Son múltiples las razones a las que se les puede atribuir el alza de los nacimientos por cesáreas en la Isla, pero ninguna de ellas justifica que el 50% de las mujeres terminen en el quirófano.

Para el ginecólogo obstetra José Gorrín hay dos escenarios responsables de las alarmantes cifras que no han mostrado mejora alguna en los pasados años. El primero de éstos es la inducción artificial del parto.

A pesar de que clínicamente se trata de una opción imperiosa sólo cuando se demuestra “que el bebé está mejor si nace que quedándose en el vientre de la madre”, panorama que sólo podría ocurrir en el 15% de los embarazos, en los hospitales del país, el 60% de los partos son provocados.

“Las inducciones se están haciendo en demasiadas ocasiones por conveniencia del proveedor y eso es violatorio. Nunca el médico debe actuar para su propio beneficio porque está violando el Juramento de Hipócrates”, advirtió.

La evidencia científica, explicó, demuestra que inducir un parto presenta dos problemas: convierte el parto en uno de alto riesgo para el bebé y la mamá y hasta triplica el riesgo de que termine en una cesárea.

La otra causa principal para el alza alarmante de las cesáreas radica en que muy pocos proveedores y médicos respetan el derecho de toda mujer a tener un parto vaginal después de una cesárea.

El experto señaló que lamentablemente los proveedores no están actualizados con la evidencia científica que plantea que es seguro tanto para la mamá como para el bebé y que las posibles lesiones son las mismas que puede enfrentar cualquier primeriza. “Tendríamos que prohibir los partos de toda primeriza”, alegó.

“Aquí, lamentablemente no se toca el problema. El doctor es el que sabe y toma las decisiones y es una cosa dramática y epidémica”, indicó.

A las mujeres que están a punto de dar a luz, les exhortó a conocer y exigir sus derechos y su prerrogativa de rechazar de forma informada cualquier intervención que el médico le recomiende.

“No se dejen convencer por razones que no obedecen a evidencias científicas como que me voy de vacaciones, de torneo de golf o que se te pasa la fecha o que tienes poco líquido”, advirtió.

En cuanto a los riesgos que podrían correr las adolescentes embarazadas, dijo que son los mismos que enfrenta cualquier mujer en estado, como podría ser una embolia pulmonar, hemorragia o daños a la vejiga y el útero.

El daño emocional deja las mismas marcas en cualquier mujer que sueña con tener su hijo por vía natural y termine en cesárea. “Para toda mujer que alberga la fantasía de ser mamá la cesárea siempre es un fracaso. Deja una sensación de fracaso”, comentó.

Reconoció que es un “trauma” que se puede superar, pero se hace más difícil debido al escenario y ambiente hostil a la maternidad en hospitales en Puerto Rico. “La separan de su bebé y eso tiene un efecto al iniciar y mantener la lactancia exitosa. En Puerto Rico estamos naciendo en medio de un acto de violencia y después nos quejamos de por qué hay tanta violencia”, apuntó.