojos... enseguida me enderecé y seguí”, recordó del instante en que se dobló para recoger su agenda y se topó con la escena.
De inmediato, se olvidó del cuaderno y siguió su camino hacia la salida. “Es la primera vez que yo pienso, si yo me hubiese inclinado a recoger esa libreta, se me hubiesen tirado encima como le hicieron a Jorge”, dijo tratando de contener las emociones sobre el oficial, que terminó con una herida abierta en el rostro que requirió seis puntos de sutura.
Tras el incidente, decidió que se acabaría la leniencia y que aplicaría la resolución que prohíbe la celebración de actividades masivas dentro del Recinto, vigente hasta el 24 de marzo.
Hasta el momento, alegó, han sido flexibles en su aplicación, “tratando de ver si la situación se suaviza, tratando de ver si estos grupos, de verdad, pueden demostrar que ellos pueden expresar sus disgustos de forma pacífica”.
“Se acabó la leniencia, porque la realidad es que... cualquier miembro de esta comunidad que quiere entrar al Recinto y caminar por el Recinto debe poder hacerlo”, apuntó.
El lunes de la semana pasada, Guadalupe fue perseguida por un grupo de manifestantes, entre los que había personas ajenas al Recinto, quienes le lanzaron botellas de agua, le halaron el cabello, la empujaron y hasta rompieron el cristal del vehículo en el que fue sacada del Recinto, provocándole laceraciones en el hombro.
Aseguró que no lloró luego del incidente, aunque sí ponderó la posibilidad de abandonar la Rectoría, lo que descartó inmediatamente, pues aún tiene mucho que dar por la Universidad y porque es un momento crucial para el Recinto, pues a principios de mes esperan la visita de la Middle States Commission.
Y, ¿hasta cuándo estará en la Universidad?
Por ahora... déjalo ahí.
Negó las acusaciones que apuntan a que provocó el incidente al acudir al mencionado edificio. Observó los vídeos captados y colgados a través de las redes sociales y fue ahí donde, dijo, comprendió la peligrosidad del suceso en el que se vio involucrada.
Pero, ¿usted pareció mantener el control?
Yo soy química y, cuando uno está en un laboratorio de química y tienes 24 o 30 estudiantes haciendo operaciones químicas, tú tienes que estar bien alerta... un poco en aquel momento, mi mente estaba en blanco.
Habló con sus hijos de 14 y 19 años sobre lo ocurrido, pero no entró en detalles. “Nosotros llegamos a la casa y olvidamos la UPR”, sostuvo.
Fue el pasado 24 de febrero cuando Guadalupe comenzó a percibir un ambiente de hostilidad dentro del campus, que la obligó a limitar sus salidas de Rectoría. Ese día, Guadalupe y el presidente interino de la UPR, Miguel Muñoz, fueron insultados mientras atravesaban la plaza Antonia Martínez en la Facultad de Humanidades para abordar un vehículo.
Algunos sectores han tratado de justificar las agresiones alegando que son un reflejo del descontento que existe entre el estudiantado por la imposición de la cuota de $800 y de una resolución que prohíbe las manifestaciones masivas dentro del Recinto. Otros alegan que Guadalupe representa la imagen de opresión hacia los estudiantes. Para ella, no hay aseveración que justifique el incidente.
“Si aquí hay personas que pueden justificar estos actos, e ntonces me van a tener que explicar cómo justificamos los actos de violencia doméstica, de violencia hacia los niños”, respondió.
Tampoco validó como correctos aquellos incidentes que se han desatado contra los universitarios, incluyendo a féminas que denunciaron haber sido tocadas en sus partes privadas. La realidad, sin embargo, es que la radicación de cargos contra los presuntos implicados en el incidente contra la Rectora se dio a menos de una semana de los hechos y, en el caso de los otros sucesos, aún los perjudicados están a la espera de que miembros de la Uniformada sean señalados.
Confirmó que no tendría problema en sentarse en el estrado cuando llegue el momento de que los estudiantes acusados enfrenten el debido proceso de ley. Puede identificar a “varios” de los que participaron de la manifestación, pero a ninguno que la haya agredido físicamente.
¿Cómo cree que la juzgará la historia?
Déjalo a la historia. Yo he hecho lo que tenía que hacer; yo he cumplido con mi responsabilidad con la institución. Otros que se lo pregunten.

