Más allá del pupitre: estudiantes villalbeños crean museo de historia puertorriqueña
El Museo de la Puertorriqueñidad resalta nuestra cultura y los dotes artísticos de los alumnos.
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Villalba. La pizarra del maestro de historia José Enrique Laboy Gómez se infestó de comején y las paredes ya estaban descoloridas. Era imposible ya impartir clases ahí.
Era un éxodo obligatorio, necesario. Pero el candado que se supondría sellara la puerta, nunca cerró, pues el aula #39, que se ubica en el segundo nivel de la Escuela Superior Lysander Borrero Terry, en Villalba, hoy día tiene nueva vida.
Gracias al esfuerzo de estudiantes de décimo y duodécimo grado, este salón se ha convertido en epicentro de historia y conmemoración artística con la reciente inauguración del Museo de la Puertorriqueñidad, dedicado al artista ponceño Antonio “Toño” Martorell Cardona.
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“Queremos representar historia más allá de lo que nos enseñan en el salón de clases”, aseguró a Primera Hora la estudiante Kahyla Rodríguez, líder, guía, curadora, gestora de proyectos y diseñadora de exposiciones del Museo.
Cómo nació
Por 23 años, alumnos de la Escuela Superior Lysander Borrero Terry alardean sus aprendizajes por las calles principales de su pueblo, Villalba, en el Desfile de la Puertorriqueñidad. A través de vestuarios ostentosos, pancartas y carruajes, la marcha se ha establecido como una tradición en la Ciudad Avancina que aviva el orgullo boricua que late en cada hijo de este archipiélago.
Algunos artículos que se usaron en esos desfiles ahora tienen su hogar permanente en el Museo.
“Aunque la mayoría de las cosas se han utilizado en los diferentes desfiles, queremos representar lo que es nuestra cultura. No es solo un salón lleno de lo que se ha usado en los distintos desfiles, sino que es algo que representa nuestra cultura”, explicó, por su parte, el estudiante de grado duodécimo, Luis Urbano Burgos Torres, personal de atención al público del Museo.
Las generaciones que continuarán estudiando en la escuela y desfilando por Villalba igualmente continuarán la labor de curar y cuidar el Museo.
“Hemos marcado la diferencia. Lo que queremos es motivar (a otros estudiantes) a que, aunque nosotros (nos graduemos) …que ellos puedan tener la iniciativa de querer venir y donar cosas. Ahora mismo está así, pero se seguirá renovando. Esperamos dejar un impacto para la facultad de la escuela como para el pueblo de Villalba”, subrayó Kahyla.
El museo y el “tour”
Los estudiantes del décimo grado guían a los visitantes explicando estación por estación la importancia de cada elemento que llena el salón o quiénes han donado obras de arte y trajes típicos, como el vestuario del Festival de las Máscaras de Hatillo, donado por Edison Pellot Cabrera.
Se les explica que Jayuya, para los indígenas, alguna vez se pronunció como Hayuya; que en Puerto Rico se practicó el carpateo y que Villalba fue el primer municipio en tener un inodoro y donde primero se usó la luz eléctrica.
Se homenajea a Ponce, resaltando el Parque de Bombas y recordando el Fuego del Polvorín. Asimismo, se elogia a Jayuya, Villalba, Comerío, así como a San Juan, Lares, Vega Baja, Río Grande, Carolina y Mayagüez, entre otros.
“Pueblos como Orocovis, Río Grande, lo quisimos poner para contar una historia más allá y que representaran pueblos que quizás no se le dé tanto reconocimiento como se le da a San Juan. Queremos representar pueblos más allá. Quisimos representar distintas partes de la cultura, no lo que ya se conoce”, dijo Kahyla.
Entre sus cuatro paredes, se ahoga el murmullo cotidiano de una escuela pública, ofreciendo un espacio de aprendizaje y conmemoración.
Además de las pancartas, diseñadas con brillos, pavas, flores y pintadas a mano, también hay máscaras de vejigante y cabezudos que se han lucido en desfiles pasados. Del mismo modo, se conservan libros de autores boricuas, representaciones de artistas urbanos, como Rainao y Bad Bunny, personajes ilustres, como Julia de Burgos, Sylvia Rexach, Roberto Clemente y Cecilia Orta, maquetas y creaciones que representan la cultura, como el lechón asado de Guavate, en Cayey.
“Cada uno ha puesto su granito de arena”, afirmó Kahyla, de 15 años.
Sus orígenes
La exposición no surgió por ósmosis. Es el fruto de la labor de estudiantes de décimo y duodécimo grado, quienes han habilitado el salón desde 2025, y de los pinceles de quienes han dejado sus obras allí.
“Esto no nace de la nada”, explicó el docente de historia José Luis Laboy Gómez, quien lidera ambos esfuerzos y quien reconoció el aumento en la apertura de museos en la Ciudad Avancina. “Nace de la necesidad de recoger y preservar lo que ellos hacen en el desfile”, agregó.
Laboy Gómez escogió dedicárselo a Martorell Cardona, ya que entendió que representaba mejor el Museo, por tratarse de un área “polifónica, tiene mucha resonancia, hay distintos tipos de arte, este hombre recoge en parte las muchas voces”.
“Otra cosa que me llama la atención de él (Martorell Cardona) es que es muy comunicador y yo lo que quiero enseñarles a los jóvenes es que no basta ser un duro (en su especialidad) sino que (también) tiene que comunicar y este puede ser un buen ejemplo para ellos de un hombre que trabaja el arte y que comunica bien, que no le tiene miedo a la comunicación para ellos y la segunda razón es que él se ubicó en Ponce y lo que también queremos es reconocer el área sur”, detalló mientras caminaba por el Museo.
En el futuro cercano, se abrirían las puertas del Museo al público. Mientras tanto, su ubicación en la escuela lo mantendrá “vivo”, en paralelo con nuestra historia, en constante desarrollo y evolución.
“(El Museo) ayuda a…repasar quiénes son, a repasar cuáles son sus raíces, personas del pasado que ellos quizás no han escuchado, y eso los ayuda un poco a entenderse en el presente. Aunque uno piensa que ellos están analizando otras cosas en la vida…están interesados en esto”, admitió al resaltar que estudiantes que dicen perder el enfoque en el salón de clases piden pasar tiempo para reflexionar en el museo.


