Corredores de bici alteradas dicen que no violan la ley
Hay un club de usuarios de bicimotos en Ponce que cuenta con un protocolo y procura cumplir con la Ley 22.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
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En la Perla del Sur proliferan los clubes de aficionados de estos transportes
Ponce. Son de colores llamativos y de todos los tamaños y aunque para algunos pueden resultar ruidosas, para ellos es una manera de pasarla bien sanamente.
Se trata de las ya famosas bicimotos, que desde hace unos años han cobrado auge en toda la Isla y que están en la mirilla de la Policía por tener aditamentos alterados.
Semanalmente, un grupo de amigos se reúne en la Ciudad Señorial en su bicimotos, en las que comparten en familia paseos de chinchorreo o simplemente para conversar sobre su afición por estas bicicletas modificadas a su gusto.
Alberto Ballester, es un mecánico que se dedica a “personalizar” las bicicletas de acuerdo al pedido de cada cliente. Este explicó que comenzó hace dos años y desde entonces ha preparado cientos de este vehículo de dos ruedas.
“Las modifico para que se vean más bonitas o con piezas que ayudan a tener un mejor rendimiento”, dijo el hombre.
Asimismo, señaló que cualquier bicicleta normal puede ser “customizada”, ya que con tan solo $250 se adquiere el kit completo que incluye el motor, el tanque de gasolina y la cadena. Añadió que patrocina el comercio local, comprando las piezas en Ponce.
Destacó que su club Bicimotos de Ponce tiene como reglas cumplir con la Ley 22 de vehículos, que no permite que las bicicletas tengan una fuerza no mayor de los cinco caballos, por lo que sus bicimotos tienen 2.5 caballos de fuerza. Cuando salen en grupo van de dos en dos por los paseos u orillas de carreteras rurales a una velocidad no mayor de 20 millas, el ciclista que va adelante hace señas a los de atrás sobre a dónde doblar y detenerse. Aunque no utilizan casco, sí usan reflectores, guantes y luces.
“Si llegan personas que no quieren seguir las reglas les decimos que no pueden quedarse”, comentó Ballester, quien sustituyó su auto por la bicimoto para ir a su trabajo.
Al preguntársele si llegase a surgir alguna legislación para regular el uso de estas bicicletas, éste mencionó que están de acuerdo y que la registraría como cualquier vehículo. “Sabemos que es por nuestra seguridad”, indicó el aficionado.
Por su parte, Walter Figueroa, manifestó que están conscientes del peligro al que se exponen en las carreteras del país, pero reiteró que solo buscan pasar un rato tranquilos y en compañerismo.
“Algunos cargan un bultito con herramientas por si sucede una emergencia”, dijo el joven ponceño.
Estos corredores aseguran que es un hobby costoso, ya que muchos llegan a invertir más de $1,000 en su bicimoto.
“Si legislan pagamos, pero que también se respeten nuestros derechos”, expresó Paul Ballester, otro de los corredores de bicimotos.
Durante varias de sus reuniones o paseos este grupo ha logrado aglomerar hasta 80 personas en sus bicimotos.

