Bendición del cielo.

Como si fuera un presagio de la semilla que germinará, lluvia del cielo bendijo ayer la inauguración del proyecto Niños de Nueva Esperanza.

A las 10:30 de la mañana un fuerte aguacero cayó sobre la comunidad El Bravo de Sabana Seca. El cielo estaba de fiesta, al igual que decenas de niños y residentes del sector que por años han visto en el proyecto el refugio ideal para buscar amor y calor humano.

Por la pasada década el proyecto se ha encargado de sembrar esperanza en cientos de niños de esta comunidad. Los resultados han sido sorprendentes. Los que se esperan, a juzgar por el amor y tesón que caracteriza a cada persona involucrada, serán igual de extraordinarios.

Jóvenes que han ingresado a la universidad en una comunidad donde eran pocos los que decidían continuar estudios graduados, niñas que han pisado escenarios tan importantes como el Centro de Bellas Artes de Santurce y adultos que han sobrepasado la barrera de no saber leer, son algunos de los logros.

“Son cosas reales... lo que hace el proyecto. No son ideas, no son ilusiones solamente”, destacó el padre Ángel Darío Carrero, custodio de los Franciscanos del Caribe y miembro fundador del proyecto.

El camino ha sido escabroso pero a paso lento y seguro ayer Niños de Nueva Esperanza hicieron realidad uno de sus mayores sueños: tener una casa segura.

Esta iniciativa nació en 1998 en la mencionada comunidad. Hasta allí llegó un grupo de franciscanos a ofrecer de su tiempo y talento. Comenzaron con 25 niños. Ahora tienen 150 participantes.

A diario ofrecen tutorías, terapias del habla, servicios psicológicos, deportes, alfabetización de adultos y clases de computadoras.

“Para mí el proyecto ha sido todo. Me ha ayudado a superarme y mis niños han aprendido mucho”, dijo Keyla Medina, quien está tomando clases para obtener su diploma de graduación. A la actividad asistieron los frailes, los miembros de la comunidad, los participantes, los colaboradores, las primeras maestras y los que con su esfuerzo, conocimiento y aportaciones hicieron posible la construcción.

Mientras, la licenciada Carmen Rita Vélez, presidenta de la Junta de Directores, dijo que “Casa Esperanza es mucho más que una estructura, mucho más que una sede. Es, antes que nada, la realización de un sueño que en sus comienzos fue pequeñito y atrevido, pero que a fuerza de ser querido, compartido y alimentado cobró vida y personalidad; y antes de que lo pensáramos había crecido”.