Angelo Soler Ruiz sabe en carne propia lo que es dormir sobre cartones sucios y fríos en la calle. Sabe lo que es pasar hambre y no tener adonde ir. Sabe lo que es deambular.

Ayer le daba gracias a Dios por haberse “levantado”, por encontrar el rumbo . Estaba feliz de repartir alimentos preparados por sus propias manos para los necesitados. Es el cocinero del albergue El Paraíso-El Edén, en la avenida Fernández Juncos en Santurce, donde ayer repartió más de 200 platos de almuerzo de Acción de Gracias a decenas de deambulantes y desamparados de los sectores de Trastalleres, La Colectora, Puerta de Tierra, Barrio Obrero y La Perla.

A las 11:00 de la mañana ya se habían agotado 20 pavos asados rellenos con carne molida, tocineta, manzana, perejil y un toque especial de naranja agria con vinagre balsámico diluido por encima. Quedaban sólo dos en el horno.

“Me levanté a las cuatro de la mañana para hornear los pavos. Preparamos arroz con gandules, flan de calabaza, cheesecake, coctel de frutas”, explicó Angelo, quien estuvo asistido en la cocina por Domingo Alcántara. “Estamos repartiendo alimentos a las personas que no tienen hogar, que no tienen familia, un día como hoy (ayer) que no tienen con quién compartir; los tratamos como a la familia de nosotros para darles un espacio, para que se sientan felices”, dijo Angelo, quien desde hace 14 años es chef. Estudió arte culinario en la Escuela Hotelera.

Se quedó sin palabras y lo ahogó el sentimiento cuando Primera Hora le preguntó por qué se identificaba con los desamparados.

“Ahora mismo, aunque tú no lo creas, yo fui deambulante. Mi mamá murió, la casa se perdió y yo me quedé en la calle. Por cuatro meses dormí en cartones, pasé hambre. Nunca usé drogas ni bebía, pero si llegué a pasar lo que ellos pasan: hambre. No me bañaba; pasé todo lo que un deambulante pasa, pero un día dije: ‘me tengo que levantar’. Me levanté y seguí hacia adelante. Dios me ha ayudado”, relató con lágrimas.

“Por eso me identifico con ellos, porque he pasado por todo eso que ellos pasan. No he tocado fondo porque no usé drogas ni bebo, pero pasé por lo mismo que ellos pasan. No es fácil en un Día de Acción de Gracias no tener qué comer, no estar con tu familia... es fuerte... Ahora, cuando salga de aquí, voy a celebrar con mi familia”, sostuvo el hombre de 45 años, natural de Vega Baja, y quien ahora es residente de Santurce.

“No es fácil, pero se puede. Tú te superas si quieres superarte, si quieres salir de donde estás, lo puedes hacer con tu esfuerzo, y más cuando te ayuda la gente. Yo no tuve ayuda; no tenía a mi familia, no tenía a mis hijos. Tuve que salir hacia adelante yo mismo”, dijo.

La directora del albergue, Elsie Solano, se mostró complacida con la acogida de los comensales, que disfrutaban el suculento menú en mesas y sillas en el estacionamiento.

“La semana pasada teníamos 30 fardos de arroz y ayer tuve que mandar a comprar para suplir la demanda de alimentos de tanta gente que viene hasta aquí”, indicó Solano.

Explicó que el albergue se sostiene con fondos federales y con donativos. Dijo que para la actividad de ayer contaron con la ayuda de jóvenes voluntarias de la Universidad del Sagrado Corazón y de la clase de décimo grado de Saint Mary School.

“De lo que era un shooting de drogas, hemos hecho un hogar de vivienda permanente”, dijo Solano, refieriéndose al albergue El Paraíso - El Edén.

Cruz Rivera, deambulante, agradecía las atenciones desde una silla de ruedas. Contaba que hacía 12 días le habían amputado la mitad de una pierna a causa de gangrena.

“Estuve durmiendo por mucho tiempo en la plaza Colón pero, gracias a Dios, ella (Solano) me recogió y me trajo para acá”, sostuvo lloroso el hombre de 50 años.

Rivera, con tan sólo cuarto grado de escuela elemental, dijo que desde “chamaquito” estuvo preso “por cosas de la vida”. Sostuvo que “la rapidez y la violencia no conducen a nada”.