Vega Baja. En la llamada Ciudad del Melao Melao muchísimas personas saben quién es Abuela Fefa, y no pocos la saludan calurosamente al encontrársela por la calle.

Y no es para menos, pues se trata de una mujer a la que muchísima gente identifica como “mamá, mami, mother” por la labor que ha hecho durante años asistiendo a personas sin hogar, curando sus heridas, dándoles alimento y, sobre todo, abrazos, amor y esperanza.

De hecho, la entrevistamos mientras lavaba en la plaza de ese pueblo los pies de un hombre sin hogar, cuyo atribulado rostro pareció iluminarse cuando vio a “mamá” y de inmediato le regaló un abrazo.

“Así se llama el ministerio y la organización, Arropando la esperanza con Abuela Fefa. Hay que darle esperanza a aquellos que necesitan, aquellos que quizás tomaron una decisión difícil. Hay que darles esperanza. Y qué mejor que hacer este acto de amor que es lavarle los pies a una persona, como Jesús lo hizo con sus apóstoles”, comentó Fefa, que es como la mayoría llama a Elsie Pérez González.

Abuela Fefa.
Abuela Fefa. (Stephanie Rojas Rodriguez)

Explicó que, luego de dos décadas en esa labor, muchas de las personas a las que ha tendido la mano “me dicen mamá. Para ellos, la mayoría de ellos me dicen ‘mother’. La mayoría ya no está, fallecieron, y yo era su ‘mother’, porque los cuidaba, les daba su desayuno. Dondequiera que los veía, los cogía, los abrazaba. Ellos son mis hijos”, sostuvo, agregando que, precisamente el día antes, se había cumplido el aniversario 29 de la pérdida de un hijo suyo, que murió de meningitis cuando tenía un año y medio.

“Y hoy, pues mira, haciendo otro acto de amor. Por aquel hijo que no está, pues ellos son mis hijos”, insistió. “No es casualidad. Todo es la voluntad del Señor. Y yo me siento amada… cuando estos nenes (personas sin hogar) tú te los encuentras en la calle y te dicen ‘mami, mamá, mother’. Siempre en el Alto de Cuba me decía ‘la mother’. Y para mí eso me llenaba, porque significaba que yo había llegado a su corazón, y lo que yo estaba haciendo estaba bien”.

Su personaje

Explicó que lo de Abuela Fefa nació hace más de 20 años, de su pasión por el teatro, donde alguna vez hizo el personaje de Inés en ‘Los soles truncos’, que “que me llegó al corazón. Y a raíz de ahí me gustó ser una anciana”.

“Y en algún momento dado en mi vida dije, ‘ahora sí yo voy a ser artista’, luego que pasé todo lo que pasé en mi vida. Porque también me fui por el hoyo, toqué fondo, comí comida de zafacón, deambulé, hice muchas cosas. ¿Y sabes qué? Dios permite en nuestras vidas muchas cosas. Y en una actividad de una iglesia iban a hacer un drama, y yo dije, ‘ah pues yo quiero ser Abuela Fefa’. Y decidí ser Abuela Fefa”, relató.

Aclara, sin embargo, que se trata de “una abuela para adultos, para envejecientes”, que con el tiempo “fue progresando, transformándose”, y comenzó a “vestir de una manera bien bonita, llamativa, para que las señoras, las doñas, los doncitos, pues se pusieran contentos. Porque doña Fefa viste de la época de los 50 y a todo el mundo le encanta”.

Abuela Fefa.
Abuela Fefa. (Stephanie Rojas)

“Pero me da gusto que me digan abuela. Ya yo perdí mi nombre de pila, que es Elsie Pérez. Lo perdí. Ahora soy Abuela Fefa para todo el mundo, doña Fefa, Fefa, Abu. O sea, esa soy yo, soy la abuela de todo el mundo, y de usted también si quiere”, afirma riendo.

Pero Abuela Fefa es mi mamá. Mi mamá me dijo un día, ‘da de lo que tienes y no de lo que te sobra’. Y cuando me visto como Abuela Fefa, pienso que soy mi mamá. Y es algo bien lindo”, agregó.

Además de todos esos “hijos” que por sus acciones se ha ganado a través del tiempo, Fefa ha tenido cuatro hijos biológicos: la hija mayor, que vive en Estados Unidos y le ha dado dos nietos, el que falleció, otra hija de 20 años, “que la tuve 16 años después”, que la ayuda en su misión, y “el chiquito”, que tiene 18 años, y que considera que de todos es el que “está más enfocado en esta misión y definitivamente sigue mis pasos”.

También se las guilla de chef

Y como si no tuviera ya suficientes “hijos” que atender, en tiempos más recientes Fefa conoció de la necesidad de muchos jóvenes universitarios, que a veces pasaban el día sin comer, y, guiada por esa pasión de ayudar y por su espíritu de “atrevida” o “presentá”, no vaciló en lanzarse a la aventura de cocinar para ellos en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Arecibo, aun cuando no tenía ni idea de que terminaría haciéndolo para 400, y en ocasiones hasta 500, estudiantes por día.

“Yo no sabía hacer ni un paquetito de arroz. Y ahora, hoy por hoy, hago hasta cuatro calderos a la vez, le meto cinco paquetes a cada uno. Y me encanta cocinar, y en grandes cantidades. Y ellos (los estudiantes) son locos conmigo. Me pusieron la Chef Fefa. Yo digo la chef que no sabe cocinar, pero se las inventa. Y lo mejor de todo es que no uso sofrito. ¿Y cómo la comida te sale tan buena? Ay, yo no sé. Yo lo que uso son tres elementos: pa que lo escuche el Chef Piñeiro, yo uso el ajo del Chef Piñeiro, ese es mi condimento para todo, para adobar y para todo; compro cilantro por montón; y pimientos morrones. No uso nada más”, comentó, agregando que la comida “te la doy en tu mano, y un ‘Dios te bendiga’”, pues lo considera “un acto de amor y de respeto a cada estudiante”.

Pese a que se enfermado de los brazos, en buena medida por el fuerte trabajo, y que “ha sido un poquito complicado” seguir adelante, asegura que “Dios me ayuda. Y el amor por ver esos nenes con esas sonrisas de lao a lao… y cuando digo que hay albóndigas, no sé qué tienen mis albóndigas –‘el secreto es la pasta de guayaba, pero no lo digas’, susurra –. Ellos son locos con mis albóndigas, y to el mundo”.

Pensando en cómo hacer su trabajo más fácil, Fefa sueña con “tener una guagua que yo la pueda conducir y que ahí yo tenga mi cocina, y que yo diga, ‘mira, pasó algo por allá por Ponce, vámonos chicas, móntense en la guagua’. Ahí tenemos la estufa, tenemos todo, vamos allí y cocinamos. Y nos alojamos ahí. Siempre he querido un ‘movil home’, siempre con esa visión”.

El otro gran sueño que tenía, ir a Nueva York, está camino a cumplirse, pues la Parada de Nueva York se la dedican a Vega Baja, “y va Fefa. Y va con las botas puestas. Voy con mi traje rosado, con puntos blancos, con mi paraguas. O sea, Fefa va bien bonita, representando a las mujeres de Vega Baja, a lo que somos: mujeres maravillosas”.

Las mujeres, de hecho, son parte de los “muchos proyectos” que tiene en mente Fefa para el futuro.

“Sigo con los estudiantes, y estoy dedicándome a las mujeres, porque las mujeres necesitan tiempo bonito, tiempo para ellas”, explicó, agregando que está haciendo unas actividades que llama ‘Un sorbito de café con Abuela Fefa’, en las que comparte por un par de horas con mujeres, al tiempo que escuchan música en vivo y disfrutan de un desayuno y otras actividades, “para que ellas sientan y sepan que tienen un espacio en la vida y que nadie les tiene que quitar ese espacio”.

De manera que, aunque surjan dolencias, contratiempos, días más difíciles, Fefa asegura que “mientras hay vida, hay esperanza. Y mientras la gente me necesite, yo voy a estar ahí”.