Quieren que puertorriqueños salven al coquí en Hawai.

El canto del coquí -melodioso y sentimental para el puertorriqueño, odioso e intolerable para el hawaiano- ha generado en ese estado una serie de políticas gubernamentales dirigidas a erradicar estos animales, que incluyen rociarles ácido y entrar a propiedades privadas para acabar con ellos.

Grupos que defienden la existencia del coquí puertorriqueño en Hawai han reactivado su militancia para denunciar que el Departamento de Agricultura allí se apresta a aprobar nuevas regulaciones que refuerzan las potestades gubernamentales para acabar con la especie.

El tema genera enconadas posturas de uno y otro lado del planeta. Aníbal Acevedo Vilá, cuando era comisionado residente el cuatrienio pasado, envió una carta al Departamento de Agricultura federal solicitando que se le presentaran estudios para fundamentar las campañas de erradicación en Hawai. Mientras, en Hawai, algunas escuelas incentivan a sus estudiantes a matar la mayor cantidad de coquíes a cambio de premios como iPods en un concurso conocido como Coquí Bounty Hunter.

Ante el actual escenario, Sydney Ross Singer, director del Coqui Hawaiian Integration and Reeducation Project (Chirp), pidió ayer a todos los puertorriqueños que se comuniquen con el Departamento de Agricultura hawaiano -que está en proceso de vistas públicas previo a la implantación de las nuevas medidas- para que ayuden a salvar al coquí del exterminio en ese estado.

“Creo que la gente de Puerto Rico es esencial en esta campaña, porque ustedes conocen al coquí mejor que nadie. Necesitamos que ustedes acudan a su rescate. Ustedes saben por qué el coquí es tan adorable y tan querido. Los coquíes necesitan de su ayuda”, dijo Ross Singer en entrevista telefónica con este diario desde Hawai, donde ha vivido durante los pasados 15 años.

“Algunas personas no están acostumbradas al sonido, son intolerantes y quieren silenciarlos. El método de echarles ácido es cruel”, expresó Ross Singer, quien agregó que “el coquí no está haciendo nada malo, excepto cantando, algo que a muchos hawaianos les encanta”.

Pero no a todos. La elogiosa descripción del coquí de Ross Singer es muy distinta a la que ofrecen funcionarios del Departamento de Agricultura de Hawai.

“Probablemente es difícil para la gente de Puerto Rico entender qué tan invasivo resulta el coquí para el ecosistema de Hawai, para su gente y sus visitantes. Algunas personas no pueden dormir, escucharse unos a otros en una conversación, ver televisión o hablar por teléfono”, dijo Janelle Saneishi, portavoz del Departamento de Agricultura del estado. “Los turistas que vienen a Hawai no vienen para escuchar al coquí. Vienen para tener paz y tranquilidad”.

Neil Reimer, director de la división de control de plagas del Departamento, reconoció que, más que una amenaza concreta al funcionamiento agrícola de Hawai, “el principal problema es que son ruidosos. Creo que ése es el asunto principal. Que la gente no puede dormir bien en las noches. Que reduce el valor de las propiedades y que tiene un efecto económico”.

No obstante, los funcionarios no pudieron proveer estadísticas de la cantidad de coquíes en Hawai ni dar cifras que fundamenten la clasificación de plaga. Los coquíes probablemente se introdujeron accidentalmente en Hawai alrededor de 1988. Se presume que llegaron junto con plantas ornamentales o en paquetes de suelo para la jardinería.

Reimer comentó que algunas fincas agrícolas emplean tiempo y recursos en erradicar a los coquíes para exportar productos que no estén “contaminados” con el animal.

Los funcionarios dijeron que los coquíes están concentrados en la parte este de la isla grande de Hawai, y que intentan evitar su propagación a otros lugares.

Los cambios de política pública sobre los cuales el grupo Chirp advirtió incorporan administrativamente al Departamento de Agricultura los estatutos aprobados en pro de la erradicación, incluyendo la prerrogativa gubernamental de entrar en propiedades privadas para eliminar la “plaga” de los coquíes.