A la primera dama le gusta el Gobierno. La política, no.

Lo dice con el convencimiento pleno de quien rechaza de la política “los dimes y diretes”, pero cuando se le pregunta cómo ve el país, el tema lo aborda desde un punto de vista Político, con mayúscula.

A casi 100 días de iniciado el mandato de su esposo en La Fortaleza, Wilma Pastrana sostiene: “Hemos estado por demasiado tiempo siendo espectadores, queriendo que el Gobierno sea actor principal y que lo provea todo. Hemos sido (habla nuevamente del pueblo) demasiado individualistas y mientras yo esté bien, no importa lo que pase alrededor mío”.

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Pastrana –quien rechazó que algún día vaya a interesarse en competir por un puesto electivo como la ex primera dama Luisa Gándara– se reafirma en la necesidad de que el Gobierno trabaje unido, así como el resto de las instituciones del país. “Todos tenemos que ceder un poco, porque si no, este país va a ser ingobernable… Hay que gobernar en unión y hacer política pública en unión… Los legisladores desde el Capitolio, hay que unirse porque los protagonismos, esa época terminó”, dijo, segura de que los equipos divididos no funcionan.

“Eso lo enseñan hasta en las compañías privadas”, comentó Pastrana.

“Él (el gobernador Alejandro García Padilla) me mantiene un poco más afuera de la política porque él trata de no llevar el trabajo a la casa; hablar de otros temas”, afirmó la primera dama, una mujer moderna que, al igual que la mayoría de las profesionales del país, trabaja para ayudar económicamente a su familia y porque disfruta lo que hace.

Ya en Santa Catalina, Pastrana mantiene una práctica limitada de su profesión, de no más de 50 horas al mes, horario que confió que no siempre cumple por lo cargada de su nueva agenda como primera dama del país.

¿Por qué decidió continuar con el trabajo?

No quería desconectarme del todo de la profesión. En algún momento tengo que volver… Me gusta lo que hago y también ayudo a la familia… Tenemos tres hijos que estudian en escuela privada y es un poco costoso. No es solamente el pago de la escuela, es todo lo que viene con ello. Ellos hacen actividades extracurriculares y no me gustaría estar apretada de presupuesto.

Este suele ser un tema incómodo cuando el cónyuge del gobernante es mujer. Si es hombre, todo el mundo supone que seguirá en su trabajo. ¿Qué le parece?

“Hay primeras damas que no han tenido que trabajar fuera porque eran amas de casa o porque venían de familias adineradas y no tenían la necesidad de trabajar”, respondió la contadora pública autorizada, quien en una reciente reunión de gobernadores estatales de Estados Unidos se percató de que allá la mayoría de las primeras damas trabajan fuera del hogar.

Pastrana presta servicios de consultoría con la misma empresa con la que ha trabajado desde 2010 y que le hace trabajos a instituciones financieras. Entre otras cosas, labora en el cuadre de libros de contabilidad.

¿Qué hace como primera dama? Ese es un rol en el que dice que tiene las manos llenas. Le da énfasis a un proyecto de prevención de la obesidad, principalmente entre los niños. Como la primera dama estadounidense, Michelle Obama, cultiva un huerto de hortalizas en el patio de La Fortaleza y visita escuelas para promover una buena alimentación.

Lo del huerto se va transformando en pasión, según crecen los tomates, la albahaca, el cilantro y otros vegetales.

Otro asunto al que le presta atención es a la educación especial. La primera dama quiere más ayuda para los jóvenes adultos discapacitados toda vez que estos al cumplir los 21 años ya no reciben servicios de del Departamento de Educación. Está interesada, además, en que a los niños se les diagnostique a una edad más temprana.

¿Le atrae la moda como a Michelle Obama?

No es mi meta principal. Me gusta vestir bien, pero no tengo una fijación con eso.

Pastrana dijo que cuenta con asesoría, principalmente para ocasiones especiales, para vestir, arreglo del cabello y maquillaje.

¿Cuán difícil es acostumbrarse a vivir en un palacio?

La primera dama del país, que conversa con naturalidad, reconoció que ella y sus tres hijos se están acostumbrado a otro ritmo de vida.

Para los nenes, La Fortaleza fue durante los primeros días una novedad, pero como era previsible, con la rutina, comenzaron a ver que el nuevo espacio no era suyo.

Antes les bastaba cruzar la calle de la urbanización en que vivían para jugar con sus amiguitos. Aquí no, pese a los esfuerzos que ha hecho la primera dama por localizar niños en los apartamentos cercanos de La Fortaleza, sin éxito.

“Ellos dicen: ‘No me gusta La Fortaleza… me gusta más mi casa (la de antes)’, y yo les explico que es algo temporero, que no sabemos cuánto va a durar, pero mientras tanto, lo tenemos que pasar lo mejor posible”, sostuvo.

Las monjas del colegio de los nenes también les han estado dando la mano hablando con los chicos.

El gobernador también hace lo suyo. Como antes, sigue llevando a sus hijos al colegio; los niños entran a saludar a papá al despacho cuando llegan de la escuela y cenan en familia por lo menos dos noches a la semana. También están invitando a los amiguitos de los nenes a La Fortaleza y permitiendo que ellos se queden en sus casas.

La familia también se llevó sus muebles a la mansión, para impartirle al recinto calor de hogar y tampoco dejaron atrás a Toby, el perro que Pastrana rescató en las calles de Caguas, que sí se ha adaptado perfectamente a los recovecos de la casa de gobierno.

“Esto es un poquito más demanding de lo que uno hubiese jamás pensado, pero la oportunidad de poder trabajar para la gente, de poder hacer cambios y trabajar proyectos que impacten es gratificante”, resumió Pastrana, quien se ve en La Fortaleza ocho años.

“Ocho años es un buen número para uno completar una agenda. Cuatro no, porque cuatro es poco tiempo para lograr cambios verdaderos, cambios grandes”, sostuvo.