A la deriva Isla Ratones: Se ahoga su reconstrucción
El secretario del DRNA indicó que ya no es posible porque esa área bajó de nivel con los terremotos.

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Ese paradisíaco lugar, conocido como Cayo Ratones o Isla Ratones, en la costa de Joyuda, al este de Cabo Rojo, no volverá a contar con muelle, gazebos ni otro tipo de infraestructura, reveló el secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), Waldemar Quiles, indicando que la decisión responde a que esa zona bajó de nivel durante los terremotos del 2020, y ya no sería razonable construir allí.
“Básicamente, el proyecto se va a retirar, porque en los terremotos esa área bajó de nivel, y las áreas donde se podían hacer las estructuras que había ya no es compatible con eso. Así que ya estamos en proceso de retirar el proyecto. Eso es, básicamente, la triste historia de Cayo Ratones”, sostuvo el secretario en entrevista con Primera Hora, refiriéndose a la asignación de fondos que había hecho la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) para reconstruir la infraestructura que había en el cayo y que resultó destruida por el paso del huracán María en 2017.
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Abundó que, cuando habla de retirar el proyecto no se trata de hacerlo para llevar a cabo entonces un nuevo estudio en busca de evaluar algún proyecto alterno, sino que, al menos en lo que se refiere a reconstruir algún tipo de infraestructura, en Cayo Ratones “lo perdimos. No es viable económicamente restablecer nada allí”.
Explicó que, durante los terremotos, puede ocurrir que algunos sitios los niveles del suelo suban y en otros bajen, como -en efecto- ocurrió durante la secuencia de terremotos que afectó al suroeste de Puerto Rico en el 2020.
“En este caso particular, los terremotos se sintieron fuerte allí, y entonces el terreno bajó de nivel, bajó de nivel sustancialmente, y ya no es lo que era antes”, comentó.
Aclaró que no es que la islita se esté hundiendo, sino que “durante el evento sísmico, la placa tectónica allí bajó y el nivel del cayo bajó también”.
Agregó que no había visitado el cayo, pero sí lo habían hecho miembros de su personal, y acotó que, “para que yo dé el visto bueno para que se retire un proyecto, es porque no hay break, porque yo soy de los que, mientras más chavos me den, pues mejor. Yo los chavos los gasto rápido, yo no dejo chavos en el banco, los chavos míos son pa gastarse”.
“Y pues me dio mucha pena. Me dio mucha pena, pero no quedó otro remedio que proceder a dar hacia adelante con el retiro del proyecto. Todo eso hay que echarlo para atrás”, afirmó.
“A todo el mundo le gustaba Cayo Ratones. Ir a Ratones le gustaba a mucha gente y mucha gente disfrutaba, pero desde nuestra perspectiva no es razonable tratar de hacer algo allí”, insistió, agregando que incluso bajo las condiciones actuales con toda probabilidad eventualmente no les iban a dar el dinero para esos fines.
Casi $735,000
Uno de los golpes más recientes lo recibió durante el huracán María, que causó allí gran devastación, incluyendo la destrucción de su muelle, gazebos y prácticamente todas las otras estructuras que había allí.
Desde entonces había permanecido cerrada, a la espera de una rehabilitación, aunque a menudo continuaba siendo visitada por diversas personas.
Como parte de las asignaciones que hizo FEMA para los trabajos de recuperación y rehabilitación post María, a Isla Ratones se le obligaron fondos que llegaron a sumar casi $735,000, para trabajos que se esperaba incluyeran la construcción de un nuevo muelle, así como pabellones techados y asadores, entre otras obras de infraestructura destinadas a propiciar su disfrute.
De acuerdo con la información más reciente disponible en el portal de transparencia de la Oficina Central de Recuperación, Reconstrucción y Resiliencia (COR3), FEMA tenía dos proyectos para Cayo Ratones, uno para la construcción del muelle para el que había obligado $641,407, y otro para las estructuras del islote, para el que había obligado $83,508. En el caso de esa segunda partida, ya aparecía también como desembolsada.
FEMA obligó el dinero para el proyecto del muelle, que estaba considerado como un trabajo grande, en enero de 2021, y para el otro proyecto, considerado pequeño, en marzo de 2022.
El costo total estimado estaba calculado en $723,786 y $92,787, respectivamente, por lo que el DRNA tenía que hacer un pareo total de $81,658 ($72,379 y $9,279).
El proyecto del muelle se encontraba en la etapa de adquisición de diseño, en la fase de preparación de solicitud de propuesta (RFP, en inglés) o planificación de subasta, mientras que el de las estructuras estaba en la etapa de planificación, en la fase de formulación de proyecto, nueva versión o enmienda.
El secretario dijo desconocer qué podría pasar con ese dinero una vez sea devuelto a FEMA, pero consideró que quizás “se puede distribuir en alguna otra facilidad o alguna otra dependencia. Pero, ciertamente, yo no lo puedo coger por cogerlo. Hay que ser responsable”.

A pesar del contratiempo, Quiles aclaró que, aunque ya no sea viable para la construcción de infraestructura, Cayo Ratones continúa siendo parte del área natural protegida del Bosque Estatal de Boquerón.
“Eso no cambia en nada. Lo único que cambia es que no se va a asignar dinero ahí, pero el contexto en el que existe el cayo sigue siendo el mismo, sigue siendo parte de todo lo que era antes. Lo único que ahora no vamos a tener facilidades allí”, indicó.
“Sigue siendo un área protegida, y los vigilantes van a estar patrullando, y van a seguir protegiendo esa facilidad, pero lamentablemente la naturaleza nos ganó. Y cuando la naturaleza habla, hay que escucharla”, sostuvo.
Así las cosas, el área se puede seguir visitando, “y se puede hacer allí lo que se puede hacer en cualquier área protegida nuestra, cualquier actividad que sea cónsona con el estado natural de ese predio de terreno. El que pueda llegar y pueda acercarse, pues puede estar allí. Todas estas cosas son factibles. Pero el hecho de que no vayamos a tener facilidades allí pues ya no… es como cualquier otra islita, que la gente las visita, pero no va a tener facilidades más allá”.
El secretario exhortó al público en general a “que sigan disfrutando de nuestras maravillas naturales en la manera en la que se pueda, sin extendernos más allá de lo que es posible. Simplemente apreciarlo. El snorkeling siempre es bueno, nadar siempre es bueno. Pero pues ya las otras cosas que se hacían antes no se van a poder hacer”.
“Pero tenemos muchos otros sitios que la gente puede disfrutar también”, acotó Quiles.
Valioso recurso natural
Aunque el lugar y sus alrededores continúan siendo un área de alto valor natural, que sirve de hogar a un sinnúmero de especies, incluyendo algunas endémicas y en peligro de extinción, ya desde antes del azote del huracán María (2017) la islita había perdido parte considerable de su superficie.
De acuerdo con el portal del DRNA, se cree que, de antaño, era parte de la costa, pero a consecuencia de marejadas y la construcción de un rompeolas con el tiempo se separó y quedó como una isla.
Históricamente, tuvo diversos usos, entre ellos siembra de piñas, lo que dio origen a que también se le conociera por algún tiempo como Isla de Piñas o Isla Piñero. También se usó como fondeadero de barcos, polígono de tiro, club y balneario privado, antes de que, luego de los daños que le ocasionó un tornado, en 1972 pasó a ser administrado por el DRNA.
Mucho antes de todo eso, se cree que también pudo ser utilizada por los indígenas precolombinos, e incluso se han encontrado restos arqueológicos allí, y la osamenta de un indio pretaíno.
En años más recientes, se había convertido en un atractivo turístico, y las personas acudían allí a hacer pasadías y disfrutar de su playa, hacer actividades náuticas como montar kayak, o practicar snorkeling aprovechando la belleza de su fondo marino circundante.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la combinación de efectos de erosión, aumento del nivel del mar y otros fenómenos naturales, la islita había continuado perdiendo terreno.
El secretario aseguró que no tiene ningún otro proyecto que esté en vías de retirar.
“Todos los demás proyectos están viento en popa. De hecho, ahora tenemos 18 proyectos que se están transfiriendo a AFI (Autoridad para el Financiamiento de la Infraestructura) para que se subasten”, indicó.
“Estamos buscando que las cosas se vean bien, que se vean bonitas. No tienen que verse en desuso y desgastadas. Vamos a estar invirtiendo dinero en esas cosas. Estamos reacomodándonos. Con lo poquito que tenemos estamos haciendo el máximo posible, y un poquito más”, agregó Quiles.


